Hace unos días el Consejo Asesor de Difusión, Comunicación y Relaciones Públicas (CADI) del sistema de Centros Públicos de Investigación-Conacyt en la sede del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-DF) desarrolló la XXIV Videoconferencia temática para medios de comunicación, nombrada “Sequía, diagnóstico, alternativas e impacto en la seguridad alimentaria”, la cual fue difundida por Internet el 14 de febrero por el Colegio de la Frontera Norte (Colef) y por un boletín de prensa del CIESAS: (

En dicha conferencia participaron los doctores Gabriela Sánchez Gutiérrez y Simone Lucatello, investigadores del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora y el doctor Víctor Reyes Gómez, del Instituto de Ecología INECOL-Chihuahua, con el propósito de dar a conocer a los medios de comunicación nacionales algunos resultados obtenidos de investigaciones realizadas en centros del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

La primer intervención correspondió a la doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de París VIII, Francia, Gabriela Sánchez Gutiérrez. De su exposición he transcrito algunas frases para inducir curiosidad a usted lector e incitarlo para que aproveche este esfuerzo por divulgar resultados de investigaciones que son de interés para los mexicanos, pues debemos encontrar soluciones pronto.

La doctora Gabriela Sánchez señala que: “El hambre es un problema de desigualdad e inequidad, no una consecuencia de “desastres naturales”, sino de una crisis social y estructural que se agrava en un contexto de cambio climático”. Y que “Más allá de las implicaciones profundas del cambio climático (los factores ambientales y la sequía) el hambre en México se explica fundamentalmente por los bajos ingresos de la población y por la creciente destrucción de la economía campesina”.

Para ella “es claro que la crisis alimentaria mundial es consecuencia de un modelo de desarrollo de políticas y económicas que lejos de resolver, genera las crisis”. Pero en el caso de México “el hambre es anterior a la actual sequía y continuará después de ella, si no se transforma de fondo el modelo de desarrollo y las políticas de gobierno”. La investigadora deduce que “la actual crisis alimentaria que enfrenta nuestro país, tendrá consecuencias que aún no alcanzamos a vislumbrar [pues] está afectando a más de mil 200 municipios en un buen número de entidades federativas”.

Sánchez Gutiérrez considera que “el reto de los Rarámuris en el norte no es nuevo. Ellos han sufrido pobreza, analfabetismo, hambre, sequías, injusticia, desde épocas de la Colonia. Lo que sucede en la Sierra Tarahumara es una muestra clara de la ineficacia de las políticas de desarrollo implementadas ya durante muchos años.”

Desde hace unas semanas los medios de comunicación han mostrado la crisis que padecen los rarámuris, pero sin el trabajo de los comunicadores y periodistas, sería prácticamente desconocida su situación para buena parte de los mexicanos, pues la obesidad entre nosotros eclipsa el problema del hambre en nuestro país. Como lo identifica la doctora Sánchez Gutiérrez: “ante el problema creciente de obesidad entre los mexicanos, pareciera que no existe hambre, pero no es así, y el hambre no es exclusiva de las comunidades rurales.” En pocas palabras existe hambre en nuestro país de gordos. Y ojalá que el hambre se comiera, como lo expresara Julito, el pequeño hijo del poeta Jaime Sabines, cuando dijo “Mamá, tengo la barriga llena de hambre”.

Referencias:

(1)         Videoconferencia en: 

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

Ante la efervescencia de candidatos a los puestos de elección popular, vale la pena identificar, analizar y evaluar las propuestas y promesas que nos harán los aspirantes con respecto a la educación, ciencia, ecología, cambio climático, calentamiento global, vulnerabilidad, reducción de riesgos (naturales y antropogénicos) y prevención de desastres. De la importancia que los candidatos otorguen a estos temas imprescindibles, dependerá mi voto a uno u otro “suspirante”. Y en caso de omisión de estos asuntos en las propuestas fundamentales, anularé mi voto.

Voto condicionado

Voto condicionado

Como muchos, estoy alarmado por las condiciones críticas en que se encuentra la educación en nuestro país, porque la educación es la mejor opción para un progreso digno, armónico y sustentable. Con la ciencia vendrá el futuro y por ello debe haber mancuerna con la política. La prioridad número uno debe ser la ecología, porque sin ella no habrá sobrevivencia. De la educación, la ciencia, la política y la ecología, dependen los temas del cambio climático, el calentamiento global, la vulnerabilidad, la reducción de los riesgos (naturales y antropogénicos) y la prevención de desastres. La educación, ciencia, política y ecología son el origen de nuestras condiciones actuales.

En nuestro sistema la política determina los temas de educación, ciencia y ecología, como lo ha notado la periodista Naomie Kleim. En la educación no debiera haber partidos, sino acuerdos y compromisos nacionales más allá de cualquier grupo. En materia de ecología los comunistas, en su momento, consumieron recursos naturales con tanto entusiasmo como los capitalistas lo hacen actualmente. Y la ciencia capitalista ha privilegiado a grupos y ha excluido a las masas, por lo que no ha logrado mejorar la calidad de vida de millones de personas. Parafraseando a Kleim, es urgente un “nuevo paradigma civilizatorio, que no se base en el dominio sobre la naturaleza, sino en el respeto de los ciclos naturales de renovación y sensibilidad ante los límites naturales, incluidos los límites de la inteligencia humana”.

Citado por Kleim, Chris Horner ha dicho que “el cambio climático es un mensaje, que nos está diciendo que las ideas más queridas por muchas de nuestras culturas ya no son viables. Y estas revelaciones son profundamente desafiantes para todos los que nos criamos en los ideales de la Ilustración del progreso, no acostumbrados a tener nuestras ambiciones limitadas por fronteras naturales”. Por ello la naturaleza es como un enemigo a vencer para muchos funcionarios públicos y políticos, sobre todo para quienes realizan cientos de obras inadecuadas, pero reiteradamente repiten los errores que propician los desastres. Por su parte Andrew C. Revkin, columnista del New York Times argumenta que ante “la realidad de que los humanos estamos causando el calentamiento climático, con resultados potencialmente catastróficos, se requiere una intervención radical del gobierno en el mercado, así como la acción colectiva en una escala sin precedentes”. Y advierte que: “los políticos más ilustrados acerca del clima, son también los más democráticos socialmente”. Por lo tanto, los temas de educación, ciencia, ecología, reducción de vulnerabilidades sociales y prevención de desastres, son determinantes para identificar a un buen político, porque se enfocan en los problemas colectivos fundamentales para el desarrollo de la comunidad.

En estos tiempos no hay lugar para los políticos sin compromisos con la educación, porque de ella dependen la seguridad pública y la calidad de vida. No hay espacio para los políticos que omitan proyectos generales y particulares para rescatar el entorno ecológico y reducir la destrucción del medio ambiente. No hay cabida para quienes limitan al pueblo el acceso a las ciencias naturales y sociales, pues en ellas se encuentran las opciones para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Por lo anterior, el voto no lo debe decidir el peinado del candidato, su terquedad, género o partido, sino los compromisos que aseguren el mejor futuro de nuestra nación. ¿Cómo se imagina usted su futuro?

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

El Servicio Sismológico Nacional difunde en su página de Internet http://www.ssn.unam.mx/ una imagen que procura ilustrar los sismos registrados durante el año 2011 en México. Al observarla en la pantalla completa del monitor de la computadora es notable que fue elaborada para apreciarla a colores, de lo contrario -en escala de grises- sería casi imposible notar diferencias elementales.

Mapa de sismicidad del 2011, tomado de: http://www.ssn.unam.mx/

Mapa de sismicidad del 2011, tomado de: http://www.ssn.unam.mx/

Destacan en la imagen dos figuras repetitivas: círculos y triángulos. Acerca de los círculos es posible deducir que representan los 4168 sismos que han sido registrados en el país durante el año 2011, aunque se carece de una indicación explícita, en su lugar se lee “Sismicidad 2011” y “Eventos: 4168”, en lugar de precisar: “4168 eventos sísmicos durante el año 2011”. Cabe destacar que en las zonas, donde fueron más recurrentes los sismos, el tamaño de los círculos y de sus líneas, ocultan eventos, por ejemplo frente a las costas de Chiapas apenas se notan dos círculos de mediano tamaño.

Por deducción el espectador debe relacionar el tamaño de los círculos con una menor o mayor magnitud entre los eventos. El círculo más pequeño representa sismos de magnitud inferior a 3 y el círculo mayor ilustra sismos superiores a una magnitud de 6. Aunque no se explicita la escala de la magnitud representada, uno infiere que se trata de grados de la escala de Richter.

Por su ubicación central y superior, es muy notable el logotipo de la UNAM y del Servicio Sismológico Nacional, aunque también destacan dos gráficas con los datos de mayor interés público.

La gráfica más colorida, ubicada al lado derecho, no establece una relación policromática con la monocromía que ilustra las entidades estatales del territorio nacional. Y la monocromía incluye a los países vecinos. En la leyenda superior de la colorida gráfica se lee: “Distribución por estados”, ante lo cual el lector debe deducir que se trata de la distribución de los “sismos” y para precisar debiera escribirse: “Distribución de sismos por estados”. En dicha gráfica, aunque su título es “Distribución por estados”, solamente se alude a cinco y las demás viñetas son: “Otros”, “Costa Pacífico” y “Golfo de California”, que no son estados oficialmente reconocidos. Pero además “Otros” es confuso entre estados y costas.

Es complicado deducir ¿cuál fue el criterio de representación? Pues en un primer caso se alude a Chihuahua y no a Sonora ni a los demás estados del norte de México. En otro caso solamente se cita a Baja California y se omite a Baja California Sur, donde evidentemente también se registraron sismos. Y en un tercer caso, se evidencia a Chiapas, Oaxaca y Guerrero, y se excluye a Colima, Jalisco y Michoacán, aunque es destacable la actividad sísmica en la región del Occidente de México.

La gráfica ubicada en la esquina inferior izquierda que anuncia la “Distribución de la [sic] magnitudes” podría explicitar que se trata de una representación cuantitativa entre el número de eventos y entre las magnitudes en grados de la escala de Richter, pero por sí sola es confusa.

A toda la ilustración de los sismos registrados en México durante el año 2011 debería agregarse una leyenda explicativa de la simbología de los triángulos y círculos, el código de colores, la escala de las magnitudes e incluso un documento o gráfica de los patrones por década o un período mayor.

La ilustración elaborada por S.I. Franco S. en enero del año 2012 es de interés público, pero para comprenderla plenamente se requieren ciertas capacidades como un monitor a colores, imaginación, deducción e inferencia, para complementar la consistencia, homogeneidad y precisión que faltan. Esta ilustración hace notable el progreso nacional en las ciencias de la tierra para representar a una de las más recurrentes amenazas para las comunidades vulnerables de nuestro país.

 

Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

Las sequías son fenómenos hidrometeorológicos ancestralmente amenazantes para nuestras sociedades. A diferencia de otras amenazas naturales potencialmente destructivas, las sequías evolucionan lentamente de manera casi imperceptible para nuestra cotidianidad, hasta que sus efectos se recrudecen y se diversifican los impactos. Las sequías tienen períodos de recurrencia variable, por ejemplo en el norte de nuestro país son más persistentes que en el centro o en el occidente, sin embargo en casi en todo México hay evidencia histórica de escasez de alimentos, carestía o hambrunas, en parte derivadas de malos temporales, es decir, falta de lluvias o presencia de sequía.

En los registros históricos, una de las primeras sequías se presentó en el Valle de México, en el año ce Tecpatl, o 959 de nuestro calendario. Se le llamó “seca” y la fuente narra lo siguiente: “Y Dios que los quiso castigar por sus grandes maldades, les envió del cielo grandes persecuciones y una general seca en sus frutos y semillas, y luego grandes pestilencias, las mayores que ha habido en esta tierra, de lo cual se destruyeron todos que casi no quedó hombre; y su última destrucción fue en el año de ce Tecpatl (y a la nuestra, 958 de la encarnación)” (1)

En la breve descripción de la fuente son notables distintos elementos, entre ellos la causa, el fenómeno y los impactos del desastre. Según la narración la causa fue Dios, quien envió el fenómeno de “gran seca” para castigar las maldades con el impacto en los frutos y semillas provocando “grandes pestilencias [y]  casi no quedó hombre”. Pero “El problema involucra el de la existencia de Dios”, dijera el literato Jorge Luis Borges, porque si Dios existe entonces es culpable y si no existe entonces ¿quién causó la sequía?

Monitor de sequía de América del Norte, en: http://www.ncdc.noaa.gov/nadm.html

Monitor de sequía de América del Norte, en: http://www.ncdc.noaa.gov/nadm.html

Al paso de los años, décadas, siglos, épocas, tiempos, etc., el humano desarrolló una capacidad adaptativa para sobrevivir y desarrollarse aún en los ambientes más extremos de nuestro planeta y más allá, pues llegó a la luna y ahora explora otros confines del universo, con la “ciencia”. Sin embargo, no logra solucionar problemas localmente ancestrales como las sequías. No ha sido posible construir un mega proyecto trasnacional, transsexenal, apolítico, económico, sustentable y esencialmente social, que mitigue los impactos de las recurrentes sequías. Los paliativos sustituyen a las técnicas.

Lo más increíble es que un estado como Colima, que cuenta con lluvias de temporada más o menos abundantes y la recurrencia de ciclones tropicales que producen grandes precipitaciones pluviales no es ajeno a las sequías. En los registros históricos de Colima se han reportado algunas intensas en 1696 (2), 1749 (3), 1882 (4), 1977 y 1999 (5), la más reciente ocurrió en el año 2010. Por cierto, para enfrentar la última sequía, el entonces “secretario de Desarrollo Rural del gobierno de Colima, Carlos Salazar, celebró una misa católica en la que se pidió a Dios para que llueva”(6), porque “de continuar así la situación, con un escaso y raquítico temporal de lluvias, ya nos llevo la chingada a todos”, sentenció el funcionario.

El 24 de enero del presente año, el estado de Chihuahua ha solicitado al Fondo de Desastres Naturales (Fonden) la cantidad de 467.2 millones de pesos “para la atención de los daños ocasionados en la infraestructura hidráulica pública que resultó afectada” (7) debido a la “sequía severa ocurrida del 1 de mayo al 30 de noviembre de 2011” (8).

Analizando el boletín de prensa de la Dirección General de la Secretaría de Gobernación es notable que dice: “la infraestructura hidráulica pública” fue afectada debido a la “sequía severa”, no a otras causas, las cuales podrían estar relacionadas con las acciones proyectadas en la solicitud de recursos.

El boletín expone que con esos recursos se pretenden realizar acciones como la “reposición de fuentes agotadas y si infraestructura de incorporación a los sistemas de abasto, pozos profundos, galerías filtrantes, cajas colectoras y estructuras especiales como plantas de bombeo casetas de cloración y tanques y líneas de conducción, entre otras”(9).

¿Serán éstas las infraestructuras hidráulicas públicas que dañó la sequía severa? O ¿serán las acciones que debieron emprenderse desde hace años para prevenir el desastre que ha detonado la reciente sequía? ¿Hasta cuándo los funcionarios públicos seguirán acusando a “Dios o a las sequías” por los desastres, en lugar de actuar preventivamente con técnicas, políticas públicas y económicas preventivas de largo alcance, que puestas en marcha, mitigan los impactos y reducen las pérdidas de millones de pesos, de animales y de vidas humanas. ¿Por qué en regiones de sequías recurrentes las acciones preventivas tardan años en implementarse y los funcionarios siglos en cambiar su discurso? Parece que las sequías también son neuronales.

Referencias bibliográficas:

(1) Ixtlixóchitl, 1975, I:420, en García Acosta, Virginia, Juan Manuel Pérez Z. y América Molina del Villar (2003) Desastres agrícolas en México. Catálogo histórico, vol. 1: Épocas prehispánica y colonial (958-1822). México, D.F.: Fondo de Cultura Económica/CIESAS.

(2) Florescano, 1980: 97, en García Acosta, et al. (2003).

(3) Florescano, 1980:98-99, en García Acosta, et al. (2003).

(4) Espinosa, 1987:146-147, en Escobar Ohmstede, Antonio (2004) Desastres agrícolas en México. Catálogo histórico, vol. 2: (siglo XIX). Fondo de Cultura Económica/CIESAS, México, D.F.

(5) Base de datos DesInventar.

(6) “El secretario de Desarrollo Rural de Colima hace misa y ruega a Dios para que llueva”, en: http://www.m-x.com.mx/2009-08-13/el-secretario-de-desarrollo-rural-de-colima-hace-misa-y-ruega-a-dios-para-que-llueva”

(7) “Solicita Chihuahua 467.2 millones de pesos al Fonden para atender daños en 27 municipios declarados en desastre por la sequía”, en: http://www.gobernacion.gob.mx/es/SEGOB/Sintesis_Informativa?uri=http%3A%2F%2Fwww.SEGOB.swb%23swbpress_Content%3A3426&cat=http%3A%2F%2Fwww.SEGOB.swb%23swbpress_Category%3A1

(8) Ibid.

(9) Ibid.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

Para la Real Academia Española “plagiar” es “copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias”(1) Por lo tanto, José Gilberto Ibáñez Anguiano incurrió en plagio parcial, pero literal, de un artículo de mi autoría.

El día 27 de octubre del año 2011, el periódico Colimán publicó un texto titulado “1959, año trágico que sacudió a Mina y a Manzanillo”, firmado por José Gilberto Ibáñez Anguiano. En ese texto, José Gilberto Ibáñez Anguiano incluyó, sin mi consentimiento, un fragmento de mi artículo titulado “Otro Día de Muertos: 27 de octubre de 1959”, el cual redacté y difundí el año pasado en Avanzada, el Comentario, AF Medios y El Buen Vecino, medios periodísticos que generosamente le han brindado difusión a mis ideas y hallazgos de investigación. El fragmento plagiado es el siguiente:

“en Minatitlán arrastró a hombres, mujeres y niños al río Minatitlán que también es nombrado Chacala, Paticajo y Marabasco en la desembocadura de Cihuatlán. Este recorrido de los cadáveres es importante porque en entrevista Rogelio Salas Guedea, presidente municipal de Cihuatlán en 1959 recordó: “encontramos cerca de 100 cuerpos en la desembocadura del río Marabasco”. Y también dijo que “muchos cuerpos no fueron sepultados cristianamente, debido a que los cihuatlenses no denunciaban cuando encontraban un muerto enterrado en la playa, porque los militares los obligaban a desenterrar el cuerpo”.

En cambio, en Minatitlán, los cuerpos encontrados entre el fango fueron sacados y enterrados en fosas comunes que cavaron las cuadrillas de minatitlenses, organizadas por el entonces alcalde Juan Michel Figueroa, el padre Teodoro Guerrero Gallardo y el profesor Héctor Mancilla Figueroa. Evidentemente ellos fungieron como representantes de los pilares morales de la comunidad: las leyes, la fe y la educación, en un momento en que el dolor por la muerte era compartido y el entierro perdía parte de su ritualidad.

En entrevista el ingeniero Francisco Javier Mancilla Aguilar afirmó que en el pueblo de Minatitlán fallecieron 205 personas. Por su parte el profesor Héctor Manuel Mancilla Figueroa publicó que hubo entre 296 y 312 muertos. El periodista Ismael Aguayo Figueroa en su libro llamado Ciclón señaló 350 personas fallecidas y el profesor Manuel Velasco Murguía dijo: “fueron varios cientos”. Las cifras evidentemente están en desacuerdo y son imprecisas. Y cuando acudimos a las noticias publicadas en la prensa internacional, nacional y local son exageradas.

[…] 84 hombres y 108 mujeres. Y con base en las edades reportadas, cuantifico que perecieron 89 infantes entre 1 y 9 años, 29 adolescentes entre 10 y 14 años, 10 jóvenes entre 15 y 18 años, y 64 adultos mayores de 18 años. Evidentemente la mayoría de los muertos en Minatitlán fueron niños, adolescentes y jóvenes menores de 18 años de edad.

A la segunda lista, la que contiene los 192 nombres de fallecidos, debemos sumar los 3 militares que registró el periodista Macedo López: “Teniente J. Jesús Cortés Botello, el sargento segundo de infantería Ángel Villanueva Huerta y el soldado Ezequiel Carmen Marcial”

Cuantitativamente se trata de 359 palabras que componen un texto de 1923 caracteres divididos en cinco párrafos y 34 líneas de texto, que pueden significar poco para algunas personas. Pero, para quienes se dedican a indagar y escribir historia o son profesionales de la investigación, en la redacción de este fragmento notarán un proceso complejo de elaboración de información original.

Cuando cursaba la maestría en Historia en la Universidad de Colima, en el año 2001, inicié el proceso de esta investigación. Primero me pregunté ¿qué pasó con los cuerpos que arrastró el río Minatitlán? Entonces identifiqué que el río Minatitlán llega hasta Cihuatlán y deduje que el alcalde de ese lugar, en 1959, podía saber algo. Me preparé para ir a visitar al exalcalde y compré con dinero de mi beca de estudio de maestría el pasaje de ida y vuelta de Colima hasta Cihuatlán. Dediqué un día para buscar y entrevistar a don Rogelio Salas Guedea, quien muy amablemente me recibió en su casa y generoso me concedió una entrevista, la cual registré en grabadora de cassette y pilas que compré con dinero de la beca, que también usé para pagar el hospedaje en un hotel de Cihuatlán, así como una comida, cena, desayuno y la comida del siguiente día. En esta breve etapa gasté alrededor de 2000 pesos, que no representan poco para un estudiante de maestría.

También invertí dinero de la beca al entrevistar a cuatro testigos: en Colima a don Juan Michel Figueroa, en Cuauhtémoc al sacerdote Teodoro Guerrero Gallardo y en Minatitlán a Héctor Manuel Mancilla Figueroa y a Francisco Javier Mancilla Aguilar. Ellos generosamente me describieron cómo organizaron a los damnificados y al demás pueblo en los días dedicados a la emergencia y rehabilitación de Minatitlán, además me explicaron su contabilización de fallecidos.

Para redactar el fragmento que plagió José Gilberto Ibáñez Anguiano, dediqué horas a la lectura del libro titulado Ciclón, del periodista Ismael Aguayo Figueroa y al libro Relatos de Colima, del profesor Manuel Velasco Murguía, con el propósito de extraer, fichar y contrastar información para triangular fuentes y precisar datos acerca del número de fallecidos, además de los citados en la noticia publicada por el periodista Gregorio Macedo López.

Pero, como los datos publicados no coincidían, acudí al Archivo Histórico del Estado de Colima para buscar alguna lista oficial de los fallecidos en Minatitlán. Tardé mucho tiempo pero encontré las dos listas de muertos que cito en mi artículo. Pero tuve que revisar durante días y muchas horas varias cajas de cartón, de un tamaño de 60 centímetros de largo por 40 de ancho y 50 de alto, repletas de expedientes y carpetas con oficios, una tras otra, hasta localizar las listas, que por fortuna existen.

Con las entrevistas grabadas, dediqué incontables horas a escucharlas y transcribir poco a poco cada sesión con el entrevistado, con muletillas y hasta con silencios, como lo indica la metodología de la historia oral. Y por cada minuto audiograbado de cada entrevista necesité de al menos cinco minutos de atención, redacción y corrección para hacer las transcripción completa del testimonio.

Con las transcripciones impresas en papel y con los documentos recopilados en fichas de contenido, realicé una lectura general de todo el material y así construí categorías emic y etic para agrupar la información codificada de manera casi artesanal con el procesador de palabras llamado Word, de la computadora que compré con dinero de la beca. Fue necesario además diseñar una tabla de temas e ideas repetidas, en la que vacié la información correspondiente de cada categoría. Y con cada una de las categorías redacté secciones que forman cada uno de los párrafos que cómodamente plagió José Gilberto Ibáñez Anguiano.

Escribir un texto original requiere de creatividad, habilidad, conocimiento, lectura de libros, horas de dedicación y revisión documental, fichas en bases de datos, a veces sacrificio familiar y viajes para consultar archivos y entrevistar testigos. Este proceso rara vez lo conocen y reconocen los lectores. Pero además hacer una investigación académica conlleva muchos recursos económicos y no es justo que alguien simplemente copie, firme un texto o fragmento que no le pertenece, lo publique y además goce de un salario por parte de una empresa periodística que debe estar dada de alta en hacienda, como cada uno de sus empleados.

El trabajo periodístico, entiendo, requiere de credibilidad, que se gana con la calidad del oficio que la empresa o el periodista ofrecen al público a través del formato escrito de textos. Por lo tanto, un periodista que incurre en el plagiado para publicar carece de calidad, lo menos es deshonesto e indigno de confianza, porque contraviene los valores del oficio periodístico que han expuesto reconocidos periodistas como Carlos Marín, Vicente Leñero, Manuel Buendía, Raymundo Riva Palacio y Kapuscinsky, entre otros. Tal vez por ignorancia y sin dolo, pero con malas mañas, José Gilberto Ibáñez Anguiano copió el fragmento citado y lo colocó textualmente en su texto, sin hacer la cita o referencia adecuada a mi trabajo y lo publicó como suyo. Ese acto se llama “plagio”, es una infracción del derecho de autor y está tipificado como delito por la Ley, veremos qué procede…

Referencia:

(1) Real Academia Española, en: http://www.rae.es/rae.html

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

Con el título “Huracán Jova: desastre evitable”, la revista Avanzada pone en circulación una edición especial monotemática que recopila imágenes y las opiniones de distintos tomadores de decisiones, políticos, especialistas, académicos y testigos del desastre detonado el pasado mes en Colima.

Portada de la revista Avanzada, especial Huracán Jova: desastre evitable

Portada de la revista Avanzada, especial Huracán Jova: desastre evitable

En las opiniones publicadas en la citada revista se evidencian algunos de los temas que forman parte de los más importantes debates conceptuales y empíricos acerca del estudio de los desastres en la actualidad.

Por un lado se nota el discurso obsoleto, pero aún resistente, del punto de vista naturalista, enunciado por quienes culpan al fenómeno natural por causar el desastre. Con esas acusaciones parciales, pretenden eclipsar o al menos disimular, las deficiencias preventivas del sistema de Protección Civil, conformado por toda la sociedad civil, porque “la protección civil somos todos”.

Por otro lado, la revista expone la perspectiva construccionista, desde la cual algunos argumentamos que el desastre es resultado de un proceso histórico, social, político, económico y cultural, que hace vulnerable a nuestra sociedad, casi ante cualquier fenómeno natural. Desde esta perspectiva no existen los “desastres naturales”, porque en todos los desastres la sociedad está presente, por lo tanto los desastres son socialmente construidos. Sin embargo las causas sociales de los desastres son políticamente un suicidio, o al menos un tabú y por ello se les procura omitir de la escena de la opinión pública.

Algunas de las razones del desastre que se pretenden ocultar son: la mala planeación que permite obras públicas y asentamientos irregulares en zonas de riesgo; la falta de mantenimiento en algunos de los puentes, lo que propicia el colapso; las amplias franjas de población que se encuentran ubicadas en lugares expuestos a los efectos e impactos de fenómenos extremos; el mínimo aseguramiento de la producción de los diversos sectores y las inequidades del sistema capitalista para mejorar las condiciones de vida y seguridad de los grupos vulnerables; entre otros factores.

Observando trabajar

Observando trabajar

En suma, al acusar solamente al huracán Jova, se procuran ocultar las razones de fondo que originaron el desastre. Y si se reflexiona un poco, se notará que todas las razones expuestas tienen antecedentes, son sociales, están documentadas y han sido denunciadas al menos una vez, a través de los medios locales de comunicación. Por lo tanto no es cierto que se ignoraban las condiciones en que se encontraban los ríos, puentes, drenajes y asentamientos humanos vulnerables.

Pero en estos casos de desastre hace falta más que lo dictado en los libros acerca del proceso de producción periodística. En un desastre como el actual, la diferencia la hacen los periodistas y los comunicadores que indagan en los antecedentes históricos. Los que consultan periódicos resguardados en las hemerotecas y buscan evidencias documentales de denuncias públicas expresadas por los individuos o grupos sociales, cuando expresaron las injusticias que producen y reproducen sus condiciones de pobreza y marginación, o cuando narraron las irregularidades, legalizadas, que ahora propiciaron el desastre.

El periodista de desastres puede desconocer las características físicas del fenómeno natural, porque para eso hay especialistas en describirlas. Pero el periodista no debe ignorar las características de la sociedad en donde vive, ni las condiciones que construyen un desastre. Los periodistas debemos investigar los desastres porque cambian la cotidianidad de nuestra comunidad, alteran las dinámicas económicas, modifican las tasas de mortalidad, tensan las relaciones sociopolíticas y exhiben las deficiencias de nuestras sociedades. Aunque a veces también se presenta la solidaridad hacia el desamparado y nos devuelve la esperanza en un mejor futuro.

En esta edición de Avanzada, se atestigua que quienes eran pobres ahora han quedado en la miseria. Pero además están expuestos a otros fenómenos climáticos y viven con la incertidumbre de abandonar sus pocas pertenencias y emigrar, o reconstruir en la misma zona de riesgo.

Por ello creo que los periodistas debemos hacer más que informar el desastre como un evento, acotado, delimitado, único e irrepetible. Creo que a los profesionales de la comunicación nos corresponde establecer un canal permanente para el diálogo entre la sociedad en crisis, las autoridades y los tomadores de decisiones, que si no se perciben responsables del desastre, deben asumirse como responsables del futuro de esos grupos. Porque de lo contrario, esas familias damnificadas serán invisibles para la sociedad, como lo eran antes de convertirse en noticia, y finalmente desaparecerán ante la indiferencia social.

También nosotros, los periodistas, debemos prevenir que la voz demandante de esos sectores más vulnerables de nuestra sociedad permanezca en las páginas y en las ondas sonoras por mucho tiempo para no olvidar. Estas generaciones de periodistas tienen el antecedente del sismo del 21 de enero del 2003 y ahora del huracán Jova, para notar la importancia de informar acerca de los riesgos locales, difundir las demandas sociales de mejores acciones de gestión de riesgos y prevención de desastres, pues la “protección civil somos todos” porque los desastres nos afectan a todos.

Por ello es importante este número de la revista Avanzada, porque atestigua que este desastre es multidimensional, multifactorial, tiene antecedentes históricos y sociopolíticos. Ahora debemos hacer lo posible para reducir la reproducción de las condiciones que propiciaron el desastre actual, pues solamente así mejoraremos como sociedad y será posible evitar futuros desastres.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

Como fue comprobado hace unos días, en esta época el pronóstico meteorológico rara vez se equivoca con relación al comportamiento de los huracanes. Tal como fue difundido anticipadamente por el Servicio Meteorológico Nacional, el martes 12 de octubre fue un día con lluvias muy intensas, oleaje alto y marea violenta, mar “picado” y vientos muy intensos debido a los efectos del huracán Jova en Colima, Jalisco y Michoacán.

Trayectoria del huracán Jova: Servicio Meteorológico Nacional

Trayectoria del huracán Jova: Servicio Meteorológico Nacional

También la teoría se comprobó y la noche del 11 de octubre se detonaron desastres en cada una de las comunidades más expuestas a los efectos del huracán Jova y donde existían condiciones de vulnerabilidad social, en las cuales no se realizaron adecuados trabajos de prevención y las respuestas institucionales y civiles fueron insuficientes. Por estas razones se produjo en Colima el primer gran desastre del siglo XXI, detonado por un huracán. Y ojala que al final de este siglo, las condiciones que propiciaron este desastre sean parte de la historia indignante pero ilustrativa de lo que no se hacía bien, pero sirvió para mejorar.

Por fortuna el número de muertos durante la etapa de emergencia fue mínimo, pero en los próximos días podrían registrarse fallecimientos por consecuencia del mismo desastre, los cuales serán difíciles de rastrear. Pero cuando los pobres quedan en la miseria y dejan de ser noticia, regularmente mueren lentamente en medio de la más generalizada indiferencia. Evidentemente es un equívoco contabilizar solo a los muertos ocurridos durante la emergencia.

Este desastre no inició con la llegada del huracán, el cual solamente exacerbó las condiciones de vulnerabilidad social ya existentes. Y no terminará cuando deje de ser noticia en los medios de comunicación, porque este desastre se proyectará durante días, meses y años, hasta que se hayan resarcido todos los daños socioeconómicos, regrese la cotidianidad y las pesadillas del desastre desaparezcan de los traumáticos sueños de los niños que lo han presenciado.

En esta etapa de rehabilitación y reconstrucción sería conveniente aprovechar la coyuntura para mejorar la convivencia sociocultural con nuestro medio ambiente e iniciar una etapa de desarrollo sustentable en la que sean reducidos los actuales riesgos que representan los huracanes y se planifiquen los asentamientos en zonas que no fueron destrozadas, así, disminuirían las probabilidades de futuros desastres.

Sin embargo las hemerotecas atestiguan que para el periodista el desastre inicia el día en que impacta el huracán. Y la pertinencia de la información noticiosa del desastre termina cuando el político o funcionario agota la entrega de dádivas a los damnificados. Entonces se acaba el transporte gratis de reporteros a la zona siniestrada y el desastre desaparece de los medios de comunicación.

Para los funcionarios urbanos este desastre es un escenario ideal para probar sus habilidades histriónicas y exhibir sus mejores perfiles fotogénicos, previos a la colecta de votos con carteles y espectaculares, con su imagen en el desastre, durante los próximos meses. Podríamos decir que aplican el modelo Camacho Solís, quien emergió con Marcelo Ebrard de entre las ruinas de la ciudad de México en 1985, para convertirse en candidato a la presidencia de nuestra República. Para fortuna de algunos, el desastre ocurrió antes de las campañas y mostrará ante la población a quién se debe premiar con votos y a quién sancionar por ignorar las demandas sociales que pudieron mitigar los impactos y evitar el desastre.

Con este desastre se desmitificó que los ciclones tropicales sólo afectan en la costa, como creían erróneamente algunas personas. Y se evidenció que dos fenómenos, totalmente distintos, pueden coincidir en un mismo día y en una misma región, esta vez concurrieron simultáneamente un huracán y un sismo. En los registros históricos, coincidencias como esta han sido referidas como “ciclón de mar y tierra”. Así se les denominaba.

Epicentro del sismo: Servicio Sismológico Nacional

Epicentro del sismo: Servicio Sismológico Nacional

La evidencia sugiere que a pesar de los premios nacionales e internacionales de calidad administrativa otorgados a los ayuntamientos actuales, los drenajes y los puentes desnudan verdades; porque cuando revientan, nos muestran lo que circula por las arterias de nuestra ciudad y lo bien comunicados que estamos.

La sociedad dice que los ríos reconocieron el cauce que era suyo. Pero en cuanto el río reclamó su cauce, la población se apresuró a imponer presencia, aunque sea como testigo, incluso exponiendo su vida con tal de capturar una foto del espectáculo y satisfacer el instinto nat-yio. Por la conducta intrépida y negligente demostrada por la sociedad durante la emergencia, queda en duda la supuesta y ancestral “cultura de protección civil” y se manifiesta la “cultura del riesgo”. No es claro dónde radica la aludida cultura de protección civil, si como se publicó, el director de Protección Civil Municipal, Enrique Morales Novela declaró que “vivimos en el supuesto de que nunca nos va a pasar algo ni [a] nuestras familias”, lo cual se refleja en que “el 95 por ciento de las viviendas carecen de un plan familiar de protección civil” (1).

El número de muertos fue mínimo, pero las probabilidades de riesgo y el grado de exposición de la sociedad, fueron alarmantes. En los puentes, calles, carreteras y playas, la población acudió a presenciar el espectáculo, aún arriesgando sus vidas y las de sus hijos. Este fenómeno no es nuevo, encima del puente de la calle 16 de septiembre, hace 10 años, un hombre estacionó su camioneta, sacó a su hijo y lo sentó sobre la orilla del puente a un lado de un paquete de seis cervezas que disfrutó mientras observaba la avenida súbita impactando en el puente. Pero en esta ocasión, los espectadores fueron más, pues el show duró casi todo el día.

El puente colapsó un par de horas atrás, pero la población siempre estuvo observando cada detalle al filo del derrumbe

El puente colapsó un par de horas atrás, pero la población siempre estuvo observando cada detalle al filo del derrumbe

Sin duda, hasta hoy, este desastre detonado por el huracán Jova es el más mediatizado del estado de Colima, pues nunca antes la población contó con tantas cámaras para registrarlo en su memoria digital y difundirlo en todo el mundo. El Facebook se convirtió en una herramienta para mostrar lo sorprendente.

Pero ojalá sirva esa evidencia audiovisual para prolongar el recuerdo del desastre y concientizar a la población acerca de los riesgos de nuestro entorno local. A penas se iba desvaneciendo el recuerdo del desastre detonado por el sismo del 21 de enero del año 2003, cuando ahora otro desastre nos recuerda que en nuestro entorno los fenómenos naturales recurrentes y comunes nos amenazan porque somos vulnerables a ellos y las casas están asentadas en zonas expuestas a los efectos e impactos de huracanes e inundaciones.

Sin embargo los fenómenos naturales sistémicos de nuestro medioambiente no debieran representar amenazas, pero en eso han devenido porque son deficientes las capacidades adaptativas a este medio ambiente. Es notable que debemos respetar los límites naturales y mejorar los planes de obras públicas y viviendas, pues fueron pensadas para satisfacer bolsillos en lugar de ajustarse a lo científicamente conveniente y dignificar a nuestra sociedad.

Las recriminaciones actuales debieran transformarse en demandas permanentes de la sociedad para exigir mejores condiciones de protección civil y seguridad pública, pues este derecho está acotado y condicionado. Incluso algunas instituciones como Protección Civil han rehuido su obligación constitucional de vigilar, denunciar y sancionar a quienes autorizan y promueven los asentamientos irregulares, construyen con materiales inadecuados y diseñan obras públicas deficientes.

Personal de Protección Civil observando los destrozos

Personal de Protección Civil observando los destrozos

Mientras no cambie el modelo actual de desarrollo irregular e inequitativo, lo único que cambiará en los desastres será la fecha, pues ahora un desastre se empalma a las condiciones desastrosas permanentes y a los rezagos de otros desastres.

Referencia:

(1) Falcón Álvarez, Nalleli “Carece 95% de viviendas de plan familiar de protección civil”, en Diario de Colima (domingo 23 de octubre de 2011) A7.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

Si el pronóstico meteorológico es acertado, hoy martes será un día con lluvias muy intensas, oleaje alto y marea violenta, mar “picado” y vientos muy intensos. Impactará en Colima, Jalisco y Michoacán el huracán Jova, categoría III, el cual mantiene un movimiento lento y vientos sostenidos de 205 kilómetros por hora en el centro de su diámetro de fuerte convención de 700 kilómetros (1). Y si la teoría es confiable, esta noche detonarán desastres en cada comunidad expuesta al huracán Jova, siempre y cuando existan condiciones de vulnerabilidad y no se realicen adecuados trabajos de preparación y oportunas respuestas institucionales y civiles.

Históricamente este martes 11 de octubre quedará registrado en la memoria individual y colectiva de los pobladores de las comunidades asentadas en nuestras costas de Colima, Jalisco y Michoacán, y los sucesos más notorios serán recordados por los testigos durante unos cuantos años.

La teoría que registra los impactos históricos de huracanes desde 1900 hasta nuestros días coincide en que Colima, Jalisco y Michoacán han recibido la mayor cantidad entre los meses de septiembre y octubre, pero sobre todo en octubre, donde existen coincidencias hasta en el día de impactos intensos, Serra, 1971 (2) Jáuregui, 2003 (3) y Padilla, 2011 (4).

La evidencia testimonial obtenida con añosos, o sea quienes tienen más de 60 años, constata que los huracanes nocturnos se perciben más intensos. Tal vez sea porque en el día es posible observar los efectos y protegerse de algunos impactos, o quizás porque en la noche nomás escuchan el silbido del viento, la lluvia intensa y el estruendo que se produce con la destrucción de las frágiles viviendas. Porque cuando impacta directo un huracán, no se escuchan ni los gritos de quien pide ayuda, solamente el viento, la lluvia intensa y el rechinar o los crujidos de las cosas que se resisten a volar.

Hoy martes algunas personas considerarán prudente abandonar sus hogares para refugiarse en los albergues que han dispuesto las autoridades de Protección Civil. Ahí sobrevivirán y recibirán apoyo oficial, incluso del personal del Ejército Nacional. Pero otros se arriesgarán a quedarse en sus casas a pesar de ser inapropiadas para resistir, sin embargo sus razones son válidas, pues protegen lo poquito que tienen, porque sin eso no tendrán nada y así no creen que valga la pena vivir.

El 27 de octubre de 1959, el más intenso huracán registrado en el Pacífico mexicano en el siglo XX, inundó el pueblo de Cihuatlán, Jalisco y al día siguiente aún se notaba el nivel al que llegó el agua.

También son muchos los que dudan del potencial del fenómeno hidrometeorológico, consideran que sus hogares van a resistir y prefieren quedarse. Incluso algunos se quedan porque les incomoda que los lleven y los traigan de un lado a otro. En los testimonios de los añosos es notable la ignorancia “casi total” acerca de las características físicas de los huracanes; a pesar de ser fenómenos sistémicos de su medioambiente.

El miércoles iniciarán los trabajos de rehabilitación y reconstrucción donde hubo daños y con ellos vendrá todo el proceso periodístico mediático informativo y también el sensacionalista. Nuestros parientes desde otros logares nos llamarán por teléfono para preguntar si seguimos vivos, porque en sus países los noticieros dicen que el huracán acabó con el pueblo. Aunque en realidad los medios de comunicación deberían explicar el desastre por las condiciones que existían antes del impacto del huracán Jova.

Si los medios de comunicación se hubieran interesado antes por esas comunidades, asentadas en zona de riesgos ante huracanes, podrían haber denunciado la pobreza social, las carencias que condenan, la fragilidad de las casas, la ausencia de señalización preventiva, las limitadas vías de comunicación y transporte, la falta de información, la ideología inmunizante, marginación, la indiferencia institucional, las vulnerabilidades y el desastre en que se encontraban estas comunidades antes de que impactara Jova.

Ahora los medios apoyarán a los funcionarios en su labor para regresar a la cotidianidad a esas comunidades, en pocas palabras, a las mismas condiciones que tenían antes del desastre. Pero como a todo se saca provecho, por fortuna para algunos ya vienen las elecciones y las promesas de un mejor futuro. Hasta el Banco Mundial ha notado que “los políticos brindan más apoyos tras los desastres durante los periodos electorales (y los votantes los recompensan)” (5)

El huracán del 27 de octubre de 1959 incrementó el cauce del río de Cihuatlán y se perdieron los avances que se tenían en la construcción del puente.

El huracán del 27 de octubre de 1959 incrementó el cauce del río de Cihuatlán y se perdieron los avances que se tenían en la construcción del puente.

Por estas razones algunos decimos que los desastres no son naturales, son sociales, pero además cíclicos y recurrentes, porque sociopolítica y culturalmente son reproducidas las condiciones sociales para que históricamente detonen una y otra vez en las mismas zonas o en las que suman cada día más condiciones de vulnerabilidad y exposición necesarias para hacer los desastres más desastrosos.

Ojalá que el pronóstico cambie imprevistamente, la teoría no se confirme y el desastre se postergue…

Referencias:

(1) SMN, en: http://smn.cna.gob.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=214:aviso-de-ciclon-tropical-en-el-pacifico&catid=4&Itemid=61

(2) Serra, Sergio C. (1971) “Hurricanes and tropical storms of the west coast of Mexico”, en: Monthly Weather Review, v. 99, 302-308.

(3) Jáuregui Ostos, Ernesto (2003) “Climatology of landfalling hurricanes and tropical storms in Mexico”, en: Atmósfera (16) 193-2004.

(4) Padilla Lozoya, Raymundo (2011) “Los huracanes en la historia de Colima (1900-1950) avances de investigación”, en Coloquio Cambio Climático y Ciclones: México, centro América y el Caribe. México, D. F.: Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia y Centro de Investigaciones sobre América Latina y el Caribe, UNAM.

(5) http://www2.cenapred.unam.mx/seminarioCENAPRED-MAPFRE/documentos/ponencias/mesa1/AMENAZAS%20NATURALES%20DESASTRES%20NO%20NATURALES,%20Alejandro%20de%20la%20Fuente,%2021Junio2011.pdf

Bibliografía recomendada:

Cenapred. Ciclones tropicales, prepárate para la temporada, en:

http://www.cenapred.unam.mx/es/Publicaciones/archivos/2892006CiclonesFolleto.pdf

García Acosta (2005) La construcción social de riesgos y el huracán Paulina. México: CIESAS, Publicaciones de la Casa Chata.

Padilla Lozoya, Raymundo (2006) El Huracán del 59, Historia del Desastre y Reconstrucción de Minatitlán, Colima. Colima, México: Universidad de Colima y H. Ayuntamiento de Minatitlán.

Entre los pobladores de Colima, Jalisco y Michoacán existen historias e ideologías compartidas que tuvieron como detonante la actividad de algún fenómeno natural extremo, por ejemplo los ciclones, sismos y volcanes, pero esas historias suelen ser incomprobables y las ideologías incoherentes. Con amplia certeza sabemos que los volcanes de esta región han sido activos y se cuenta con evidencia histórica de sus impactos en el entorno, conservada en las capas de materiales geológicos, en los anillos de los árboles más viejos y en algunos pocos documentos históricos.

Pero si usted pregunta a la población adulta ¿cuáles han sido las erupciones volcánicas más percibidas en los últimos 50 años?, seguramente notará que dudan en las fechas, hay imprecisión en los relatos y se confunde un suceso con otro. Por ello deben usarse con cautela los testimonios orales. Esto sucede en parte porque en esta región es recurrente, cotidiana y casi familiar la relación de los humanos con la naturaleza y sus fenómenos extremos.

Una misma historia puede triangularse con fuentes de información complementarias, por ejemplo datos técnicos especializados, testimonios orales y registros documentales que en conjunto componen una serie de eventos. Así se comprueba una historia, se analizan las fuentes, contrastan datos, se da un orden a los sucesos y se aportan luces al conocimiento. De lo contrario, sin evidencia complementaria, los sucesos importantes se convierten en tenues huellas del pasado siempre en riesgo porque la memoria tiene límites.

Nuestras ocupaciones de la vida cotidiana nos hacen olvidar que vivimos en una zona de riesgo por erupción volcánica. Craso error en una región como la nuestra, porque olvidar nos hace vulnerables. Es como si de pronto olvidáramos andar con precaución en las calles, sólo porque nos habituamos a caminarlas. Una incoherencia como esa podría ocasionar que una ambulancia nos atropellara a pesar del sonido de la sirena.

Algunos fenómenos sistémicos de esta región, como los sismos y los ciclones, son ocasionales y menos visibles para el visitante. Pero los volcanes, como el Volcán de Fuego de Colima han sido referentes geográficos, incluso para los exploradores navegantes de los siglos XVI y XVII. Los volcanes han inspirado a los músicos, poetas y literatos, quienes supongo son más conocidos y leídos que los científicos locales. Por ello es que entre la población regional perduran ancestrales creencias y mitos difíciles de explicar con razones científicas. Por ejemplo se cree que tiembla en las ciudades a causa de algún volcán. Se asegura que bajo la tierra se extiende una enorme ramificación de cavernas y vetas de lava hirviente. Se supone que los volcanes están conectados internamente, sobre todo el Volcán de Fuego de Colima, el Jorullo de Michoacán y el Popocatépetl ubicado en el Estado de México.

Viaje al interior del cráter del volcán de Jorullo, por el Sr. Barón de Humboldt. Al lado derecho se notan los “hornitos” que dibujó Humboldt al visitar el volcán. (Imagen: Real Academia de la Historia, Madrid, Sign. C-I a 79)

Viaje al interior del cráter del volcán de Jorullo, por el Sr. Barón de Humboldt. Al lado derecho se notan los “hornitos” que dibujó Humboldt al visitar el volcán. (Imagen: Real Academia de la Historia, Madrid, Sign. C-I a 79)

Al respecto, en 1759 escribió el fraile Francisco de Ajofrín lo siguiente: “como seis meses antes [del día] de San Miguel, año de 1759, se empezaron a sentir en Xorullo y todas sus cercanías de las minas del cobre, Santa Clara, Pátzcuaro, Valladolid y todo el rumbo que mira al volcán antiguo de Colima, que dista aun más de 70 leguas, espantosos ruidos subterráneos, terremotos frecuentes, que calmaban algún tiempo, pero volvían con igual ímpetu y aún crecían con formidable violencia, poniendo en gran consternación toda la provincia que asombrada, se temían melancólicos sucesos.” (1) Este relato describe los antecedentes al nacimiento del volcán El Jorullo, en la hacienda del mismo nombre en Michoacán, producido el 29 de septiembre de 1759, día de San Miguel, pero además es notable que el coloso de Colima era un referente de la intensa actividad volcánica regional.

Incluso Ajofrín explica la erupción de El Jorullo como una consecuencia del Volcán de Colima de la siguiente manera: “Desde el tiempo de la gentilidad había un gran volcán, hacia la costa del Mar del Sur, llamado de Colima por la inmediación a la villa de este nombre; se dice que el referido año de 1759, en que se abrió el volcán del Xorullo, dejó antes de arrojar fuego el de Colima (acaso por haberse cegado con algunas peñas sus conductos o respiraderos), y no teniendo por donde desahogar sus materias ígneas y sulfureas, andaban vagueando con estruendo para hallar la debida libertad, lo que ocasionó terremotos, ruidos subterráneos y demás que hemos referido, hasta que reventó su furia por Xurullo; y persuade ser cierto este discurso el no haber vuelto a brotar fuego al dicho volcán de Colima sino rarísima vez. Y aunque distan uno del otro 80 leguas, sabe el físico que es fácil la comunicación aún en mayor distancia” (Ibid).

Pátzcuaro dibujado por Ajofrín antes de la erupción. En la esquina superior del lado derecho se nota el humo saliendo del volcán. Fuente: Ajofrín, Francisco, de (1964) Diario de viaje que hizo a la América en el siglo XVIII, volumen 1, México, Instituto Cultural Hispano Mexicano.

Pátzcuaro dibujado por Ajofrín antes de la erupción. En la esquina superior del lado derecho se nota el humo saliendo del volcán. Fuente: Ajofrín, Francisco, de (1964) Diario de viaje que hizo a la América en el siglo XVIII, volumen 1, México, Instituto Cultural Hispano Mexicano.

Hacer historia de fenómenos naturales es todo un reto no sólo por las dificultades de la búsqueda de documentos, sino también por las confusiones que narran las propias fuentes de información. Por ejemplo se suelen asociar los sismos tectónicos a las erupciones volcánicas, cuando en realidad son fenómenos geológicos de distinto origen. Pero esa diferencia era ignorada por los hombres de ciencia de las décadas y siglos pasados y por lo tanto lo que encontramos en relatos como el de Ajofrín son apreciaciones como la siguiente: “Era tanto el estrépito que se percibía en las concavidades y huecos de las minas, tan furiosos y violentos los huracanes que salían por sus bocas, que murieron algunos y enfermaron otros antes de desampararlas, ya fuese del susto o ya del aire infeccionado” (Ibid). Es probablemente que Ajofrín se refería por “huracanes” a los gases con polvo que pudieron salir de las “bocas” de las minas subterráneas. Pero no un “huracán”, sin embargo esta representación ayudaría a comparar esta figura literaria con algún fenómeno físico similar reportado en otras erupciones.

Relatos como el de Ajofrín ayudan a interpretar lo representativa que fue una erupción para algunas comunidades. Y sus percepciones personales y los datos que aporta, podrían ser comprobados y triangulados con estudios históricos y de las ciencias de la tierra, para identificar si como escribió: “En Valladolid no se registró el sol en diez días; en Pátzcuaro duraron por más tiempo las tinieblas. Las cenizas llegaron hasta Querétaro y aún más allá, y en todas partes no se oían sino rogativas públicas y gemidos al Cielo, pensando ser ya llegada aquella última hora” (Ibid).

Los volcanes regionales son un referente simbólico de identidad para las comunidades aledañas, pero también son un constante riesgo que podría convertirse en desastre. Por ello todos los esfuerzos por registrar la actividad volcánica y difundir conocimiento son valiosos, pero los libros son herramientas fundamentales para cimentar otras investigaciones. Decía Borges que “de todos los instrumentos del hombre el más asombroso es el libro. Los demás son extensiones de su cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de su vista; el teléfono es extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: es una extensión de la memoria y la imaginación”. Por esto invito a la presentación del libro El Volcán de Fuego de Colima, seis siglos de actividad eruptiva (1523-2010), escrito por Mauricio Bretón González, doctor en sismicidad y vulcanismo histórico por la Universidad de Granada, España, e investigador de la Universidad de Colima. La cita es en la Pinacoteca Universitaria el próximo miércoles 12, a las 19:30 horas. La entrada es gratuita y el brindis de honor.

Referencias:

(1) De Ajofrín, Francisco “De cómo al nacer el volcán del Jorullo devoró un hermoso paisaje”, en Novedades (28 de junio de 1968) 19, 24.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/

Para mi Beatriz, compañera de todos mis viajes.

En pocos lugares donde he trabajado la gente sabe tanto de la historia de su pueblo como en Cuyutlán, Colima. Desde las primeras entrevistas noté que las personas identifican los procesos de cambio que han sido significativos para el beneficio y perjuicio de la comunidad. Algunos no recuerdan con precisión las fechas, pero distinguen claramente cómo las salinas, el turismo, las huertas y el ejido han condicionado la existencia de Cuyutlán hasta nuestros días.

Estoy investigando en Cuyutlán las estrategias de adaptación asociadas a los riesgos por ciclones tropicales, las cuales hipotéticamente pueden ser identificadas en los relatos de entrevistados y con suerte en algunos documentos históricos. Pero, para identificar una sola estrategia, es necesario conocer el contexto y los sucesos históricos en que surge, se pone a prueba, se generaliza y perdura durante cierto lapso y puede desaparecer cuando se vuelve innecesaria porque algo cambió.

Por ejemplo, según testimonios audio-grabados, durante muchos años los huerteros de Cuyutlán combatieron contra una población numerosísima de cangrejos llamados localmente “ticuices”. Estos crustáceos azulados salían de entre la arena del mar por las tardes o en la noche, avanzaban con sigilo como cualquier infantería alrededor de las casas de madera, cruzaban el pueblo, luego la vía del tren y al llegar a las huertas arrasaban con sus tenazas todos los retoños y plantas sembradas para alimentarse. Ante tal infantería, los huerteros diseñaron un sistema de trincheras profundas alrededor de las plantaciones para limitar el avance del enemigo y ahí lo esperaban tarde y noche con machete en mano para enfrentarlo. Cuando los ticuices caían dentro del largo pozo, les resultaba difícil salir porque unos tiraban a los otros y entonces los huerteros avanzaban a lo largo de la trinchera aniquilando a cada uno. Después, como a cualquier enemigo despreciable, se les juntaba y los tiraban a los porcinos para que se alimentaran. Decían: “Los ticuices pa`los puercos”.

Entrada a Cuyutlán, inmortalizada en 1978 por Emilio "El Indio" Fernández en la última película que dirigió, llamada "Erótica", la cual fue protagonizada por Jorge Rivero, Rebeca Silva, Jaime Moreno, Emilio "Indio" Fernández y Elizabeth Dupeyron. (Imagen tomada de la película Erótica)

Entrada a Cuyutlán, inmortalizada en 1978 por Emilio "El Indio" Fernández en la última película que dirigió, llamada "Erótica", la cual fue protagonizada por Jorge Rivero, Rebeca Silva, Jaime Moreno, Emilio "Indio" Fernández y Elizabeth Dupeyron. (Imagen tomada de la película Erótica)

Hasta aquí el relato descrito en entrevistas parece no tener algo relacionado con una estrategia asociada con los riesgos por ciclones tropicales. Pero resulta que los graves problemas que ha enfrentado históricamente el pueblo de Cuyutlán, cuando lo han impactado huracanes, son la carencia de alimentos y la incomunicación. En las huertas solían plantar frijol, maíz, sandía, melón, algodón, mango, plátano, etc. y los ticuices eran capaces de devorar todo el plantío literalmente, dejando sin alimento a las familias de los huerteros. Sin embargo, cuando los ticuices invadían Cuyutlán, los salineros sabían que debían cosechar inmediatamente la sal, porque los ticuices anunciaban inequívocamente la llegada de una tormenta o el inicio de la temporada de lluvias. Las tormentas o lluvias, antes que se implementara el plástico -de eso hace apenas 16 años-, para evaporar el agua y obtener la sal, disminuían la salinidad del agua y terminaban con la producción. Y si además los ticuices destruían en junio los plantíos de diversos productos agrícolas, la población quedaba desprovista de recursos durante los meses de septiembre y octubre en que han sido recurrentes los impactos de ciclones en Cuyutlán.

Entrada a Cuyutlán actualmente (Foto Ray Padilla)

Entrada a Cuyutlán actualmente (Foto Ray Padilla)

De esta manera, la observación reiterada del avance de los ticuices, la reacción de los salineros, el atrincheramiento y ejecución de los ticuices, y el aprovisionamiento de sal y productos agrícolas, componían una estrategia preventiva ante una posible crisis económica y alimenticia en caso de una emergencia detonada por un ciclón tropical que inundara o incomunicara a Cuyutlán. Actualmente los ticuices han desaparecido misteriosamente, sólo quedan en el recuerdo de algunos cuyutlenses, no así los ciclones tropicales que siguen siendo una amenaza, que antes era anunciada por los ticuices.

Entrevistar, relacionar, interpretar, deducir y redactar, son labores que requieren meses completos de transcripción, selección, registro, comparación y fichas, para completar el relato de una estrategia de adaptación que permitió por un largo tiempo a una comunidad sobrevivir con base en las características de su medio ambiente. Antes que hubiera carreteras, radio, televisión, helicópteros y equipos de respuesta a emergencias, ciertas estrategias sociales determinaban la sobrevivencia de algunas comunidades recurrentemente amenazadas por fenómenos naturales extremos.

Sería extraordinario ilustrar con imágenes los relatos como el que he presentado. Sin embargo pocas fotografías históricas de Cuyutlán se encuentran resguardadas en archivos públicos y la mayoría están dispersas en colecciones particulares. Ojalá que quienes cuentan con aunque sea una fotografía histórica de Cuyutlán, la comparta y colabore con este esfuerzo por relatar e ilustrar qué ha sucedido en este histórico pueblo sin historia escrita… aún.

Pd. Si alguien desea contribuir y compartir una fotografía histórica de Cuyutlán, con gusto acudiré a digitalizarla. Pueden contactarme en raypadillalozoya@hotmail.com y raypadillalozoya@gmail.com o al (312)1071523

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: http://raypadilla.wordpress.com/