El Niño y los huracanes en el Pacífico mexicano

Ante los rumores que se relacionan con la actividad de los huracanes en esta temporada en que se ha pronosticado la presencia del fenómeno climático llamado “El Niño”, cabe tomar en cuenta algunas evidencias.

¿Cuántos impactos severos de eventos El Niño se han reportado en el Pacífico mexicano durante el siglo XX? En la primera mitad del siglo XX, se ha documentado que hubo El Niño en los años 1925 y 1926. Y en la segunda mitad del siglo XX se presentó El Niño en los años de 1982-1983, 1986-1987, 1991-1992, 1997-1998. Fueron considerados como “fuertes” los que se manifestaron durante los inviernos de 1925 a 1926, 1982-1983 y 1997-1998. Los demás fueron estimados como moderados y débiles. (Acerca de El Niño)

¿Qué tipo de impactos produjo El Niño más reciente? En los eventos de El Niño fuertes, se ha observado que así como algunos transportaron mucha humedad y produjeron grandes precipitaciones, otros afectaron con sequías y ausencia de lluvias en distintas entidades de México. Particularmente en 1997 las pérdidas agrícolas por sequía fueron calculadas en 2 millones 273 mil 502 hectáreas, equivalentes a 3 millones de toneladas de granos, principalmente maíz y frijol, con un valor de 3 mil 500 millones de pesos. Además se ha documentado que El Niño de 1997-1998 afectó la actividad pesquera, desplazando los peces de las zonas donde habitualmente eran localizados. Por ello en 1998, se asociaron a El Niño pérdidas por 700 millones de pesos, debido a que las embarcaciones no capturaron lo equivalente en presas (Delgadillo et al., 184).

Existen varios rumores que anticipan una mayor probabilidad de impactos de huracanes en las costas del Pacífico mexicano durante la presencia de El Niño. Por ello, cabe considerar algunas características físicas que dan origen a los ciclones tropicales. Estos fenómenos hidrometeorológicos necesitan más que la sola temperatura del mar para formarse. Uno de los factores es la temperatura superficial del mar, que debe ser de 27 grados centígrados o más, pero no es el único elemento. Los ciclones tropicales además requieren de otras condiciones atmosféricas particulares. Por ejemplo humedad hasta de 500 milibares, una perturbación pre-existente con convergencia y vorticidad. Y en su inicio es necesaria poca variación del viento con la altura superficial. Además influyen otros aspectos como la temperatura superior del aire, la dirección e intensidad de los vientos y su velocidad de desplazamiento. Se ha observado que a mayor temperatura de la superficie del mar incrementa la evaporación, pero eso también aumenta la velocidad de los vientos y por consecuencia se reduce la formación de sistemas hidrometeorológicos organizados.

Con relación a la temperatura del mar, este año de 2014, desde fines del mes de mayo y principios de junio, se registraron hasta 29 y 30 grados centígrados en la superficie marina, al Noroeste de los estados de Michoacán, Colima y Jalisco. Fueron temperaturas elevadas para un período tan temprano en la temporada de huracanes. Por esas temperaturas se dedujo que pudieron influir en la formación e intensidad de los huracanes Amanda, del 22 al 28 de mayo y Cristina del 9 al 15 de junio, pues ambos alcanzaron la categoría 4 en escala Saffir-Simpson. Debe notarse que las trayectorias de ambos huracanes fueron muy distantes de las costas mexicanas, aunque se percibieron algunos de sus efectos como viento y precipitaciones pluviales.

De manera similar, en períodos de El Niño, se ha observado, que aunque se han producido huracanes de las mayores categorías, en su mayoría se internan en las aguas del Pacífico y pocos impactan las costas mexicanas. Véanse las trayectorias de los huracanes producidos en 1982, 1983, 1997 y 1998.

De los 23 ciclones tropicales que se produjeron durante la temporada de 1982, solamente el huracán Paul, Cat 2, impactó en Baja California Sur entre el 18 y el 23 de septiembre. Un año después, de los 21 ciclones tropicales de la temporada de 1983, solamente el huracán Tico, Cat 4 impactó en Sinaloa y el huracán Adolfo, Cat 2 impactó en el mismo estado. Todos los demás se distanciaron de México.[1]

Temporada de huracanes 1982
Temporada de huracanes 1982

 

Temporada de huracanes 1983
Temporada de huracanes 1983

 

En 1997, durante la temporada de huracanes en el Océano Pacífico se produjeron en total 19 ciclones tropicales, pero de ellos solamente el huracán Rick, Cat 2 impactó Oaxaca y Chiapas. El huracán Paulina, Cat 4 impactó Oaxaca y Guerrero. La tormenta tropical Olaf afectó Chiapas y Colima. Y el huracán Nora, Cat 4 impactó Baja California.

En 1998, la temporada de huracanes produjo un total de 13 ciclones tropicales. De ellos solamente la tormenta tropical Javier impactó Colima y el huracán Isis, Cat 1 impactó Baja California Sur y Sonora.[2]

Temporada de huracanes 1997
Temporada de huracanes 1997

 

Temporada de huracanes 1998
Temporada de huracanes 1998

 

Según las evidencias con base en el monitoreo satelital, durante los períodos de El Niño intensos de 1982-1983 y 1997-1998, solamente 2 huracanes alcanzaron la categoría 4 e impactaron tierra en las costas mexicanas, pero se debe considerar que en 1983 Tico llegó a Sinaloa degradado a categoría 3, Nora afectó Baja California degradado a categoría 1 y solamente Paulina impactó siendo categoría 4. Cabe destacar que el huracán Paulina detonó uno de los mayores desastres en la historia de México, pero las causas se relacionan con asentamientos en zonas de riesgo, construcciones débiles, negligencia de autoridades y otras vulnerabilidades y deficiencias que tenían el sistema social y el sistema de monitoreo y alertamiento en ese entonces, lo que costó la vida de entre 200 y 400 personas y pérdidas económicas por alrededor de 80 mil millones de pesos (García-Acosta, 2005).

El pronóstico acerca del número de huracanes por temporada puede cambiar por distintos motivos, como ha ocurrido cuando anticipan el comportamiento de algún ciclón tropical. Pero las evidencias de los huracanes reportados durante los períodos de El Niño, resultan muy ilustrativas y permiten deducir que habrá pocos impactos de huracanes de gran categoría en las costas mexicanas durante este año 2014 y aún son menores las probabilidades de impacto de un huracán categoría 4 o 5 en el estado de Colima. Sin embargo, los efectos de El Niño podrían ser más notables en sequías e incendios, y en pérdidas en el sector pesquero. Es problemático asociar el comportamiento de ciertos sistemas como los huracanes con fenómenos climáticos como El Niño o el efecto invernadero, y además ese tipo de investigaciones son muy recientes.

Según la ONU, entre octubre y diciembre será de un 80% la probabilidad de formación de El Niño. Pero mientras los científicos deciden si El Niño altera o no las características y comportamiento de los huracanes en el Océano Pacífico, es razonable anticipar escenarios para exceso de lluvia o sequía, con tal de mitigar los posibles impactos económicos y prevenir las pérdidas humanas. Los eventos históricos son la evidencia de que El Niño es un fenómeno conocido y que afecta a nuestro país, pues puede detonar desastres si no estamos prevenidos.

Referencias:

Delgadillo Macías, Javier; Teodoro Aguilar Ortega y Daniel Rodríguez Velázquez “Los aspectos económicos y sociales de El Niño”, en Impactos económicos de El Niño en México, UNAM, Ciudad de México, en: www.atmosfera.unam.mx/editorial/libros/el_nino/cap6.pdf

El País “Hay un 80% de probabilidades de que se presente el fenómeno de El Niño: ONU” en: http://www.elpais.com.co/elpais/internacional/noticias/hay-80-probabilidades-presente-fenomeno-nino-onu

García-Acosta, Virginia 2005 (coord.) La construcción social de riesgos y el huracán Paulina, CIESAS, Publicaciones de la Casa Chata, Ciudad de México.

Weather Unysis, trayectorias de ciclones tropicales en: http://www.weather.unysis.com

[1] Fuente: http://weather.unisys.com/hurricane/e_pacific/index.html

[2] Fuente: http://weather.unisys.com/hurricane/e_pacific/index.html

Anuncios

Colima Antiguo o la difusión sin ética

La redes sociales permiten que cualquiera difunda información equívoca, censure, expulse y emprenda una campaña contra algún usuario, pero es muy lamentable alterar una imagen histórica y afectar su autenticidad  violando los derechos de propiedad y la obra artística.

Hace unos días, el sitio llamado Colima Antiguo difundió en Facebook un dato equivocado. Según divulgó, “El Terremoto de Jalisco-Colima de 1932 ocurrió el 3 de junio de 1932, entre las costas de Colima y Jalisco[…]”.

Ante tal error, les hice la observación de que el dato estaba mal, porque en realidad el sismo y tsunami ocurrieron el día “22” de junio de 1932. Ante ello los administradores del sitio respondieron lo siguiente:

“Ray, acá no inventamos, si lees bien, la cita es de Wikipedia y si el dato no es correcto, ustedes los estudiosos de la historia pueden editar los artículos. Acá no cuestionamos los materiales que recibimos pues no es nuestra función investigar, sino divulgar precisamente. Agradecemos tus comentarios y participación.”

Por ello les indiqué que deben consultar fuentes más confiables que Wikipedia y contribuir con un servicio social al divulgar con veracidad. Pero incluso Wikipedia también ha publicado que el día 22 de junio ocurrió el tsunami y el error de Colima Antiguo fue equivocar la copia que hicieron del dato.

Por tales motivos me censuraron y evitaron que pudiera agregar más comentarios en su sitio; además me expulsaron como integrante del grupo y luego mal intencionadamente tergiversaron el caso e hicieron que algunos usuarios interpretaran que me oponía a que la población colabore con Colima Antiguo, lo cual es absolutamente falso. No es el caso.

Este día 23 de junio, Colima Antiguo difundió más información sobre el citado evento geológico de 1932, pero ahora sí lo hizo refiriendo la fecha adecuada:

“22 de junio de 1932

-Un sismo de 7 grados se registró de nuevo en las costas, pocos minutos después de este terremoto, el mar se salió en Cuyutlán, se produjo un maremoto cuyo nombre correcto es “Tsunami” de entre 10 y 13 metros de altura ocasionando varias muertes y la destrucción casi total de los hoteles y las casas del pueblo.-

*Los terremotos de 1932, José Levy.

Foto: Daños del maremoto en Cuyutlán, de la prensa de EEUU”

La función difusora que argumenta Colima Antiguo parece incluso altruista, pero en realidad es notable la evidencia delictiva: el robo y el plagio.

La imagen que difunde Colima Antiguo para ilustrar la información referida es la siguiente:

Reciente Post de Colima Antiguo, donde corrige la fecha del tsunami del 22 de junio de 1932 en Cuyutlán, Colima
Reciente Post de Colima Antiguo, donde corrige la fecha del tsunami del 22 de junio de 1932 en Cuyutlán, Colima

Un acercamiento permite apreciar los detalles de la imagen:

Imagen divulgada por Colima Antiguo
Imagen divulgada por Colima Antiguo

Según Colima Antiguo, el crédito adecuado es: “Foto: Daños del maremoto en Cuyutlán, de la prensa de EEUU”.

Pero resulta que la imagen no es “de la prensa de EEUU” esa no es una fuente de información. En realidad la imagen fue hurtada por Colima Antiguo. Antes esa imagen perteneció a: http://www.historicimages.com  una empresa dedicada a vender imágenes por Internet, a través de Ebay.com y diversas empresas de paquetería.

La imagen difundida por Historic Images es la siguiente:

Imagen difundida por Historic Images
Imagen difundida por Historic Images

Nótese en la imagen las marcas de la empresa Historic Images, que tenía los derechos sobre la imagen. La imagen fue robada por Colima Antiguo y le fueron eliminadas las marcas para sus fines de “divulgación”. Pero además, Colima Antiguo alteró la imagen original y le agregó daños a la escena, los cuales son evidentes al comparar la imagen difundida por Colima Antiguo y la imagen original, ahora en propiedad del autor de este texto.

Imagen alterada por Colima Antiguo:

Imagen divulgada por Colima Antiguo
Imagen alterada por Colima Antiguo

 

Imagen original, ahora en propiedad de Raymundo Padilla Lozoya:

Imagen original, antes en propiedad de Historic Images y ahora en propiedad de Raymundo Padilla Lozoya
Imagen original, antes en propiedad de Historic Images y ahora en propiedad de Raymundo Padilla Lozoya

 

Son evidentes muchas alteraciones realizadas por Colima Antiguo a la imagen original, con alguno de los múltiples programas que modifican imágenes. Pero destacaré solamente un ejemplo:

De acuerdo con la imagen original, no se produjo daño en el área superior de la casa:

Fragmento de la imagen original, sin daños en la parte superior de la casa.
Fragmento de la imagen original, sin daños en la parte superior de la casa.

 

Colima Antiguo alteró la imagen robada y le agregó algunos daños al lado derecho de la casa, notablemente en el pasamanos superior y en la parte de abajo.

Fragmento alterado por Colima Antiguo, con daños inexistentes en el original
Fragmento alterado por Colima Antiguo, con daños inexistentes en el original

Es muy lamentable que los administradores de Colima Antiguo, entre otros Claudette y el Arq. Arturo Villalpando, equivoquen la copia que hacen de información, como lo hicieron antes, al difundir que el tsunami ocurrió el 3 de junio. Lo correcto es como corrigieron, ante mi precisión, que el tsunami ocurrió el 22 de junio.

Sin embargo es cuestionable en estos tiempos democráticos que censuren a quienes les hacemos observaciones y correcciones. Y es criticable que expulsen a los integrantes del grupo que les hacemos precisiones para mejorar el conocimiento de la historia local.

Pero es escandaloso que Colima Antiguo copie imágenes protegidas por derechos de propiedad y las altere para sus intereses. No es ético robar imágenes con derechos reservados, eliminar la marca del propietario, alterar la imagen y difundirla. Eso es evidencia de un plagio y poca ética.

Colima Antiguo atenta contra la Historia al divulgar datos equivocados y al difundir y alterar imágenes que no son de su propiedad. Eso es éticamente reprochable.

 

 

La erupción de 1913, un relato y una procesión

Se han cumplido 100 años de la erupción del “volcán de Zapotlán”, llamado así desde el siglo XVI, pero también nombrado “El Colima” a principios del siglo XX; y recientemente “Volcán de Fuego de Colima”. El 20 de enero de 1913 dio inicio la erupción más intensa que produjo dicho volcán durante el siglo XX, al parecer sin causar muertes humanas. De hecho en el estado de Colima no hay, en los registros históricos, algún deceso documentado, asociado a la actividad eruptiva del volcán durante toda su historia. Esto se debe en parte a que existen pocos asentamientos humanos en torno al volcán, a diferencia por ejemplo de la cantidad de poblados ubicados en las faldas del volcán Popocatépetl.

Calle de San Pedro (Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco en adelante AGHMZ)
Calle de San Pedro (Imagen del Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco en adelante AGHMZ)

Además, los pobladores cercanos al volcán más activo de México conocen las señales naturales y evitan exponerse, incluso ante epifenómenos, como por ejemplo los lahares. La gente de campo que recorre las barrancas del volcán tiene el oído aguzado para captar los lahares y avenidas súbitas o “crecientes” que suelen producirse durante la temporada de lluvias, y se alejan con suficiente anticipación de la corriente de agua, arena, piedras y palos. Sin embargo, asentarse en el cauce de arroyos y barrancas aledañas al Volcán de Fuego de Colima ha sido mortal, como ocurrió en el poblado de Atenquique el 16 de octubre de 1955, cuando perecieron sepultadas 23 personas en un lahar.

La actividad del Volcán de Fuego de Colima nos enseña que por la trayectoria e intensidad de los vientos, sus efectos como la caída de arena y cenizas pueden representar riesgos para la salud y producir impactos a distancia en la infraestructura y en los distintos sectores productivos. Para identificar estos antecedentes son útiles los relatos o crónicas históricas que cuentan con cierta credibilidad, narran lo observado y se distancian de la fantasía literaria. Por ello vale la pena leer con atención los siguientes relatos que han sido recopilados por el arquitecto Fernando G. Castolo, director del Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco”, a quien se le agradece además su generosidad para facilitar las imágenes que ilustran este documento.

Calle del teatro Calle de San Pedro (AGHMZ)
Calle del teatro (Imagen AGHMZ)

Según dejó testimonio el jefe político de Zapotlán el Grande en 1913, en su relato: “El Volcán Colima hizo su primera erupción como a las 4:30 de la mañana y que consistió de pequeñas explosiones de pequeña magnitud. Pero a las 11:30 se escuchó un rumor subterráneo seguido de una detonación, levantándose en el espacio una hermosa nube de incalculable magnitud, y desde ese momento fue una serie de erupciones, continuadas casi sin interrupción, que bien podría decirse una sola, y a la 1:00 p. m. comenzó a caer una lluvia de arena que fue tomando grandes y alarmantes proporciones, pues a las 2:00 p. m. densas nubes habían invadido el horizonte y la lluvia de arena era tan fuerte que semejaba una tormenta de agua, produciendo las más tenebrosas tinieblas. Hasta las 8:30 p. m. se calmaron un poco los retumbos volcánicos y las descargas eléctricas, así como que se notó que la tormenta de arena disminuía. A las 10:00 p. m. calmó por completo el horizonte y dejándose ver la luna. La arena era jalosa de un espesor de 8 cm. promedio, que sepultó los pastos, los trigales, la alfalfa, legumbres y en general todas las siembras que empezaban a nacer y crecer. La ciudad semejaba los inmensos arenales de una playa de mar o desierto…” (1)

Ante la espectacular actividad del volcán, la sociedad afectada reaccionó de distintas maneras, una de ellas fue solicitar la intervención y protección divina de su Santo Patrono, a pesar de que la procesión podría intensificar en ese momento el conflicto ideológico entre religiosos y liberales. Al respecto, en un documento de la Parroquia de Zapotlán, transcrito por el arquitecto Fernando G. Castolo se lee lo siguiente:

 

Calle de la Reforma (Imagen AGHMZ)
Calle de la Reforma (Imagen AGHMZ)

“Al margen.- Lluvia de Arena de El Colima.

Dentro.- El lunes, 20 del actual, desde por la mañana “El Colima” tuvo varias erupciones máximas visibles desde esta ciudad, y las personas que las presenciaron pudieron admirar un espectáculo verdaderamente extraordinario, grandioso e imponente. A eso de la una de la tarde comenzó a encapotarse el cielo; y poco después a caer ceniza. A la una y cuarenta minutos, menuda arena producía sobre las hojas de las plantas golpetes semejantes al de las primeras lluvias de mayo. Las Tinieblas. Bien pronto la oscuridad fue adentrándose, de tal suerte que a eso de las dos y quince minutos, estábamos sumergidos en pavorosas tinieblas que nos hacían imaginarnos la tarde memorable del Calvario. Detonaciones Eléctricas. Las descargas producidas en la atmósfera preñada de electricidad y que repercutían con fragor inusitado iban causando una tristeza que a poco llegó al Pánico. Las mujeres y los niños poseídos de temor, no hallándose seguros en sus casas, corrieron a los templos en busca de refugio. Los hombres mismos haciendo por dominarse, dejaban traducir en su semblante la profunda angustia que sentían; y varios caballeros y damas ocurrieron Al Curato. Fueron a solicitar permiso para una procesión de Señor San José que siempre en trances como el que nos ocupamos ha sido de consuelo de los zapotlenses, el paño de lágrimas de estos sus hijos. Actitud del Párroco. Como lo aconsejaba la prudencia se les hizo ver a aquellas honorables personas que para una procesión pública eran contrarias las leyes vigentes, y que, los liberales que, especialmente en estos últimos días, han estado molestando con injurias, acusaciones y burlas a las autoridades civiles y eclesiásticas, podrían tomar de la procesión motivo para nuevos desmanes. En la Parroquia. Pocos momentos después el templo parroquial estaba henchido de gente. El espectáculo que presenciamos allí fue conmovedor, sublime… millones de oraciones se elevaban de aquellos corazones contritos por la desgracia, y el clamor de mil clamores, multiplicado por el eco de las sagradas bóvedas, saturaba el recinto del Santuario con la piedad de todo un pueblo… Señor San José. Fue descendida de su altar, la imagen venerada, testigo de catastróficos que el patrono querido de Zapotlán ha sabido aprovechar para conservar entre nosotros la cristiana fe. Al bajar la imagen amadísima de Señor San José para acercarse a sus hijos, el llanto clamoroso de unos, las lágrimas furtivas de otros, el palpitar violento de todos los corazones fueron la plegaria irresistible que llegó al dulce Padre de esta ciudad que tanto lo venera. La Procesión. Arrebatada no sé si por las manos o más bien por la fuerza de la ardentísima fe de tantas almas, acompañado de más de diez mil almas, salió la sagrada imagen calmando con su deseada presencia el ansia de los fieles, que solo de su siempre benéfica protección esperaban el remedio de necesidad tan grande. Vuelta a la Iglesia. Después de tres horas, regresó la Santa Imagen a su templo, entrando de rodillas muchos de los feligreses, llenos de confianza perseveraban en su oración, hasta que cesa la lluvia de arena. Las ocho de la noche serían cuando dejó de caer arena, dejando una capa de ocho o siete centímetros de espesor sobre el pavimento de las calles y sobre las azoteas de las casas. Al día siguiente (21). Amaneció Ciudad Guzmán, como cubierta por un sudario plomo que daba tinte de tristeza y de luto a los edificios, plazas y jardines. Temores. Se temía que los vapores de agua que, generalmente acompañan a las erupciones volcánicas, se resolvieran en lluvia e hicieran más grave el peso de la arena que cubría los techos; más Dios quiso que fueran lluvias ligerísimas que no causaron mal alguno. Algunas personas decían que podía venir alguna corriente de gases mortíferos, más no sucedió así. Éxodo de las Familias. Muchas familias salieron la noche del 20 en carros que los Ferrocarriles Mexicanos pusieron a disposición del público. En los días subsiguientes han salido otras muchas personas, y también han regresado ya varias de las que emigraron la noche del lunes… Extensa Zona. La arena y cenizas arrojadas por “El Colima” llegaron hasta las ciudades de Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí. De Arandas recibimos telegrama en el cual nos dicen que causó grande alarma por allá la lluvia de arena. De San Juan de los Lagos comunícanos que durante toda la noche muchísimas personas, alarmadas por las detonaciones eléctricas y por la ceniza y arena que caían, hacían penitencia y oración en las calles y templos de la ciudad…”(2)

Calle la Merced (Imagen AGHMZ)
Calle la Merced (Imagen AGHMZ)

En la erupción de 1913 la población colimense fue espectadora, mientras que los jaliscienses fueron impactados y vivieron momentos de angustia. Por razones como esta el Volcán de Fuego de Colima es percibido diferencialmente como una amenaza para las comunidades asentadas en su cercanía; incluso entre Colima y Jalisco cambia la percepción, pues los efectos e impactos de la actividad eruptiva han sido distintos en cada entidad.

En general el volcán es una amenaza porque representa riesgos para la sociedad vulnerable que vive de los sectores productivos que han sido más impactados, como la agricultura y la ganadería. El riesgo de muerte por erupción volcánica ha sido reducido al reducir la exposición y mejorar la comunicación con las comunidades, así como agilizar el desplazamiento de la sociedad en una situación de emergencia. Un ejemplo claro, en 1913, fue el uso de carros ferrocarrileros puestos al servicio del público para evacuar las personas afectadas. Sin embargo, los riesgos como la pérdida de cultivos y de ganado deben reducirse con otras estrategias más administrativas.

La tierra en torno al Volcán de Fuego de Colima es muy fértil, en parte por los minerales que recibe con las cenizas, pero se debe aprender a convivir con esas condiciones naturales para convertir una amenaza en un beneficio para las comunidades. Las erupciones históricas muestran momentos de crisis, pero han sido más las décadas de bonanza en el entorno natural del Volcán de Fuego de Colima, sin embargo cada quien cuenta cómo le va en la feria.

Referencias:

Castolo, Fernando G. (Comp.) 2012 Zapotlán, San José y el volcán de Colima (textos sobre la erupción del 20 de enero de 1913), Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco”, Ciudad Guzmán.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

Reconstrucción fallida

El paso del huracán Jova por las costas de Colima, Jalisco y Michoacán detonó un gran desastre que desveló las diversas condiciones de vulnerabilidad existentes en los lugares donde hubo impactos. A un año de ese acontecimiento histórico nadie duda que los daños mayores pudieron reducirse o evitarse y se debieron a la inadecuada preparación y a la casi inexistente labor preventiva. Sin embargo, el sistema rápidamente puso a funcionar su maquinaria mediática para acusar y culpar al huracán por los daños, pretendiendo ocultar con esta estrategia las razones de fondo, las cuales han sido omitidas en el proceso de reconstrucción.

Los puentes colapsaron por falta de mantenimiento y fueron destruidos por el material rocoso acumulado debido a la falta de desazolve. No se puede ocultar que el cauce de los ríos ha sido históricamente constreñido con infraestructuras particulares autorizadas por autoridades negligentes, las cuales han realizado negocios debido a la débil aplicación de la Ley de Aguas Nacionales, Ley General de Protección Civil y de la Ley de Protección Civil del Estado de Colima. Se han ignorado los códigos para construcciones en zonas de riesgo y ante la nula aplicación del marco legal, se han construido obras al amparo de autoridades en todos los municipios.

Los daños en la agricultura fueron severos por la invasión de flujos de escombros e inundaciones, pero sobre todo debido a la carencia de seguros agrícolas, la inexistencia de diques en zonas inundables y otras obras de protección. Los impactos en las vías de comunicación y transporte mostraron la mala planeación de las obras públicas, el uso de materiales inadecuados para las condiciones de la zona y la fragilidad del sistema de transporte carretero. Se reportaron daños en más de dos mil unidades económicas y se solicitaron recursos por el orden de mil 12 millones de pesos para atender los daños en los sectores de comunicaciones, transporte, educación, desarrollo social, salud, vivienda, campo y puerto (1).

Calle Paseo de la Rivera, Colima
El cauce del Río Colima ha sido constreñido por los vecinos y ahora presencian la reconstrucción desde el patio de sus casas por el Paseo de la Rivera.

Se pueden señalar muchas otras condiciones que propiciaron el desastre, porque el huracán Jova hizo evidente lo que estaba mal. Por ello algunos especialistas han señalado que un desastre descubre otro desastre. Y recientes estudios han demostrado que “la severidad de los desastres es una consecuencia de la corrupción, y que las oportunidades para la corrupción también han incrementado en situaciones posteriores a los desastres” (2).

Aunque la reconstrucción ha sido definida como una etapa post-desastre, una breve reflexión permite notar que el desastre puede continuar tras el impacto del agente natural o antrópico. Los desastres, al ser el resultado de procesos históricos y sociopolíticos inician antes del momento de impacto de un huracán y luego se proyectan o bifurcan en múltiples situaciones después del paso de la amenaza natural. Así, un desastre continúa tras el paso del fenómeno e incluso durante la etapa de crisis y emergencia se adhieren la impunidad y la corrupción. Por desgracia, lo que para algunos constituye una catástrofe familiar, para otros es un negocio y una bendición.

La reconstrucción es un proceso lento y gradual que tarda años en concretarse, aunque algunas autoridades opinen lo contrario y se esfuercen en romper récords de “obra pública express”. Según expertos, los procesos de reconstrucción deben realizarse de manera coordinada entre las autoridades públicas, académicos o especialistas y los grupos de ciudadanos que serán afectados con las obras.

Según el especialista Frederick Cuny, se ha observado que las reconstrucciones son un nuevo período de desarrollo y parten de tres supuestos fundamentales, el primero es que la recuperación mejorará las condiciones de vida, el segundo es que se desarrollará un plan prevenido para evitar otro desastre y el tercero, que tras un desastre, pasará mucho tiempo para que ocurra otro (3). Pero debido a la incapacidad de las autoridades casi nunca se mejoran las condiciones socioeconómicas de la población, se omite un plan preventivo de gran escala para evitar otro desastre y por ello se repite otra catástrofe similar.

Las autoridades se apuran para regresar a la sociedad a la “normalidad”, pero esto significa volver a las características habituales. El regreso a la normalidad resulta ser el retorno a las mismas condiciones de vulnerabilidad física y social y exposición a amenazas que detonaron el desastre. Lo que sucede es que el mismo sistema político y económico que produjo el desastre se encarga del proceso de reconstrucción y ejerce resistencia al cambio. Así, en lugar de aprovechar la reconstrucción como un proceso para eliminar las condiciones preexistentes al desastre, se sostiene el modelo imperante y se reproducen los factores de riesgo y vulnerabilidades que propiciaron el desastre.

Al respecto el antropólogo Anthony Oliver-Smith ha expuesto que en los casos de los desastres detonados por los huracanes Mitch y Katrina, en centro América y América del norte, aunque se trata de dos sociedades muy distintas comparativamente, al realizarse la reconstrucción se regresó a condiciones del estado económico y político anterior al desastre y se perpetuó el sistema pre-desastre. No se identificó que el sistema era parte del problema, y en lugar de proponer una reconstrucción transformativa, que mejorara la mutualidad Humano-Naturaleza, además de cambios para disminuir la probabilidad de riesgo, reducir la exposición a las amenazas y los factores de vulnerabilidad en un enfoque más preventivo, se impusieron las estructuras políticas y económicas imperantes en la nación (4).

Una reconstrucción exitosa debe incluir programas de desarrollo socioeconómico local que le permitan a los grupos más expuestos sobreponerse a los impactos de las amenazas, mejorar sus condiciones de vida, reducir las vulnerabilidades y fortalecer los factores resilientes. Porque si no se mejoran las condiciones de vida, la población sigue en riesgo y expuesta a los efectos e impactos de los huracanes. La reconstrucción no es solamente reconstruir obras públicas con características similares y en los mismos lugares de riesgo. La diferencia entre las obras públicas express y las preventivas reside principalmente en que la prevención supone obras de largo alcance y amplio impacto social, debido al servicio que prestan.

Por lo anterior, la reconstrucción tras el paso del huracán Jova se pondrá a prueba en las siguientes temporadas anuales de huracanes, cuando otros fenómenos impacten al estado de Colima. Pero hasta hoy, el huracán Bud en mayo de 2012 puso en alerta a la población, causó inundaciones y dejó entrever la lentitud en algunos procesos de rehabilitación y desazolve. No hay que olvidar también que la tormenta del 19 de julio de 2012 propició inundaciones, la caída de árboles y el accidente en el que falleció una mujer al intentar cruzar un canal inseguro.

Las autoridades deben entender que la sociedad ha incrementado y ante los reducidos ingresos, la falta de apoyos y opciones crediticias, se ven obligados a exponerse a ciertos riesgos. La sociedad no se asienta en zonas de riesgo por ignorancia, sino porque el acceso a terrenos seguros tiene costos muy elevados para gran cantidad de ciudadanos. Depositamos nuestra confianza en el gobierno para que nos proteja y no nos está protegiendo lo suficiente, pues los desastres siguen siendo parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo, si no atendemos desde el fondo los problemas sociales se corre el alto riesgo de conseguir una reconstrucción fallida.

Referencias:

(1) Zamora, Pedro 2011 “Destina Fonden mil mdp para atender daños por Jova en Colima”, en Proceso (consultado el 27 de octubre de 2011) en http://www.proceso.com.mx/?p=286162

(2) Calossi, Enrico; Salvatore Sberna y Alnerto Vannucci 2012 “Disasters and corruption, corruption as disaster”, en International Disaster response Law, Springer, Berlín, pp. 651-683.

(3) Cuny, Frederick C. 1983 Disasters and development, Oxford University Press, Nueva York.

(4) Oliver-Smith, Anthony 2009 “El Proceso de la Reconstrucción y la Resiliencia del Sistema: Lecciones de Mitch y Katrina”, en Pensando la recuperación de Bogotá después de un terremoto, UPN, Alcaldía Mayor de Bogotá, D.C., DPAE, Editorial Mundo Empresarial Ltda., Bogotá, pp. 73-82.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

Ciclones tropicales y calores de Mayo en Colima

Por Ciclones Tropicales se conoce técnicamente a las depresiones tropicales, tormentas tropicales y huracanes con categoría 1, 2, 3, 4 o 5, las cuales tienen distintas características de efectos, por ejemplo, intensidad de vientos en rachas y sostenidos, precipitación pluvial, marejada, brisa, etc. Todos son sistemas hidrometeorológicos, genéricamente denominados Ciclones Tropicales. La temporada anual de fenómenos hidrometeorológicos que llegan a convertirse en huracanes en el Océano Atlántico inicia el 1 de junio y termina el 30 de noviembre, mientras que en el Océano Pacífico comienza el 15 de mayo y termina el 30 de noviembre. Sin embargo las condiciones meteorológicas que generan los ciclones tropicales ignoran estos períodos, por ejemplo, este pasado 12 de mayo comenzó a formarse un sistema al sureste de Acapulco, Guerrero y el día 14 se intensificó y fue declarado Tormenta tropical Aletta. Es decir, este ciclón tropical se formó un día antes del inicio institucional de la temporada de huracanes en el Océano Pacífico.

2012 Aletta mayo 12
2012 Aletta mayo 12

Este miércoles 23 de mayo, mientras degustaba la comida, encendí el televisor y presencié la información noticiosa del reportero Carlos Alberto Pérez Aguilar, del programa Noticieros Televisa, quien se refirió al ciclón tropical llamado Bud y dijo: “Para las autoridades estatales este fenómeno es extraño puesto que de forma temprana, a penas iniciando el temporal de lluvias puede representar un riesgo”. Tal declaración sorprende pues nada de extraño tiene un huracán en costas de los estados del Océano Pacífico y menos cuando ya está oficializada la temporada de huracanes entre mayo y noviembre. Pero además, porque son recurrentes los huracanes en esta región ciclógena. Sin embargo concuerdo con que este huracán puede representar un riesgo, sobre todo si las autoridades no previnieron la llegada de un huracán en mayo, aún sabiendo que en este mes inicia la temporada anual.

Huracán Bud mayo 2012
Huracán Bud mayo 2012. Imagen SMN

Durante la emisión de la misma noticia fue entrevistado el Director del Sistema Estatal de Protección Civil del Estado de Colima, Melchor Urzúa Quiróz, quien aseguró literalmente que: “Nunca había visto un, uno que se nos aboque, cuando menos ahorita, edá? en estos tiempos, empezando la temporada edá?”. Su declaración sorprende, pues tratándose de un especialista debiera saber que si la temporada de huracanes inicia en mayo, es porque desde ese mes se presentan y sería deseable que revisara las bases de datos y la historia local antes de hacer tales declaraciones.

Específicamente en la historia de Colima se han presentado muchos ciclones tropicales o huracanes muy intensos en el mes de mayo. Sin ir muy lejos, el 27 de mayo de 1895, los tripulantes de un barco frente a Colima soportaron un ciclón. El historiador Francisco Hernández Espinosa escribió al respecto:

“Con la angustia reflejada en el rostro de aquellos infortunados pasajeros y tripulantes, muchos se arrodillaban implorando y preparándose para morir, al contemplar la furia del ciclón, la negrura del firmamento y al sentir las sacudidas de los tremendos golpes que las gigantescas olas daban por babor y estribor. Los vientos huracanados habían derribado ya los fuertes mástiles de la poderosa nave y arrebataban y levantaban todo como plumas para lanzarlo al espacio en medio de los relámpagos y los truenos que hacían enloquecer de temor a todos, que derramaban sus lágrimas ante tan horrible espectáculo” (1).

Recientemente, durante el siglo XX, diversas fuentes históricas primarias y secundarias han registrado 11 ciclones tropicales en mayo porque causaron alerta entre la población y porque fueron percibidos algunos de sus efectos. En orden cronológico se han presentado ciclones tropicales en Colima el 24 de mayo de 1931, el 23 de mayo de 1937, el 19 de mayo de 1951, el 31 de mayo de 1951, el 24 de mayo de 1971, el 28 de mayo de 1974, el 30 de mayo de 1978, el 27 de mayo de 1983, el 28 de mayo de 1986, el 29 de mayo del 2001 y el 28 de mayo del 2006. (2)

Ciclón del 19 de mayo de 1951
Ciclón del 19 de mayo de 1951. Noticia en el diario Ecos de la Costa (jueves 24 de mayo de 1951) 1.

El mismo Director de Protección Civil del Estado de Colima aseguró que: “Ta cambiando toda la situación hidrometeorológica y también pues los pronósticos creo que pueden fallar en este aspecto verdad? Por el cambio que está sufriendo el calentamiento global”. La declaración es inconcebible porque no explica ¿cuál es la situación hidrometeorológica que según él está cambiando? y ¿por qué considera que los pronósticos pueden fallar? por “el cambio que está sufriendo el calentamiento global”.

En nuestros tiempos se cuenta con notables avances tecnológicos y miles de millones de pesos han sido asignados por las dependencias como el Fopreden y Conacyt para contar con instrumentos idóneos para monitorear con precisión, pronosticar con amplia anticipación y dar mayor certidumbre y confianza a la población. Por ello sorprenden estas declaraciones, consecuencia tal vez de los calores de mayo.

Referencias:

(1) Hernández Espinosa, Francisco

2009 El Colima de ayer, 4a Edición. Universidad de Colima, México, Colima, 135.

(2) Los datos son resultados del proyecto de investigación Conacyt “Los Huracanes en la Historia de México. Memoria y Catálogo”, desarrollado entre la UdeC y el CIESAS. Página de Internet: http://huracanes.ciesas.edu.mx/

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

Chiapanecas ante el cambio climático

El Día Internacional de la Mujer es un marco para divulgar los esfuerzos que los grupos, asociaciones e instituciones están realizando para visibilizar la condición de las mujeres y los programas, acciones y estrategias que existen para cambiar debilidades por fortalezas. Recientemente conocí a Edith F. Kauffer Michel, una politóloga francesa que se desempeña como investigadora del CIESAS Sureste y quien participa en un proyecto muy interesante con mujeres chiapanecas que han decidido identificar cómo les afecta el cambio climático. En la charla me contó cómo han propuesto una agenda de acciones precisas y me regaló un ejemplar del cual me permito transcribir la introducción, porque es de interés público y expone la situación actual de la perspectiva de género en algunas políticas públicas, la inclusión de las mujeres en las leyes para la adaptación y mitigación ante el cambio climático y la forma como se toman decisiones.

Las mujeres deben proponer estrategias para prevenirse ante los efectos e impactos del clima. (Guanajuato, Foto Ray)
Las mujeres deben proponer estrategias para prevenirse ante los efectos e impactos del clima. (Guanajuato, Foto Ray)

“El cambio climático afecta de forma distinta a las personas en función de su género, de su grupo socio-económico, de su edad, de su pertenencia étnica, de su localización geográfica y de sus actividades cotidianas. Las diferencias sociales entre mujeres y hombres debido a los roles de género y a la desigualdad social asociada con éstos, definen además diferentes grados de vulnerabilidad y habilidades personales, recursos económicos y estrategias sociales para hacer frente a los impactos del cambio climático y adoptar medidas de prevención y de adaptación. De hecho, la perspectiva de género y los impactos diferenciados del cambio climático en la vida de mujeres y hombres todavía están ausentes en las políticas públicas hacia el cambio climático.

En el caso de Chiapas, la Ley para la Adaptación y Mitigación ante el Cambio Climático aprobada en diciembre de 2010 por el Congreso del Estado, menciona a las mujeres apenas en una ocasión: en su artículo 29 y como grupo vulnerable al lado de los pueblos indígenas, niños y personas con capacidades diferentes. La experiencia de la ley chiapaneca nos recuerda que en este estado, al igual que en otras partes de México y Chiapas, las políticas hacia el cambio climático son formuladas “desde arriba” y carecen de un enfoque interdisciplinar y de género que tome en cuenta los impactos reales del cambio climático en la vida cotidiana de los actores locales, y en particular de las mujeres. Finalmente, la política climática no contempla la relación entre los problemas derivados del cambio climático y los problemas sociales, económicos, culturales y políticos, desde la perspectiva de los derechos.

Las decisiones que están siendo tomadas con respecto a las acciones emprendidas para diseñar programas y proyectos ante el cambio climático, además de no considerar las vulnerabilidades, necesidades y también habilidades de las mujeres, se mantienen en un espacio reducido de participación de “expertos”, de modo que muy pocas mujeres cuentan con la información necesaria para su participación consciente e informada, en especial aquellas que habitan municipios y comunidades marginadas. De hecho, la notoria carencia sobre la pertinencia y la necesidad de la inclusión de la perspectiva de género al interior de las instancias gubernamentales y la poca experiencia en procesos verdaderamente democráticos y participativos en materia de cambio climático, hace que las políticas no contemplen las necesidades diferenciadas de las mujeres.

Debido a las características fisiográficas de Chiapas, y el hecho de que se trata de un estado predominantemente agrícola, el tema del agua y del derecho humano al agua estuvo presente en dos eventos como un eje transversal en las problemáticas relacionadas con el cambio climático. Las alteraciones en el ciclo hidrológico que provocan cambios en las temporadas e intensidades de las lluvias y los fenómenos meteorológicos como huracanes y tormentas tropicales, han creado situaciones de vulnerabilidad en el estado, ya que el hecho de que la disponibilidad de agua haya aumentado debido a las precipitaciones intensas, no ha significado que la población marginada de Chiapas, sobre todo las mujeres, tenga agua segura y en calidad y cantidad adecuadas.”(1)

Ojalá que este ejemplo de organización de las mujeres chiapanecas inspire a las mujeres de esta región para que analicen ¿cómo les afectará el cambio climático en el futuro inmediato y a largo plazo? y propongan acciones preventivas de acuerdo a su propia realidad, condiciones y necesidades. Deben organizarse las mujeres porque parece que a ellas les corresponderá mejorar el mundo que bien o mal hemos construido los hombres.

Referencia

(1) Schenerock, Angélica, Edith F. Kauffer Michel y Laura Elena Ruiz Meza (2011) Agenda chiapaneca de las mujeres en agua y cambio climático. San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, México, RISAF, Agua y Vida, Promujer y SEDESOL, 5. En: http://www.aguayvida.org.mx/index.php?option=com_content&view=article&id=6&Itemid=7&lang=es

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

Hambre en nuestro país de gordos

Hace unos días el Consejo Asesor de Difusión, Comunicación y Relaciones Públicas (CADI) del sistema de Centros Públicos de Investigación-Conacyt en la sede del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS-DF) desarrolló la XXIV Videoconferencia temática para medios de comunicación, nombrada “Sequía, diagnóstico, alternativas e impacto en la seguridad alimentaria”, la cual fue difundida por Internet el 14 de febrero por el Colegio de la Frontera Norte (Colef) y por un boletín de prensa del CIESAS: (

En dicha conferencia participaron los doctores Gabriela Sánchez Gutiérrez y Simone Lucatello, investigadores del Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora y el doctor Víctor Reyes Gómez, del Instituto de Ecología INECOL-Chihuahua, con el propósito de dar a conocer a los medios de comunicación nacionales algunos resultados obtenidos de investigaciones realizadas en centros del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

La primer intervención correspondió a la doctora en Ciencias de la Educación por la Universidad de París VIII, Francia, Gabriela Sánchez Gutiérrez. De su exposición he transcrito algunas frases para inducir curiosidad a usted lector e incitarlo para que aproveche este esfuerzo por divulgar resultados de investigaciones que son de interés para los mexicanos, pues debemos encontrar soluciones pronto.

La doctora Gabriela Sánchez señala que: “El hambre es un problema de desigualdad e inequidad, no una consecuencia de “desastres naturales”, sino de una crisis social y estructural que se agrava en un contexto de cambio climático”. Y que “Más allá de las implicaciones profundas del cambio climático (los factores ambientales y la sequía) el hambre en México se explica fundamentalmente por los bajos ingresos de la población y por la creciente destrucción de la economía campesina”.

Para ella “es claro que la crisis alimentaria mundial es consecuencia de un modelo de desarrollo de políticas y económicas que lejos de resolver, genera las crisis”. Pero en el caso de México “el hambre es anterior a la actual sequía y continuará después de ella, si no se transforma de fondo el modelo de desarrollo y las políticas de gobierno”. La investigadora deduce que “la actual crisis alimentaria que enfrenta nuestro país, tendrá consecuencias que aún no alcanzamos a vislumbrar [pues] está afectando a más de mil 200 municipios en un buen número de entidades federativas”.

Sánchez Gutiérrez considera que “el reto de los Rarámuris en el norte no es nuevo. Ellos han sufrido pobreza, analfabetismo, hambre, sequías, injusticia, desde épocas de la Colonia. Lo que sucede en la Sierra Tarahumara es una muestra clara de la ineficacia de las políticas de desarrollo implementadas ya durante muchos años.”

Desde hace unas semanas los medios de comunicación han mostrado la crisis que padecen los rarámuris, pero sin el trabajo de los comunicadores y periodistas, sería prácticamente desconocida su situación para buena parte de los mexicanos, pues la obesidad entre nosotros eclipsa el problema del hambre en nuestro país. Como lo identifica la doctora Sánchez Gutiérrez: “ante el problema creciente de obesidad entre los mexicanos, pareciera que no existe hambre, pero no es así, y el hambre no es exclusiva de las comunidades rurales.” En pocas palabras existe hambre en nuestro país de gordos. Y ojalá que el hambre se comiera, como lo expresara Julito, el pequeño hijo del poeta Jaime Sabines, cuando dijo “Mamá, tengo la barriga llena de hambre”.

Referencias:

(1)         Videoconferencia en: 

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/