“No estábamos prevenidos”. Perdón, ¿Cómo dijo?

Por Raymundo Padilla Lozoya*

“No estábamos prevenidos” declaró el director de Protección Civil Estatal, Melchor Urzúa, cuando la periodista le cuestionó acerca de los daños producidos en Manzanillo, Cihuatlán y otras poblaciones por la tormenta del viernes 30 de octubre. No estaban prevenidos y no lo han estado desde hace años, por ello se siguen presentando desastres. La declaración es totalmente creíble considerando la incomunicación y mínima coordinación que existe entre las unidades de Protección Civil Armería, Tecomán, Manzanillo y Cihuatlán, entre sí, y con los servicios meteorológicos y los académicos de la zona costera. Si existiera una buena coordinación se hubiera anticipado el escenario con base en el pronóstico de lluvia del frente frío que anunció el SMN (Servicio Meteorológico Nacional). Así, esta tormenta desveló la realidad actual del Sistema Estatal de Protección Civil, encubierta la semana anterior por el buen operativo dirigido por el Coordinador Nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente, ante el huracán Patricia el viernes 23.

Inundación detonada por la tormenta del 30 de octubre de 2015
Inundación detonada por la tormenta del 30 de octubre de 2015

Es deducible que el suelo se encontraba saturado de humedad y eso permitió que la abundante precipitación de la tormenta del viernes 30 de octubre se acumulara y produjera inundaciones. También se argumenta que algunas presas estaban liberando agua y eso aumentó el caudal de algunos ríos. Sin embargo también es evidente que NO hubo alertamiento por parte de Protección Civil Estatal ni municipal hacia la población ubicada en zonas de riesgo, a pesar de que se conocía el pronóstico y se debió anticipar el escenario de saturación del suelo, el desagüe de presas y las características del fenómeno natural, anunciado desde varios días previos.

Suponiendo que se hubiera alertado a la población acerca del frente frío y de la precipitación pronosticada, los daños en las propiedades y viviendas hubieran sido similares. Principalmente porque, durante años, las autoridades de Protección Civil NO han emitido los “dictámenes de riesgo” correspondientes a esas zonas de riesgo, localidades y colonias, y sin ellos las autoridades municipales han omitido gestionar en los planes de desarrollo urbano las obras requeridas para contener los desbordamientos con estrategias de mitigación efectivas.

Es notable que existe negligencia por parte de los funcionarios públicos, quienes han sido indiferentes ante los asentamientos en áreas de riesgo y ante las invasiones de zona federal. Y en lugar de usar las leyes para preservar la integridad de los ciudadanos, proteger sus bienes y resguardar el Estado de Derecho, se han beneficiado políticamente, permitiendo asentamientos irregulares e incluso promoviendo servicios públicos donde, por Ley, no debieran. Con ello están violando varias leyes, entre ellas la Ley de Asentamientos Humanos, Ley de Aguas Nacionales, Ley General de Protección Civil, entre otras. ¿Y hasta cuándo serán cómplices o complacientes las autoridades federales? ¿O también ignoran que esto ocurre?.

Aunque es verdad que se han reducido el número de muertos en los desastres, también es cierto que los daños son más recurrentes y costosos. Y es inaceptable que la sociedad siga siendo afectada. Los individuos se asientan donde se lo permiten las autoridades. Y la sociedad paga con impuestos para que un grupo de especialistas informe con anticipación la presencia de una amenaza y proporcione protección. Pero con los apoyos que se les proporcionan a quienes invaden zonas federales y se ubican en áreas peligrosas, se promueve la construcción social de riesgos y se perpetúan condiciones para nuevos desastres.

Es muy importante la labor de respuesta ante emergencias que realiza todo el personal de Protección Civil, pero es necesario que mejoren muchísimo la gestión de riesgos y la prevención. Son buenos para atender urgencias, pero es casi nula la planeación y prevención de riesgos y desastres. Las labores preparativas que realizan son efectivas para reducir la exposición de los ciudadanos por medio de los desplazamientos, pero son mínimas las acciones para evitar los daños en los bienes y propiedades, y en la disminución de vulnerabilidades sociales.

Inundación detonada por la tormenta del 30 de octubre de 2015
Inundación detonada por la tormenta del 30 de octubre de 2015

Es urgente cambiar los mandos que perpetúan el modelo obsoleto que se realiza. Fue efectivo cuando “atender emergencias era suficiente”. Pero ahora es necesario enfrentar la realidad desde una GIRD (Gestión Integral del Riesgo y el Desastre), con estrategias técnicas, ingenieriles y también sociales, basadas en la planeación del desarrollo urbano ordenado y en la sustentabilidad ambiental. De esa manera, se evitarán desde las bases del desarrollo los errores actuales, omisiones sociales y vicios políticos que han propiciado los actuales desastres. Recuérdese que los desastres No son naturales, la sociedad los construye.

Basta de simulacros en la toma de decisiones. Los pronósticos científicos anticipan escenarios que superan al modelo obsoleto de Protección Civil. Es urgente transformar la Protección Civil en “Prevención Ciudadana” con un modelo actualizado que nos permita vivir en armonía con el medio ambiente, reduciendo la exposición y las vulnerabilidades. Debemos transformar las amenazas naturales en beneficios para la población, aprovechar los recursos que tenemos en abundancia y generar una mejor consciencia en los infantes y jóvenes acerca de nuestra “madre naturaleza” y las formas como nos relacionamos con ella. Cambiemos las amenazas en beneficios y los desastres en oportunidades para transformar lo obsoleto por innovación en bien de nuestra sociedad. Nada cambiará después de Patricia, mientras se mantenga el mismo modelo. La tormenta del día 30 de octubre mostró muy pronto que ciertos funcionarios están faltando a sus responsabilidades, pues falta prevención y esos errores pueden costar vidas humanas aunque ahora solamente están costado millones de pesos.

* Profesor e investigador de la UdeC. Integrante de REDESClim (Red de Desastres Asociados a Fenómenos Hidrometeorológicos y Climáticos) y fundador de ALARMIR (Red Internacional de Seminarios en Estudios Históricos de Desastres).

Reconstrucción fallida

El paso del huracán Jova por las costas de Colima, Jalisco y Michoacán detonó un gran desastre que desveló las diversas condiciones de vulnerabilidad existentes en los lugares donde hubo impactos. A un año de ese acontecimiento histórico nadie duda que los daños mayores pudieron reducirse o evitarse y se debieron a la inadecuada preparación y a la casi inexistente labor preventiva. Sin embargo, el sistema rápidamente puso a funcionar su maquinaria mediática para acusar y culpar al huracán por los daños, pretendiendo ocultar con esta estrategia las razones de fondo, las cuales han sido omitidas en el proceso de reconstrucción.

Los puentes colapsaron por falta de mantenimiento y fueron destruidos por el material rocoso acumulado debido a la falta de desazolve. No se puede ocultar que el cauce de los ríos ha sido históricamente constreñido con infraestructuras particulares autorizadas por autoridades negligentes, las cuales han realizado negocios debido a la débil aplicación de la Ley de Aguas Nacionales, Ley General de Protección Civil y de la Ley de Protección Civil del Estado de Colima. Se han ignorado los códigos para construcciones en zonas de riesgo y ante la nula aplicación del marco legal, se han construido obras al amparo de autoridades en todos los municipios.

Los daños en la agricultura fueron severos por la invasión de flujos de escombros e inundaciones, pero sobre todo debido a la carencia de seguros agrícolas, la inexistencia de diques en zonas inundables y otras obras de protección. Los impactos en las vías de comunicación y transporte mostraron la mala planeación de las obras públicas, el uso de materiales inadecuados para las condiciones de la zona y la fragilidad del sistema de transporte carretero. Se reportaron daños en más de dos mil unidades económicas y se solicitaron recursos por el orden de mil 12 millones de pesos para atender los daños en los sectores de comunicaciones, transporte, educación, desarrollo social, salud, vivienda, campo y puerto (1).

Calle Paseo de la Rivera, Colima
El cauce del Río Colima ha sido constreñido por los vecinos y ahora presencian la reconstrucción desde el patio de sus casas por el Paseo de la Rivera.

Se pueden señalar muchas otras condiciones que propiciaron el desastre, porque el huracán Jova hizo evidente lo que estaba mal. Por ello algunos especialistas han señalado que un desastre descubre otro desastre. Y recientes estudios han demostrado que “la severidad de los desastres es una consecuencia de la corrupción, y que las oportunidades para la corrupción también han incrementado en situaciones posteriores a los desastres” (2).

Aunque la reconstrucción ha sido definida como una etapa post-desastre, una breve reflexión permite notar que el desastre puede continuar tras el impacto del agente natural o antrópico. Los desastres, al ser el resultado de procesos históricos y sociopolíticos inician antes del momento de impacto de un huracán y luego se proyectan o bifurcan en múltiples situaciones después del paso de la amenaza natural. Así, un desastre continúa tras el paso del fenómeno e incluso durante la etapa de crisis y emergencia se adhieren la impunidad y la corrupción. Por desgracia, lo que para algunos constituye una catástrofe familiar, para otros es un negocio y una bendición.

La reconstrucción es un proceso lento y gradual que tarda años en concretarse, aunque algunas autoridades opinen lo contrario y se esfuercen en romper récords de “obra pública express”. Según expertos, los procesos de reconstrucción deben realizarse de manera coordinada entre las autoridades públicas, académicos o especialistas y los grupos de ciudadanos que serán afectados con las obras.

Según el especialista Frederick Cuny, se ha observado que las reconstrucciones son un nuevo período de desarrollo y parten de tres supuestos fundamentales, el primero es que la recuperación mejorará las condiciones de vida, el segundo es que se desarrollará un plan prevenido para evitar otro desastre y el tercero, que tras un desastre, pasará mucho tiempo para que ocurra otro (3). Pero debido a la incapacidad de las autoridades casi nunca se mejoran las condiciones socioeconómicas de la población, se omite un plan preventivo de gran escala para evitar otro desastre y por ello se repite otra catástrofe similar.

Las autoridades se apuran para regresar a la sociedad a la “normalidad”, pero esto significa volver a las características habituales. El regreso a la normalidad resulta ser el retorno a las mismas condiciones de vulnerabilidad física y social y exposición a amenazas que detonaron el desastre. Lo que sucede es que el mismo sistema político y económico que produjo el desastre se encarga del proceso de reconstrucción y ejerce resistencia al cambio. Así, en lugar de aprovechar la reconstrucción como un proceso para eliminar las condiciones preexistentes al desastre, se sostiene el modelo imperante y se reproducen los factores de riesgo y vulnerabilidades que propiciaron el desastre.

Al respecto el antropólogo Anthony Oliver-Smith ha expuesto que en los casos de los desastres detonados por los huracanes Mitch y Katrina, en centro América y América del norte, aunque se trata de dos sociedades muy distintas comparativamente, al realizarse la reconstrucción se regresó a condiciones del estado económico y político anterior al desastre y se perpetuó el sistema pre-desastre. No se identificó que el sistema era parte del problema, y en lugar de proponer una reconstrucción transformativa, que mejorara la mutualidad Humano-Naturaleza, además de cambios para disminuir la probabilidad de riesgo, reducir la exposición a las amenazas y los factores de vulnerabilidad en un enfoque más preventivo, se impusieron las estructuras políticas y económicas imperantes en la nación (4).

Una reconstrucción exitosa debe incluir programas de desarrollo socioeconómico local que le permitan a los grupos más expuestos sobreponerse a los impactos de las amenazas, mejorar sus condiciones de vida, reducir las vulnerabilidades y fortalecer los factores resilientes. Porque si no se mejoran las condiciones de vida, la población sigue en riesgo y expuesta a los efectos e impactos de los huracanes. La reconstrucción no es solamente reconstruir obras públicas con características similares y en los mismos lugares de riesgo. La diferencia entre las obras públicas express y las preventivas reside principalmente en que la prevención supone obras de largo alcance y amplio impacto social, debido al servicio que prestan.

Por lo anterior, la reconstrucción tras el paso del huracán Jova se pondrá a prueba en las siguientes temporadas anuales de huracanes, cuando otros fenómenos impacten al estado de Colima. Pero hasta hoy, el huracán Bud en mayo de 2012 puso en alerta a la población, causó inundaciones y dejó entrever la lentitud en algunos procesos de rehabilitación y desazolve. No hay que olvidar también que la tormenta del 19 de julio de 2012 propició inundaciones, la caída de árboles y el accidente en el que falleció una mujer al intentar cruzar un canal inseguro.

Las autoridades deben entender que la sociedad ha incrementado y ante los reducidos ingresos, la falta de apoyos y opciones crediticias, se ven obligados a exponerse a ciertos riesgos. La sociedad no se asienta en zonas de riesgo por ignorancia, sino porque el acceso a terrenos seguros tiene costos muy elevados para gran cantidad de ciudadanos. Depositamos nuestra confianza en el gobierno para que nos proteja y no nos está protegiendo lo suficiente, pues los desastres siguen siendo parte de nuestra cotidianidad. Sin embargo, si no atendemos desde el fondo los problemas sociales se corre el alto riesgo de conseguir una reconstrucción fallida.

Referencias:

(1) Zamora, Pedro 2011 “Destina Fonden mil mdp para atender daños por Jova en Colima”, en Proceso (consultado el 27 de octubre de 2011) en http://www.proceso.com.mx/?p=286162

(2) Calossi, Enrico; Salvatore Sberna y Alnerto Vannucci 2012 “Disasters and corruption, corruption as disaster”, en International Disaster response Law, Springer, Berlín, pp. 651-683.

(3) Cuny, Frederick C. 1983 Disasters and development, Oxford University Press, Nueva York.

(4) Oliver-Smith, Anthony 2009 “El Proceso de la Reconstrucción y la Resiliencia del Sistema: Lecciones de Mitch y Katrina”, en Pensando la recuperación de Bogotá después de un terremoto, UPN, Alcaldía Mayor de Bogotá, D.C., DPAE, Editorial Mundo Empresarial Ltda., Bogotá, pp. 73-82.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/