El huracán Patricia y el fin de un modelo obsoleto

El antropólogo Herman Konrad documentó que el huracán y la destrucción que causaba en la Península de Yucatán, representaba cambios sociales, políticos y culturales. El antropólogo Herman Konrad documentó que el huracán y la destrucción que causaba en la Península de Yucatán, representaba cambios sociales, políticos y culturales. Pero además era precedido por una regeneración intensa de la flora y la fauna. Así, las características físicas del huracán Patricia anuncian un impacto mayor y ojala que ocurran cambios para bien de la sociedad.

Captura de pantalla 2015-10-23 a las 10.52.18

El escenario actual es indeseable: se pronostica una amenaza muy sería (huracán categoría IV) que impactará directamente a los estados de Colima y Jalisco, y a miles de personas expuestas, las cuales cuentan con poco conocimiento científico del fenómeno y han delegado, en sus autoridades, la responsabilidad de protegerlos. Sin embargo son limitadas las capacidades de sus funcionarios para asegurar la integridad de todos los ciudadanos y de sus medios de vida.

Lo más preocupante son las condiciones de vulnerabilidad ante esta amenaza. Se ha aceptado públicamente que el estado de Colima se encuentra endeudadísimo, los partidos políticos están fragmentados por intereses particulares, la pobreza es crónica en miles de familias, cientos de colonias y fraccionamientos han sido construidos en áreas inundables con la complacencia de autoridades, decenas de poblaciones asentadas en zonas de riesgo no han sido reubicadas a pesar de estar identificadas en Atlas de Riesgos, las carreteras que conectan a las principales ciudades son vulnerables a deslaves y derrumbes. Las poblaciones aledañas a los volcanes se encuentran en riesgo por lahares. Las ciudades de Manzanillo, Tecomán y Colima son muy vulnerables ante inundaciones en zonas ampliamente pobladas. Y todas las localidades costeras pueden verse dañadas por inundaciones, marejadas y vientos intensos. Y Protección Civil Estatal es incapaz de desplazar a toda la población expuesta y vulnerable. Cabe precisar que para el Cenapred (Centro Nacional de Prevención de Desastres), todo el estado de Colima está en peligro ante huracanes.

Los desastres son el resultado de un proceso de construcción de riesgos y vulnerabilidades ante algún tipo de amenaza. Los principales daños que se producen en los bienes particulares ocurren debido a la incapacidad de la sociedad para hacer frente de manera adecuada. Es complejo enfrentar una amenaza tan poderosa como lo es un huracán, pero serían menos los daños si existieran programas preventivos. Sin embargo, las actividades que realiza Protección Civil son preparativas. Y sobre todo se preparan para responder a la emergencia, es decir, son reactivos ante los daños y las urgencias de los afectados o damnificados. Esto debe cambiar, porque la única manera de evitar costosos daños y pérdidas humanas es la prevención por medio de 3 factores: 1) mitigación de impactos, 2) reducción de vulnerabilidades y 3) disminución de la exposición de los ciudadanos ante la amenaza. Además, las estrategias deben ser transversales y transexenales.

Es cierto que se ha logrado reducir la cifra de muertos ante los impactos de algunos huracanes, pero el costo de cada desastre ha aumentado con el incremento de viviendas expuestas que son dañadas. Y esos costos elevados también forman parte del desastre. Y repercuten en la reducción de recursos económicos destinados para los demás programas implementados para paliar las demás necesidades de la sociedad.

Captura de pantalla 2015-10-23 a las 11.09.54

Diversos investigadores hemos dicho que en todos los desastres el factor principal es la sociedad. Y recientemente el coordinador nacional de Protección Civil, Luis Felipe Puente Espinosa sentenció: “No hay desastres naturales, los desastres son provocados por el hombre. Se crean por la falta de capacidad, ingenio, falta de políticas públicas y responsabilidad de algún funcionario” (2014). Es decir, detrás de cada desastre existe un funcionario o un grupo, que son culpables de la tragedia, porque su estrategia es deficiente, sobre todo cuando son más reactivos que preventivos, cuando son negligentes y evaden la aplicación de la Ley General de Protección Civil, cuando violan las leyes locales y permiten el desarrollo de asentamientos en zonas de riesgo, facilitan servicios públicos indebidamente y son corruptos. En ese sentido, la frecuencia de desastres desvela los vicios y las malas prácticas que son perpetuados por compadrazgos y pago de favores políticos.

La cercanía del huracán Patricia ha puesto en alerta al Sistema Nacional de Protección Civil en sus tres niveles de operación: nacional, estatal y municipal. Sin embargo lo que alcancen a hacer es poco para lo que pudo realizarse desde tiempo atrás. La labor preventiva es un proceso que requiere meses, años y hasta décadas de análisis y planeación estratégica para que funcione acertadamente. Mientras que las actividades preparativas son las que efectúan en este momento las autoridades con reuniones, avisos, recorridos, alertas, desplazamientos, canalización de recursos, etcétera, que intentan de manera emergente enfrentar los efectos del fenómeno inevitable.

Si hubiera una “cultura de protección civil” efectiva, no ocurrirían los desastres. Sin embargo en Colima, a penas nos reponemos de una catástrofe, cuando se manifiesta otra amenaza; para recordar: el temblor del año 2003, la sequía del año 2009, el huracán Jova del año 2011, la tormenta Manuel en el año 2013 y el actual huracán Patricia. Los daños de un desastre se suman a los eventos consecutivos. Por ello, más que una “cultura de protección civil” existe una “cultura de desastres”, como la ha denominado el historiador Greg Bankoff. Es decir, un conjunto de prácticas que le permiten a la sociedad paliar los impactos de un desastre, por medio de las redes sociales de apoyo, la restricción de gastos, la fe religiosa, la reconstrucción lenta y hasta el humor que encuentra en la desgracia la inspiración para un chiste. Pero resulta inaceptable que nos estemos adaptando a los desastres, y que las tragedias se vuelvan un elemento cultural. No debiera ser así.

Es deseable que falle el pronóstico y que el huracán Patricia se disuelva o cambie su rumbo para que los efectos sean más benéficos que dañinos. Sin embargo las condiciones anticipan el escenario de un nuevo desastre, que pudo ser menor, si hubiera una prevención integral y sistemática, pero no existe en Colima y no la habrá, mientras la protección civil dependa de los mismos mandos. Así, el huracán Patricia puede marcar el final de un esquema obsoleto y el cambio hacia un modelo preventivo y efectivo.

* Profesor e investigador de la U de C. Integrante de REDESClim (Red de Desastres Asociados a Fenómenos Hidrometeorológicos y Climáticos) y fundador de Alarmir (Red Internacional de Seminarios en Estudios Históricos de Desastres).

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s