La erupción de 1913, un relato y una procesión

Se han cumplido 100 años de la erupción del “volcán de Zapotlán”, llamado así desde el siglo XVI, pero también nombrado “El Colima” a principios del siglo XX; y recientemente “Volcán de Fuego de Colima”. El 20 de enero de 1913 dio inicio la erupción más intensa que produjo dicho volcán durante el siglo XX, al parecer sin causar muertes humanas. De hecho en el estado de Colima no hay, en los registros históricos, algún deceso documentado, asociado a la actividad eruptiva del volcán durante toda su historia. Esto se debe en parte a que existen pocos asentamientos humanos en torno al volcán, a diferencia por ejemplo de la cantidad de poblados ubicados en las faldas del volcán Popocatépetl.

Calle de San Pedro (Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco en adelante AGHMZ)
Calle de San Pedro (Imagen del Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco en adelante AGHMZ)

Además, los pobladores cercanos al volcán más activo de México conocen las señales naturales y evitan exponerse, incluso ante epifenómenos, como por ejemplo los lahares. La gente de campo que recorre las barrancas del volcán tiene el oído aguzado para captar los lahares y avenidas súbitas o “crecientes” que suelen producirse durante la temporada de lluvias, y se alejan con suficiente anticipación de la corriente de agua, arena, piedras y palos. Sin embargo, asentarse en el cauce de arroyos y barrancas aledañas al Volcán de Fuego de Colima ha sido mortal, como ocurrió en el poblado de Atenquique el 16 de octubre de 1955, cuando perecieron sepultadas 23 personas en un lahar.

La actividad del Volcán de Fuego de Colima nos enseña que por la trayectoria e intensidad de los vientos, sus efectos como la caída de arena y cenizas pueden representar riesgos para la salud y producir impactos a distancia en la infraestructura y en los distintos sectores productivos. Para identificar estos antecedentes son útiles los relatos o crónicas históricas que cuentan con cierta credibilidad, narran lo observado y se distancian de la fantasía literaria. Por ello vale la pena leer con atención los siguientes relatos que han sido recopilados por el arquitecto Fernando G. Castolo, director del Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco”, a quien se le agradece además su generosidad para facilitar las imágenes que ilustran este documento.

Calle del teatro Calle de San Pedro (AGHMZ)
Calle del teatro (Imagen AGHMZ)

Según dejó testimonio el jefe político de Zapotlán el Grande en 1913, en su relato: “El Volcán Colima hizo su primera erupción como a las 4:30 de la mañana y que consistió de pequeñas explosiones de pequeña magnitud. Pero a las 11:30 se escuchó un rumor subterráneo seguido de una detonación, levantándose en el espacio una hermosa nube de incalculable magnitud, y desde ese momento fue una serie de erupciones, continuadas casi sin interrupción, que bien podría decirse una sola, y a la 1:00 p. m. comenzó a caer una lluvia de arena que fue tomando grandes y alarmantes proporciones, pues a las 2:00 p. m. densas nubes habían invadido el horizonte y la lluvia de arena era tan fuerte que semejaba una tormenta de agua, produciendo las más tenebrosas tinieblas. Hasta las 8:30 p. m. se calmaron un poco los retumbos volcánicos y las descargas eléctricas, así como que se notó que la tormenta de arena disminuía. A las 10:00 p. m. calmó por completo el horizonte y dejándose ver la luna. La arena era jalosa de un espesor de 8 cm. promedio, que sepultó los pastos, los trigales, la alfalfa, legumbres y en general todas las siembras que empezaban a nacer y crecer. La ciudad semejaba los inmensos arenales de una playa de mar o desierto…” (1)

Ante la espectacular actividad del volcán, la sociedad afectada reaccionó de distintas maneras, una de ellas fue solicitar la intervención y protección divina de su Santo Patrono, a pesar de que la procesión podría intensificar en ese momento el conflicto ideológico entre religiosos y liberales. Al respecto, en un documento de la Parroquia de Zapotlán, transcrito por el arquitecto Fernando G. Castolo se lee lo siguiente:

 

Calle de la Reforma (Imagen AGHMZ)
Calle de la Reforma (Imagen AGHMZ)

“Al margen.- Lluvia de Arena de El Colima.

Dentro.- El lunes, 20 del actual, desde por la mañana “El Colima” tuvo varias erupciones máximas visibles desde esta ciudad, y las personas que las presenciaron pudieron admirar un espectáculo verdaderamente extraordinario, grandioso e imponente. A eso de la una de la tarde comenzó a encapotarse el cielo; y poco después a caer ceniza. A la una y cuarenta minutos, menuda arena producía sobre las hojas de las plantas golpetes semejantes al de las primeras lluvias de mayo. Las Tinieblas. Bien pronto la oscuridad fue adentrándose, de tal suerte que a eso de las dos y quince minutos, estábamos sumergidos en pavorosas tinieblas que nos hacían imaginarnos la tarde memorable del Calvario. Detonaciones Eléctricas. Las descargas producidas en la atmósfera preñada de electricidad y que repercutían con fragor inusitado iban causando una tristeza que a poco llegó al Pánico. Las mujeres y los niños poseídos de temor, no hallándose seguros en sus casas, corrieron a los templos en busca de refugio. Los hombres mismos haciendo por dominarse, dejaban traducir en su semblante la profunda angustia que sentían; y varios caballeros y damas ocurrieron Al Curato. Fueron a solicitar permiso para una procesión de Señor San José que siempre en trances como el que nos ocupamos ha sido de consuelo de los zapotlenses, el paño de lágrimas de estos sus hijos. Actitud del Párroco. Como lo aconsejaba la prudencia se les hizo ver a aquellas honorables personas que para una procesión pública eran contrarias las leyes vigentes, y que, los liberales que, especialmente en estos últimos días, han estado molestando con injurias, acusaciones y burlas a las autoridades civiles y eclesiásticas, podrían tomar de la procesión motivo para nuevos desmanes. En la Parroquia. Pocos momentos después el templo parroquial estaba henchido de gente. El espectáculo que presenciamos allí fue conmovedor, sublime… millones de oraciones se elevaban de aquellos corazones contritos por la desgracia, y el clamor de mil clamores, multiplicado por el eco de las sagradas bóvedas, saturaba el recinto del Santuario con la piedad de todo un pueblo… Señor San José. Fue descendida de su altar, la imagen venerada, testigo de catastróficos que el patrono querido de Zapotlán ha sabido aprovechar para conservar entre nosotros la cristiana fe. Al bajar la imagen amadísima de Señor San José para acercarse a sus hijos, el llanto clamoroso de unos, las lágrimas furtivas de otros, el palpitar violento de todos los corazones fueron la plegaria irresistible que llegó al dulce Padre de esta ciudad que tanto lo venera. La Procesión. Arrebatada no sé si por las manos o más bien por la fuerza de la ardentísima fe de tantas almas, acompañado de más de diez mil almas, salió la sagrada imagen calmando con su deseada presencia el ansia de los fieles, que solo de su siempre benéfica protección esperaban el remedio de necesidad tan grande. Vuelta a la Iglesia. Después de tres horas, regresó la Santa Imagen a su templo, entrando de rodillas muchos de los feligreses, llenos de confianza perseveraban en su oración, hasta que cesa la lluvia de arena. Las ocho de la noche serían cuando dejó de caer arena, dejando una capa de ocho o siete centímetros de espesor sobre el pavimento de las calles y sobre las azoteas de las casas. Al día siguiente (21). Amaneció Ciudad Guzmán, como cubierta por un sudario plomo que daba tinte de tristeza y de luto a los edificios, plazas y jardines. Temores. Se temía que los vapores de agua que, generalmente acompañan a las erupciones volcánicas, se resolvieran en lluvia e hicieran más grave el peso de la arena que cubría los techos; más Dios quiso que fueran lluvias ligerísimas que no causaron mal alguno. Algunas personas decían que podía venir alguna corriente de gases mortíferos, más no sucedió así. Éxodo de las Familias. Muchas familias salieron la noche del 20 en carros que los Ferrocarriles Mexicanos pusieron a disposición del público. En los días subsiguientes han salido otras muchas personas, y también han regresado ya varias de las que emigraron la noche del lunes… Extensa Zona. La arena y cenizas arrojadas por “El Colima” llegaron hasta las ciudades de Zacatecas, Aguascalientes y San Luis Potosí. De Arandas recibimos telegrama en el cual nos dicen que causó grande alarma por allá la lluvia de arena. De San Juan de los Lagos comunícanos que durante toda la noche muchísimas personas, alarmadas por las detonaciones eléctricas y por la ceniza y arena que caían, hacían penitencia y oración en las calles y templos de la ciudad…”(2)

Calle la Merced (Imagen AGHMZ)
Calle la Merced (Imagen AGHMZ)

En la erupción de 1913 la población colimense fue espectadora, mientras que los jaliscienses fueron impactados y vivieron momentos de angustia. Por razones como esta el Volcán de Fuego de Colima es percibido diferencialmente como una amenaza para las comunidades asentadas en su cercanía; incluso entre Colima y Jalisco cambia la percepción, pues los efectos e impactos de la actividad eruptiva han sido distintos en cada entidad.

En general el volcán es una amenaza porque representa riesgos para la sociedad vulnerable que vive de los sectores productivos que han sido más impactados, como la agricultura y la ganadería. El riesgo de muerte por erupción volcánica ha sido reducido al reducir la exposición y mejorar la comunicación con las comunidades, así como agilizar el desplazamiento de la sociedad en una situación de emergencia. Un ejemplo claro, en 1913, fue el uso de carros ferrocarrileros puestos al servicio del público para evacuar las personas afectadas. Sin embargo, los riesgos como la pérdida de cultivos y de ganado deben reducirse con otras estrategias más administrativas.

La tierra en torno al Volcán de Fuego de Colima es muy fértil, en parte por los minerales que recibe con las cenizas, pero se debe aprender a convivir con esas condiciones naturales para convertir una amenaza en un beneficio para las comunidades. Las erupciones históricas muestran momentos de crisis, pero han sido más las décadas de bonanza en el entorno natural del Volcán de Fuego de Colima, sin embargo cada quien cuenta cómo le va en la feria.

Referencias:

Castolo, Fernando G. (Comp.) 2012 Zapotlán, San José y el volcán de Colima (textos sobre la erupción del 20 de enero de 1913), Archivo General e Histórico Municipal “Juan S. Vizcaíno de Zapotlán el Grande, Jalisco”, Ciudad Guzmán.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

10 comentarios en “La erupción de 1913, un relato y una procesión

  1. Muy interesante éste artículo, ojalá los vecinos del volcán estemos preparados para otro acontecimiento similar, que de seguro ocurrirá. Gracias

    1. Gracias, sinceramente no veo una planeación adecuada ante un escenario muy intenso. Todo lo que veo son preparativos ante un escenario común, y si acaso consideran lo ocurrido en 1913, pero no más allá. Pero ya veremos.
      Saludos y favor de compartir.

  2. Desde hace tres años, sabemos que estamos en la puerta de un nuevo acontecimiento, porque desde hace cinco siglos que han quedado registradas, sobre todo las erupciones mayores, éstas han sido cíclicas, años más, años menos cada cien años. Así que no tenemos porque extrañarnos y estar conscientes que ya nos toca. Y considerando que en la actualidad, cientificos, y autoridades competentes están al pendiente de las manifestaciones del Coloso a través de observarlo y el permanente monitoreo, podemos tener confianza que si nosotros respetamos sus indicaciones los riesgos para la ciudadanía serán menores. No así lo que la misma naturaleza se encargará de hacer y sus consecuencias. El Señor y la Virgen Santísima nos cuidan y ellos mismos se encargarán de protegernos, pero debemos estar muy al pendiente y seguir las indicaciones que se nos vayan dando, conforme el desarrollo de lo que se vaya presentando.

    1. Tienes razón querida Belu, hay un mejor monitoreo, pero sinceramente no veo una planeación adecuada ante un escenario muy intenso. Todo lo que veo es preparativos ante un escenario común, y si acaso consideran lo ocurrido en 1913, pero no más allá.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s