Vírgenes protectoras

Dedicado a mis cuñadas Alida, Edith e Irma, devotas de la lectura.

 Mientras hacía trabajo etnográfico por la playa de Cuyutlán, Colima, me encontré con un pequeño altar donde se encuentra “Ntra. Madre María del Mar”, la cual tiene alrededor de sus pies múltiples conchas, caracoles y estrellas de mar; incluso con su mano izquierda sostiene un caracol. En la leyenda grabada en la entrada a la capilla se lee: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?, frase típica adjudicada a la Virgen de Guadalupe, mencionada cuando según le recordó al Indio Juan Diego por qué no debía tener miedo. Las letras grabadas también explican que la capilla fue bendecida por el Sr. Obispo José Luis Amezcua, el 9 de febrero de 2009, dato que me sorprendió, pues entonces es un altar reciente. Sin embargo, las características de la imagen me hicieron deducir que se trata de una virgen protectora de antiguas amenazas, seguramente marejadas, tsunamis, ciclones tropicales, torbellinos y cualquier otra calamidad proveniente del mar.

María del Mar
María del Mar

Para explicar las razones de esa capilla y la función de esa escultura que representa una virgen dirigiendo su mirada hacia el océano, uno puede preguntar a los comerciantes ubicados entre ella y el oleaje del mar, a lo largo de la playa, porque seguramente son ellos quienes perciben más los efectos e impactos de los fenómenos hidrometeorológicos y por lo tanto a quienes más protege. Pero también hay que recordar que la incapacidad de los humanos para adaptarnos y controlar las manifestaciones extremas del medio ambiente, ha asociado distintos fenómenos naturales con deidades. Los mayas prehispánicos llamaron Chirakán al Dios que producía los temblores, Yerukán al Dios volcán y Jurakán al Dios de los vientos y tempestades. Precisamente de la palabra “Jurakán” proviene el castellanismo “huracán”. A propósito el extraordinario antropólogo Fernando Ortiz notó que entre los españoles la “j” era pronunciada como “h” y por ello decían “huracanes”, en lugar de jurakanes. Aunque stambién encontró evidencia de que al huracán, los indios de la isla la Española, le llamaban Guabancex, nombre de otra deidad. ¿Quién sabe por qué prevaleció la palabra huracán?

Los españoles, al iniciar la conquista, vincularon los temblores, erupciones y tempestades o huracanes con expresiones diabólicas e incontrolables que atentaban contra las construcciones. Dice el historiador francés Alain Musset que los avecindados conservaron su discurso estereotipado, heredado de Séneca y de Hipócrates, que no podía resolver los problemas planteados por la naturaleza americana. Por consecuencia, en lugar de respuestas científicas, los españoles mandaron traer más deidades; entre las primeras, si no es que la primera, la Virgen de los Remedios, una de las advocaciones de la Virgen María.

Virgen de los remedios
Virgen de los remedios

Al paso del tiempo los orígenes y prácticas asociadas con las imágenes religiosas van quedando en el olvido o se transforma su significación y prácticas sociales, como en todos los rituales. Por fortuna, algunos historiadores como el ejemplar Edmundo O`Gorman han evidenciado imprecisiones que desentierran las sombras del mito más famoso de los milagros mexicanos. Otros historiadores, menos acuciosos han encontrado que la Virgen de Guadalupe y la Virgen de los Remedios son protectoras de la ciudad de México. En total son cuatro las vírgenes que protegen a la gran capital de nuestro país, por cada uno de sus “cuatro vientos”: “al norte la de Guadalupe, al sur la de la piedad, al oriente la de la Bala y al poniente la de los Remedios; las del norte y sur son de pintura, las de oriente y poniente, son de talla…”, precisan Matabuena y Rodríguez (2008: 49). Según estas historiadoras, el: “Cabildo de la Ciudad tomó bajo su protección [en 1574] el culto de la imagen” (Op cit.: 55) y desde entonces la Virgen de los Remedios es patrona de la Ciudad de México y protectora de sequías y pestes.

Aquí en Colima es muy popular el ritual de la Virgen de la Candelaria, aunque no es tan antiguo, pero sí de gran convocatoria. Esta veneración a la Candelaria, comenzó a raíz del desastre detonado por el tsunami de Cuyutlán del 22 de junio de 1932, como lo describe el Pbro. Crescenciano Brambila:

“Se cuenta que a principios de este siglo se salió el mar [en Cuyutlán] y fue tal el espanto y consternación de todos los habitantes de esta región que creyeron haber llegado al último día de su vida. En esta desolación se hacían rogativas pidiendo misericordia y perdón, y al amanecer encontraron a la Virgen de la Candelaria en la puerta lateral del templo mirando hacia el mar y como deteniéndolo para que no llegara a su pueblo. […] El mar se recogió hacia adentro como unos 200 metros y en seguida se levantó una ola tan grande que algunos la calculan en 40 metros de altura, viniéndose con tal velocidad hacia la playa, que alcanzó y arrastró a los vecinos que habían ido a la playa para admirar el fenómeno. Todo el pueblo de Cuyutlán fue inundado por las aguas y las casas arrancadas de cuajo, sepultando en la arena a muchos vecinos, que después tuvieron que sacarlos con arados (Brambila, 1964: 240).

En el año 2011, la conmemoración en Tecomán, Colima, incluyó una romería que inició y terminó en el templo de Santo Santiago, Santuario de la Virgen de la Candelaria. Se dio un paseo a la escultura de la Virgen de la Candelaria, en hombros, por las principales calles de la ciudad. Participaron en esta práctica social miles de feligreses, una banda de guerra, danzantes, chirimía, autoridades civiles y religiosas, carros alegóricos que representaban con humanos, objetos y animales algunos de los pasajes descritos en La Biblia. Y por primera vez, en ambos lados de la Virgen de la Candelaria, viajaron dos niños representando a Miguel Hidalgo y Costilla y a José María Morelos y Pavón, los llamados “padres de la patria”, para integrar un referente conmemorativo de los 200 años del inicio de la sangrienta Independencia de México.

Este sincretismo es un recurso de la construcción de la identidad y un acto ideológico, históricamente útil, pues desde su llegada al continente americano, las imágenes de las vírgenes han sido utilizadas para la fe y otros propósitos. “Llega la imagen de la Virgen de los Remedios [en 1519] traída por Juan Rodríguez de Villafuerte como protectora de la empresa de la Conquista, la imagen [presidió] la primera misa celebrada en Veracruz. La Virgen de los Remedios es venerada en el templo mayor de la gran Tenochtitlán, en donde [fue] mandada colocar por Hernán Cortés” mencionan Matabuena y Rodríguez (Op Cit.: 56) citando a Vivaldo Orejel Cuevas.

Posteriormente la misma imagen de la Virgen de los Remedios fue utilizada por el ejército realista contra los insurgentes y su estandarte de la imagen de la Virgen de Guadalupe. De esta manera, la imagen de la Virgen de los Remedios se “convirtió así en la capitana” (Op Cit.: 63). Incluso se ha publicado que cuando alguno de los bandos capturaba enemigos, los enjuiciaba con todo y virgen y ambos eran pasados por las armas en el paredón de fusilamiento.

Tanto en la lucha armada como en el culto, la Virgen de Guadalupe se impuso a la Virgen de los Remedios, aunque aún la imagen de la Virgen de los Remedios es paseada en romerías por caminos que conectan a Naucalpan, Estado de México, con la Ciudad de México, en las cuales se le ruega que traiga un buen temporal de lluvias y que proteja a la población contra las sequías y las epidemias.

Con estas reflexiones en mente, continuaré mi recorrido antropológico y les preguntaré a los amables cuyutlenses información acerca del origen de María del Mar, a ver qué me cuentan.

Referencias:

Brambila, Crescenciano

(1964) El obispado de Colima, apuntes históricos, geográficos y estadísticos. Colima, Ediciones de Occidente.

Matabuena Paláez, Teresa y Rodríguez Lobato, Marisela (2008) “El culto de la Virgen María en España y la Nueva España”, en De Florencia, Francisco. La milagrosa invención de un tesoro escondido… México, D.F., Universidad Iberoamericana-Biblioteca Francisco Xavier Clavijero.

Musset, Alain (1996) “Mudarse o desaparecer. Traslado de ciudades hispanoamericanas y desastres (siglos XVI-XVIII)”, en García Acosta, Virginia (Coord.) Historia y desastres en América Latina. Vol. I. Colombia, La RED/CIESAS, 41-69.

Ortiz, Fernando (1984) El huracán, su mitología y sus símbolos. México: FCE.

O`Gorman, Edmundo (1991) Destierro de sombras. México, Unam.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

Contacto: raypadillalozoya@hotmail.com y raypadillalozoya@gmail.com

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s