Monolitos históricos y preventivos en Japón

El periodista Jay Alabaster, de la agencia Associated Press, publicó un artículo titulado El tsunami impactó pueblos que olvidaron las alertas de sus ancestros (1). Ese documento es interesante porque ejemplifica varias ideas que en México hemos explorado investigadores que indagamos en los mecanismos de la memoria asociada a los desastres.

Recordemos que el 11 de marzo de 2011, en Japón, las olas rebasaron los diques construidos para contener el agua de mar de los recurrentes tsunamis. Evidentemente esos medios de protección y prevención resultaron inadecuados para algunas ciudades, porque fueron previstos y modelados para resistir ante escenarios distintos, menos intensos y destructivos.

En cambio, si quienes autorizaron la construcción de viviendas en esas zonas de riesgo por tsunami hubieran hecho caso a sus antepasados, hubieran muerto menos personas y los daños materiales serían menores. Ya sé que no existen los “si hubiera”, pero en este caso sí procede, por dos razones. La primera es porque en las inmediaciones de las zonas japonesas devastadas existe un ancestral sistema de alerta y señalización compuesto por cientos de marcadores monolíticos que tienen más de 600 años de antigüedad. Y la segunda razón es porque este sistema tradicional de alerta evitó que murieran más pobladores en las ciudades de Aneyoshi y Kesennuma, porque sus pobladores asentaron las casas por arriba del nivel de las marcas monolíticas, es decir, fuera del alcance y trayectoria del reciente gran tsunami.

Jay Alabaster divulgó en su artículo esta serie de monolitos con ancestrales inscripciones que alertan acerca de los riesgos de sismos y tsunamis en las costas de algunas ciudades de Japón. En las faldas de los cerros, entre los árboles y la hojarasca, se encuentran figuras de piedra que contienen distintos mensajes grabados, uno de ellos dice: “Viviendas en alto son la paz y la armonía de nuestros descendientes”, en otro monolito se lee: “Recuerde la calamidad de los grandes tsunamis. No construya ningún hogar por debajo de este punto”.

En el primer mensaje es evidente la recomendación preventiva. En el segundo es destacable la alusión a la memoria asociada a una amenaza geológica, o sea el tsunami. Pero además este segundo mensaje menciona, con precisión, el lugar donde se está menos expuesto y más protegido. Este tipo de expresiones son ejemplos clarísimos del uso de un vehículo de la memoria (2), asociado a ancestrales amenazas y desastres. En este caso, la herramienta es una serie de monolitos con una inscripción, demarcando una zona históricamente riesgosa y una zona segura para vivir.

Monolito con inscripción. Foto AP
Monolito con inscripción. Foto AP

Este sistema de alerta con molotitos preventivos no fue producto de un solo antecedente de terremoto y tsunami. El divulgador de The New York Times, Andrew C. Revkin, menciona algunos registros muy recientes específicamente en esas costas. “En 1896 un tsunami de 33 metros de altura ahogó la costa de Sanriku a 200 kilómetros al norte de Fukushima. Una ola de 23 metros surgió en la misma costa en 1933. Y en 1993 una ola de 30 metros barrió la isla de Okushira” (En: “Limits to disaster memory, even etched in stone”, en nytimes.com).

Este sistema tampoco es perfecto, porque solamente funciona para quienes hacen caso, como lo descubrió Jay Alabaster cuando entrevistó al japonés Yotaru Hatamura, quien le dijo: “La gente tenía este conocimiento crucial, pero estaban ocupados con sus vidas y trabajos, que muchos olvidaron”. Es decir, en el ajetreo de la vida moderna, muchos se olvidaron del riesgo por tsunami y pagaron las consecuencias. Lo cual puede pasarnos a nosotros, quienes lidiando con la vida cotidiana, podemos olvidar los riesgos sistémicos y antropogénicos de nuestro entorno.

En un monolito existe un mensaje para reaccionar ante la emergencia: “Si viene un terremoto, tenga cuidado de los tsunamis “, dice. En otro se previene: “Estén siempre preparados para los tsunamis. Elige la vida. Más que las pertenencias y objetos de valor”, sin embargo no todos hacen caso a las históricas recomendaciones. Algunos han seguido los consejos de sus antepasados​ y trasladaron sus casas a un terreno más alto hace más de 100 años. Pero otros no atienden ni los mensajes de alerta, como lo explicó el japonés Tetsuko Takahashi, de 70 años de edad, quien se salvó en su casa de las colinas. En la entrevista exclusiva con Jay Alabaster le dijo: “Después del terremoto, la gente regresó a sus hogares para recuperar y guardar objetos de valor, como las alfombras de su ‘tatami’. Todos ellos quedaron atrapados”.

En México son reproducidas las condiciones de riesgo y las vulnerabilidades. En los trámites de reconstrucción en zonas de riesgo y expuestas a las amenazas ha imperado una cultura preventiva de la simulación, pues a pesar de la evidencia histórica de terremotos y tsunamis no hay sistemas de alerta vanguardistas en las costas y es inexistente la señalización de riesgo de terremotos y tsunamis en las playas con esos riesgos, en las cuales proliferan los asentamientos y los negocios turísticos.

Pero también en Japón existe negliencia y vicios. Jay Alabaster entrevistó a Hiroshi Kosai, quien creció en Natori, pero se alejó de ahí después de cursar la secundaria. En cambio sus padres permanecieron en la casa de la familia y murieron en el reciente desastre. “Yo siempre le dije a mis padres que era peligroso,” pero no le hicieron caso. Y en tono pesimista agregó: “En cinco años se podrán encontrar casas que comienzan a brotar aquí otra vez”, sobre la zona destruida. Así es como se reproducen las condiciones de riesgos y se olvida el desastre.

Tal parece que la memoria asociada a los desastres es muy corta, incluso cuando existen vehículos que transportan el recuerdo de generación en generación, como el caso de estos monolitos preventivos. Al respecto, Jay Alabaster entrevistó a Fumihiko Imamura, profesor de planificación de desastres en la Universidad de Tohoku en Sendai, quien opinó que: “Se necesitan alrededor de tres generaciones para que la gente olvide un desastre. Los que experimentaron el desastre pasan la experiencia a sus hijos; estos a sus hijos, pero ahí la memoria se desvanece”.

Si Fumihiko Imamura tiene razón y la sociedad mexicana también tiene “memoria corta”, en unos cuantos años olvidamos un desastre, en unas cuantas horas olvidamos prevenir otro desastre, pero aguas, porque en unos cuantos segundos la pesadilla de un recuerdo puede volverse nuestra realidad.

(1) En Tsunami-hit towns forgot warnings from ancestors: http://news.yahoo.com/s/ap/20110406/ap_on_re_as/as_japan_earthquake_warnings_in_stone

(2) Respecto a los vehículos de la memoria también puede leer: Padilla Lozoya, Raymundo (2008) La memoria y sus vehículos, caso el huracán del 27 de octubre de 1959 en Minatitlán, Colima. Memoria en extenso del XV Congreso Internacional de Historia Oral. IOHA-UdeG, Guadalajara, México.

En: http://es.scribd.com/doc/6436616/Ponencia-La-Memoria-y-Sus-Vehiculos

 

PD. El día de mañana, martes 17 de mayo, a las 8:30 de la noche, impartiré en el Museo Regional de Historia de Colima una charla titulada “El huracán del 58 en San José, BCS, evidencias discursivas y gráficas”, en el marco de la cuarta Jornada de Divulgación del Cuerpo Académico 67 de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima. La entrada es totalmente gratuita y para todo el público en general.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

Contacto: raypadillalozoya@hotmail.com y raypadillalozoya@gmail.com

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