Sistema Universitario de Protección Civil, puerta hacia una mejor relación con el entorno

Con beneplácito leí la noticia acerca de la creación del “Sistema Universitario de Protección Civil”, presentado por el rector de la Universidad de Colima Miguel Ángel Aguayo López y autoridades que lo acompañaron (el ComentarioPresenta la Universidad de Colima nuevo Sistema Universitario de Protección Civil”) Este esfuerzo seguramente fortalecerá los trabajos que durante varios años han desarrollado la Brigada Universitaria de Primeros Auxilios (BUPA) y el Escuadrón Canino, pero además muestra un interés genuino e institucional por atender los riesgos que hemos evidenciado algunos investigadores de esta casa de estudios, desde hace varios años, en múltiples foros nacionales e internacionales.

Las amenazas son reales, mientras que los riesgos son construidos y percibidos socialmente. Por ello la investigación universitaria tiene la responsabilidad de informar a su comunidad y también a la demás sociedad colimense, acerca de las amenazas sistémicas del entorno. A pesar de que para algunos pudiera ser incómodo hablar de sismos, huracanes, volcanes y de los riesgos antropógenos. Como universitarios tenemos el deber ético de informar las amenazas y el cómo son percibidos los riesgos por nuestra sociedad, para en conjunto procurar una mejor conciencia de nuestro entorno e inspirar un desarrollo más sustentable.

La verdad, creo que ningún oriundo de Colima ignora las mayores amenazas, sobre todo las naturales, pero seguro requiere de información actualizada. Y es que ser colimote, o avecindado en Colima, implica aceptar, solidarizarse con la demás comunidad y encarar la recurrencia de varias amenazas, como la actividad eruptiva del Volcán de Fuego, los ciclones tropicales, los sismos impredecibles y diversos riesgos antropogénicos que incrementamos inconsciente o irresponsablemente.

Por lo que leí en la nota, este nuevo Sistema Universitario de Protección Civil mejorará la organización social, facilitará equipamiento adecuado y capacitará al personal, voluntarios y estudiantes. Pero creo conveniente que también este Sistema sea la puerta hacia un mejor entendimiento de nuestra convivencia cultural con el entorno. Es decir, debemos procurar que ya no sea acusada la naturaleza cuando ocurre un desastre, como si fuera la única culpable. Por ejemplo en la prensa recientemente leí: “Terremoto amenazó a 20 países”, “El superhuracán quiere comerse a Australia”, “Incendio devora Tecomán”, como si estas fuerzas de la naturaleza tuvieran esas “voluntades exclusivas de los humanos” de amenazar, comer o devorar.

En lugar de estas ligeras acusaciones, debe explicarse científicamente cuáles fueron las causas, condiciones de riesgo, exposición, vulnerabilidades, falta de prevención, limitadas capacidades, que detonaron esos desastres. La naturaleza no es mala y para nuestros ancestros prehispánicos era “nuestra madre naturaleza”. Conmemoraban a los sismos, sacaban provecho de los huracanes y propiciaban los incendios controlados. Entonces debemos reflexionar qué condiciones están propiciando que cada vez ocurran más desastres y sobre todo más caros.

Quizás como han publicado Wijkman y Timberlake existen actos de Dios, actos del hombre y actos de la naturaleza. O tal vez como dice Alan Lavell, los desastres son problemas no resueltos del desarrollo. O como advierte Virginia García Acosta: “si los desastres son cada vez más frecuentes no es porque haya cada día más amenazas naturales sino porque ciertas sociedades se han vuelto más vulnerables” (2006, 2). Véase también: http://www.youtube.com/watch?v=3obSLSTdXgI

Lo impostergable es reflexionar en serio acerca de los riesgos y desastres.

Considero que un Sistema Universitario de Protección Civil debe superar lo exclusivamente operativo, de emergencia y rescate, y además permitir la apertura a un debate teórico profundo, como si de verdad nos importara el futuro, dijera Michael Glanz. Es decir, este Sistema Universitario de Protección Civil surge en un momento histórico en que se cuestionan la seguridad, prosperidad y bienestar social ante los riesgos en países pobres y ricos. Al parecer nadie está a salvo, porque Haití, Chile, México, EU y Japón han enfrentado recientemente grandes desastres. Entonces vale la pena reflexionar qué está pasando con nuestros modelos de desarrollo pues a pesar del avance tecnológico y científico, no logran proteger a la totalidad de la población.

Para reflexionar estos temas será necesario contar con un amplio acervo bibliográfico actualizado, suscripciones a revistas especializadas, proyectos interdisciplinarios, financiamientos nacionales e internacionales, programas de radio y televisión, productos audiovisuales didácticos, publicaciones de divulgación, etcétera, pero sobre todo de permanencia del esfuerzo y conciencia de estos temas en el interior de las aulas para que surja un universo de ideas preventivas para nuestras familias.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos. Blog: https://raypadilla.wordpress.com/

Contacto: raypadillalozoya@hotmail.com y raypadillalozoya@gmail.com

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