Pistas de huracanes

En el siglo XIX y XX hubo fenómenos hidrometeorológicos que impactaron con categoría de huracán en zonas pobladas, causando destrozos en la ecología y tensión en las dinámicas cotidianas de las comunidades asentadas en la trayectoria que siguió el meteoro. Sin embargo, el registro histórico de los efectos de esos huracanes y sus impactos sociales suele ser prácticamente nulo. Si acaso se escribe una nota en la prensa y pocas ocasiones se encuentra un expediente o un documento amplio que mencione el acontecimiento y sus consecuencias políticas, económicas y sociales. Regularmente un historiador invierte uno o dos días, o más, en la búsqueda en archivo de al menos un documento alusivo a equis huracán, entre múltiples cajas de cientos de oficios de asuntos ocurridos en el año en que sucedió el fenómeno.

Para obtener algunas fechas específicas de sucesos desastrosos, no sólo los relacionados con impactos de huracanes, son inicialmente útiles las cronologías y efemérides elaboradas por historiadores, las cuales aparecen en diversos libros de historia local y regional. Cabe decir que en Colima, casi todas las cronologías y efemérides repiten más o menos los mismos sucesos. De tal forma que después de leer tres o cuatro, uno tiene la impresión de que en las cronologías recientemente publicadas, el autor transcribió solamente algunos sucesos que le parecieron importantes. Además hay pocas cronologías y efemérides honestas, es decir, que otorguen el crédito correspondiente a quien citó el suceso por primera vez. ¿Habrá en Colima algún estudio acerca de qué historiador le copió a sus antecesores sin darles el merecido crédito?

Cronología en mano, me apasiona buscar huracanes en la prensa. No siempre se tiene fortuna para encontrar una noticia amplia y fidedigna entre múltiples informaciones en cada página de cada edición. A veces uno se encuentra relatos asociados con fenómenos increíbles, aunque relacionados con el tema de los fenómenos hidrometeorológicos. A continuación cito un relato curioso que encontré en las páginas de El Estado de Colima, Periódico Oficial del Gobierno, en 1877.

El citado periódico oficial publicó el título “Efectos del aceite en el mar” al cual corresponde la información extraída del periódico llamado “Minero Mexicano, periódico bastante interesante en su género”, según lo aclara el semanario colimense que transcribió la noticia. Así, a través de El Estado de Colima, Periódico Oficial del Gobierno se divulgó a los lectores colimenses lo siguiente:

“Se ha publicado una relación sumamente interesante, sobre el uso del aceite con objeto de calmar el furor de las encrespadas olas del mar, y aliviar un tanto a los buques en una tempestad. De lo que vamos a tratar, son informes recibidos de la Mala de Bombay, relacionados con el buque King Henrie de 1400 toneladas, despachado para Bombay el pasado junio. Cuando se encontraba a la altura del cabo de Buena Esperanza, fue sorprendido por un temporal que venía N.O. y que continuó sin calmar por algún tiempo. Tremendos golpes de mar reventaban contra el buque, estallando sobre las bocas de las escotillas, sobre los cuarteles y botes, haciendo pedazos frente a la cámara principal varios objetos, y destruyendo los depósitos de ropa del capitán y de los oficiales.

Un mozo de la tripulación fue arrastrado por una ola sobre la cubierta y arrojado al mar sin poderlo recuperar, a pesar de haberlo intentado inútilmente. La tormenta duró cerca de cinco días, y aunque el buque se sostenía bien, se hacía imposible reparar las averías porque las olas continuaban siempre barriendo la cubierta. Por último, Mr. Boyer, oficial mayor, sugirió la idea de arrojar aceite sobre el agua. En seguida pidió dos cubos de lona poniendo en ella dos galones de aceite y agujereándolos en algunos puntos; hecho esto, se recorrieron los costados del buque esparciendo por fuera el aceite contenido en los tubos.

Májico [sic] fue el resultado que produjo; las olas cesaron de reventar sobre los costados y popa del buque, viéndose a distancia de muchas varas en circunferencia el agua mansa y tersa como un espejo. La tripulación, aprovechándose del maravilloso resultado obtenido se puso a reparar con gran facilidad las averías causadas por la tormenta.

Esto fue suficiente para que el buque descansara y se viese libre de los tremendos choques del embravecido mar. Dos días duró el efecto producido por el aceite, al cabo de los cuales, el furor de la tormenta se calmó y no hubo que emplear más aceite en el mar” El Estado de Colima, Periódico Oficial del Gobierno (21 de diciembre de 1877) Núm. 91, Tomo XI, 580.

Este increíble relato no debe ser desechado por las ciencias; al menos podría ser útil para las ciencias sociales. Para la historia y la antropología, el relato contiene elementos que proyectan características socioculturales propias del tiempo en que fue escrito, por ejemplo elementos argumentativos como: “periódico bastante interesante en su género” “informes recibidos de la Mala de Bombay”; posibles creencias, por ejemplo “Májico fue el resultado” e indicios míticos: “Esto fue suficiente para que el buque descansara”; en conjunto son elementos culturales que dos editores consideraron apropiados para su difusión en dos publicaciones, conocedores de las preferencias informativas de los lectores que hubo en una etapa histórica.

Incluso para algunas ciencias naturales este relato, por increíble que parezca, podría aportar evidencia fidedigna de la presencia de una “tempestad”, también llamada “temporal”, percibida a la altura del Cabo de Buena Esperanza por la tripulación del Buque King Henrie, propiedad de la compañía la Mala de Bombay, el cual zarpó al inicio de la temporada de huracanes en junio de 1877 hacia Bombay. Además de la descripción de los destrozos en la embarcación, característicos del impacto de un huracán a un navío en altamar, se menciona el gran oleaje y que “la tormenta duró cerca de cinco días”. Podría tratarse de otro fenómeno distinto, pero en la nota hay pistas de un huracán.

El caso en cuestión, en que uno se cuestiona la importancia científica de una información como la contenida en la noticia citada, me hace recordar al ilustre historiador estadounidense Robert Darnton (1939-), quien en su obra La gran matanza de gatos y otros episodios en la historia de la cultura francesa (1987), menciona que “Lo que fue sabiduría proverbial para nuestros antepasados, es completamente enigmático para nosotros”(12). En el mencionado libro Darnton utiliza cuentos como Mamá Oca y el relato de una matanza de gatos, para indagar en el pensamiento de los franceses comunes del siglo XVIII y en las formas como construyeron su mundo, le dieron significado y le infundieron emociones. Para Darton, los relatos comunes son como documentos importantes para la historia cultural y aunque “no pueden usarse para tipificar el pensamiento del siglo XVIII, […] sirven para adentrarnos en él” (12) Considera que al “examinar un documento en sus partes más oscuras, podemos descubrir un extraño sistema de significados. Esta pista nos puede conducir a una visión del mundo extraña y maravillosa” (12).

Yo creo que diversas noticias como la citada, pueden conformar un corpus que nos permita adentrarnos a varias construcciones simbólicas de los lectores de prensa con relación a ciertos fenómenos naturales, como pueden ser los ciclones tropicales. Pero mientras recopilo un corpus considerable, seguiré atento a las pistas de otros huracanes.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos.

Urgencias: raypadillalozoya@gmail.com y raypadillalozoya@me.com

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