Cazando noticias históricas de huracanes

Dedicado a Mara, directora del Archivo Histórico del estado de Colima, como agradecimiento por su generoso apoyo para consultar el Periódico Oficial.

Históricamente los meses de octubre y noviembre, en Colima, han sido muy propicios para la llegada de huracanes a playas colimenses. Incluso el día 27 de octubre, coincidentemente tres huracanes han causado grandes destrozos en los años de 1880, 1881 y 1959, según fue reportado en la prensa. La hemerografía es una valiosa fuente de información histórica para identificar el registro consecutivo, cronológico, pormenorizado y a veces muy apegado a la realidad de los acontecimientos locales y regionales, como lo son los huracanes.

En el proyecto Los huracanes en la historia de México: Memoria y Catálogo [http://huracanes.ciesas.edu.mx/] actualmente desarrollamos la etapa de consulta de la prensa disponible en cada archivo o hemeroteca de cada estado, durante cada mes y en cada uno de los días de la temporada de huracanes, hoja por hoja de cada edición de cada diario o al menos de los de mayor tiraje y antigüedad. Esta es una labor exhaustiva, un proceso muy lento, de años de trabajo, pero es increíblemente emocionante para quienes disfrutamos el olor a tinta y a papel viejo, pero sobre todo “leer”.

Como cualquier otra labor, el trabajo en archivo o hemeroteca implica algunos riesgos. Por ejemplo, en casi todos los documentos de los archivos o hemerotecas hay múltiples microbios, hongos, herpes y bacterias que al entrar en contacto con la piel humana reaccionan, algunos producen un simple enrojecimiento y excoriación y otros enfermedades en los pulmones y ojos. Por ello es imprescindible consultar los documentos históricos portando guantes de látex, lentes y tapaboca. Idealmente también debe usarse una bata.

Un riesgo menos probable, pero perceptiblemente más probable, es el de sufrir un infarto por susto al toparse con alguno de los fantasmas que deambulan entre los oscuros y silenciosos pasillos de los archivos, según lo asegura el personal de servicio de cada repositorio. “No hay archivo sin un fantasma”, dicen. “Lo peor no es verlo, sino que te mire”, aseguran los testigos. Yo nunca he visto un fantasma en ningún archivo de Sonora, Sinaloa, Baja California Sur, DF, Jalisco o Colima, pero en cada archivo hay una historia de fantasmas.

Fuera de esos riesgos, a los historiadores nos motiva la curiosidad, ella despierta un ánimo o intención similar al del explorador, sólo que nosotros buscamos en los documentos algún suceso en específico. Y para llegar a un dato útil se deben sortear múltiples obstáculos, principalmente financieros, burocráticos y medioambientales.

Obstáculos económicos porque alguien debe financiar la investigación y entre más lejos se encuentre el archivo o hemeroteca es mayor la inversión en el viaje, el cual no es siempre gratificante. Por obstáculos burocráticos me refiero a las diversas restricciones que tiene cada archivo y hemeroteca para facilitar el material, las cuales siempre son en beneficio de la preservación de los documentos. Pero también es una pesadilla acudir a un archivo o hemeroteca con personal holgazán, insuficiente, ignorante y negligente. Los obstáculos medioambientales son los imprevistos ocasionados por inundaciones y sismos, que pueden ocasionar que se limite o cierre la consulta durante días, meses y años, en detrimento del plan cronológico de la investigación. Y también incluyo en los obstáculos medioambientales la incomodidad de trabajar con calor. Es insoportable consultar documentos históricos sudando a chorros y usando los lentes, tapabocas y guantes de látex. Incluso creo que estos tres obstáculos han desilusionado y ahuyentado a muchos potenciales historiadores, más que la pésima formación histórica que se recibe en algunas aulas.

Son además muy necesarias la paciencia y la disciplina, firmes como las de un cazador, pues de ellas depende el hallazgo. El éxito se debe al talento para narrar o contar la historia. En ocasiones uno se dispone a cazar un asunto y atrapa otro, por ejemplo, estaba indagando en El Estado de Colima, Periódico Oficial del Gobierno cuando me encontré con el primer huracán difundido en Colima por ese periódico. El huracán del 7 de noviembre de 1867 no ocurrió en Colima, sino en Bagdad, Tamaulipas.

La reconocida escritora Carmen Boullosa menciona que Bagdad, Tamaulipas “nació cuando perdimos la mitad del territorio nacional, cerca de 1847, como un pueblecillo de pescadores en la boca del Río Bravo, fronterizo desde su nacimiento” (Boullosa, Carmen “El Oro Blanco de América”, en El Universal, 1 de julio de 2010).

Boullosa también asegura que el puerto de Bagdad se benefició de la Guerra Civil Estadounidense, pues sirvió a los esclavistas norteamericanos para exportar, entre 1861 y 1865, el algodón obtenido en las plantaciones sureñas, sobre todo cuando el presidente Lincoln bloqueó a los puertos del sur de su país. Así, Bagdad, Matamoros en pocos años fue un pueblo rico de 15 mil habitantes y tuvo su época de gloria comerciando el “oro blanco de América” hacia Nueva Orleans, la Habana, Nueva York, Boston, Barcelona, Hamburgo, Bremen y Liverpool.

El 4 de enero de 1866, el ejército mexicano encabezado por Mariano Escobedo y con ayuda de los gringos enfrentó en Bagdad, Tamaulipas, al ejército del Segundo Imperio Francés aliado con algunos mexicanos y repelieron la segunda intervención francesa. Bagdad, Matamoros era importante porque se trataba de un puerto ubicado estratégicamente en la desembocadura del Río Bravo, que desde entonces surtía de agua a Matamoros y a su vecina Brownsville, Texas. Después de la batalla, el ambiente sociopolítico en la zona era desorganizado, había constante asedio militar y poco a poco se recrudecían las condiciones de pobreza de la población. Los empresarios migraban, el comercio estaba bloqueado y el puerto iba a menos.

Un año después de la mencionada batalla, continuaba la vigilancia marítima en el puerto Bagdad ubicado a 40 kilómetros de Matamoros, pero a pesar de eso la población fue sorprendida y atestiguó el paso de un huracán que los impactó el jueves 7 de noviembre de 1867.

El sábado 9 de noviembre de 1867 la noticia llegó hasta Colima, Colima, México. Entonces El Estado de Colima, Periódico Oficial del Gobierno transcribió unas noticias publicadas en dos rotativos llamados El Observador y el Boletín Oficial, impresos en Matamoros, Tamaulipas, donde se relata lo relacionado con el ciclón percibido durante los días 7 y 8 de noviembre de 1867. A continuación trascribo fragmentos de las noticias históricas de este huracán:

Sobre Bagdad, Tamaulipas

“El Observador dice bajo este rubro Desgracias: Por las noticias traídas anoche por una persona llegada de la Boca del Río, se sabe que, con excepción de siete u ocho personas que perecieron, toda la población logró salvarse en los médanos. Sobre quince casas poco más o menos se dice que quedaron paradas únicamente. El resto de ellas fue destruido completamente por el huracán y la inundación que llegó al Pando, distante unas cuatro o cinco leguas de la Boca. Algunos víveres se enviaron de esta ciudad para las familias de la Boca, por disposición de las autoridades.

Y en el Boletín Oficial de la misma ciudad de Matamoros encontramos los artículos siguientes:

ULTIMAS NOTICIAS DE BAGDAD.- Como se esperaba, el terrible huracán mostró todo su furor en la villa de Bagdad. Según una comunicación que con fecha 8 del actual [noviembre] acaba de recibir el C. Gefe [sic] Político y Comandante Militar del distrito, de la Comandancia militar de aquella villa [Bagdad], los desastres han sido allí espantosos como lamentables. Comenzó a soplar el Norte en aquellas playas desde el 7 a la una de la tarde y ya para las seis, el huracán se había declarado con toda su fuerza durando así hasta media noche, en que después de una pequeña calma volvió a soplar con más furor del Sudeste, acompañado de una lluvia impetuosa y abundante, haciendo que el río se desbordase, al mismo tiempo que la marea, que retrocedía subiendo, inundaran tan rápidamente aquella villa, que a los pocos instantes ya había más de tres pies de agua en las calles. El viento que arreciaba en aquella hora y la mar que pasando sus límites se extendía [sic] aún más acá de la población, arrasaban con más prontitud que la que tardamos en decirlo, más de las tres cuartas partes de su caserío. Las casas que han quedado en pié son muy pocas, y éstas en muy mal estado.

Los primeros edificios desaparecieron. Del mercado, la Iglesia, el juzgado, la escuela y otros monumentos del pueblo, sólo quedaron los escombros, para decir a los que sobreviven “Aquí fue Bagdad”, la villa pintoresca, que saludaba con júbilo el navegante al divisarla desde el mar […].

El C. Gefe[sic] Político, en vista de la imposibilidad que existe de auxiliarlos prontamente, tanto por no haber comunicación por tierra, cuanto por no haber vapores que puedan en este momento ponerse en marcha, ha facultado al C. Fernández, para que se proporcione en esa los víveres necesarios, como igualmente los transportes posibles, autorizándolo ampliamente para responder de su importe por cuenta de esta Gefatura[sic]. Mientras tanto se le ha hecho de aquí un envío, custodiado por el gefe[sic] de la policía, de harina, galleta, azúcar y café, que llegarán a tiempo para socorrer las necesidades de los desgraciados.

Hasta la fecha de la comunicación de que hemos hecho referencia sólo se sabía haber perecido, la Sra. de Mellado y el Doctor Loevenstéin, entre las personas más conocidas, no pudiendo aquella autoridad dar otros informes más detallados por la precipitación con que despachaba el correo.

Los dos buques llegados últimamente, uno de Liverpool y otro de Nueva York, habían desaparecido sin saber la suerte que hayan corrido. Los vapores que estaban en el río y otras embarcaciones pequeñas, se divisan desde Bagdad, tiradas en el llano a una distancia de más de dos leguas […].

(El Estado de Colima, Periódico Oficial del Gobierno, noviembre 9 de 1867, Tomo I, No. 38, 3-4)

La escritora Carmen Boullosa cuenta que durante el huracán “El agua [entró] tierra adentro, arrastrando consigo las embarcaciones, destrozando las más. Noventa habitantes de Bagdad se habían refugiado en el barco [cañonero] de vapor [llamado] Antonia, la tormenta los arrastró cinco millas tierra adentro; cuando amainó el huracán, [estaban] del lado tejano del Río Bravo, y bien lejos de la ribera. -Todo se perdió, nada se salvó, ni siquiera nuestras provisiones- escribió un bagdeño. Tras el huracán, el hambre asoló el puerto. El Tamaulipas no. 2 transportó a 140 residentes posiblemente anglos, de Bagdad hacia Brownsville para salvar sus vidas.

Y otra fuente, el catálogo de Desastres Agrícolas en México registró con respecto al mismo huracán de 1867 que “se informó al gobernador del Estado de México que la junta encargada de colectar los donativos “para auxilio de las familias de Matamoros arruinadas por el huracán” reunió sólo $60.00, ya que ninguno de los hacendados quiso cooperar” (AHEM, Hacienda Pública, 1868, v. 28, e. 28., en Escobar Ohmstede, Antonio Desastres Agrícolas, tomo II, siglo XIX, 1822-1900, CIESAS y FCE, México, 97)

El mismo catálogo de Desastres Agrícolas reporta que 7 años después, es decir, en 1874, “El gobernador del estado de México pidió una recaudación de fondos para ayudar a los habitantes de Bagdad, quienes sufrieron destrozos por un huracán”(AHEM, Gobierno, v. 30, e. 27, 40 fs., en Escobar, op. cit., 113) Uno más de los muchos que han impactado el estado de Tamaulipas.

El 12 de agosto de 1880 otro huracán impactó Matamoros, Tamaulipas y sus poblaciones vecinas. Nuevamente la exposición de la población a los efectos de los ciclones tropicales y las condiciones de vulnerabilidad social se combinaron, pero esta vez fueron más determinantes para el futuro de Bagdad, Tamaulipas. El “gobernador de Tamaulipas [escribió] al gobernador de Michoacán que […] un terrible huracán “asoló esta ciudad [Matamoros] y sus alrededores, dejando sin hogar a más de mil familias cuyas casas están inundadas o convertidas en escombros. Los campos, formando extensos lagos no presentan huellas de sembrados, encontrándose tan sólo centenares de cabezas de ganado que flotan sobre las aguas y que no tardarán en desarrollar una peste, que, junto con la miseria agravará el estado aflictivo de esta comarca […]”. (AHPEM, Beneficencia, c. 1, e. 28, fs. 28., en Escobar, op. cit., 127)

Según Carmen Boullosa Bagdad fue declarado pueblo inexistente en 1880, pero en 1895 el citado catálogo de Desastres Agrícolas en México menciona a Bagdad entre la lista de pueblos impactados por un huracán, aunque no describe daños específicos para esa localidad (Escobar, op. cit., 227) Aún se debate la incierta fecha en que desapareció el Puerto Bagdad definitivamente. Véase: http://navegaciones.blogspot.com/2008/06/bagdad-tamaulipas.html Actualmente se encuentra en ese lugar la Playa Bagdad y es un sitio ideal para el turismo. En el año 2008 la Playa Bagdad fue dañada por el Huracán Ike, pero el saldo de muertos fue nulo. Y en este año 2010, el Huracán Alex pasó por Playa Bagdad, sin mayores consecuencias que económicas causadas por la exposición ante los efectos del intenso meteoro. No es coincidencia la reducción en el número de víctimas fatales en los dos acontecimientos ciclónicos, es producto de un aprendizaje ante un tipo de fenómeno recurrente. De su experiencia histórica debemos aprender también nosotros, pues en Colima igualmente estamos expuestos a los efectos de los huracanes.

Hasta aquí este sencillo ejemplo de cómo la curiosidad va llevando por datos que en ocasiones se relacionan y en otras se contraponen, pero que en conjunto van tejiendo una historia con sucesos narrados en una fuente y en otra. Una noticia histórica de un huracán en Tamaulipas, publicada en un periódico de Colima, puede mostrar múltiples evidencias, algunas sobre las respuestas ante las emergencias y otras acerca de la recurrencia de los ciclones y su impacto en la historia de un lugar. Con el proyecto Los Huracanes en la historia de México: Memoria y Catálogo, recopilamos muchísimas noticias históricas de huracanes porque en conjunto nos mostrarán los registros de sucesos y la evidencia de estrategias de adaptación de nuestras sociedades mexicanas a través de los siglos.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF. Integrante de la Sociedad Colimense de Estudios Históricos.

Urgencias: raypadillalozoya@gmail.com y raypadillalozoya@me.com

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