Anacronías en la guerra contra la delincuencia

Según un dicho popular, “el humano es el único animal capaz de tropezar con la misma piedra”. Esta expresión resume que aunque el humano intenta superar un reto en un segundo intento, en ocasiones el problema rebasa sus capacidades y lo hace caer en el mismo error. En otras palabras, el proceso de prueba y error puede repetirse infinitamente, cuando se trata de asuntos de humanos. Esto es lo que se observa en materia de seguridad y “guerra” contra la delincuencia organizada. Hay anacronías en los procedimientos y en los métodos y técnicas, lo cual provoca reincidencia en los acontecimientos lamentables. Me explico a continuación.

En el México de nuestros tiempos, la fibra óptica, el láser, los dispositivos de rastreo satelital, las armas no letales, el espionaje y la investigación, no son herramientas que formen parte de la guerra contra los grupos de delincuencia organizada. Son expresiones del cine “joligudense” de ciencia ficción. En lugar de hacer uso de estas tecnologías, nuestras autoridades compiten a las pedradas con resorteras de balas y escudos o chalecos. Pareciera que en el sistema de protección a los civiles no hubo un mínimo de aprendizaje y desarrollo tecnológico durante las pasadas guerras mundiales. El dicho “Según el sapo la pedrada” resume el paradigma que eclipsa las estrategias innovadoras y el uso de nuevas tecnologías y herramientas. Es otras palabras, nuestros cuerpos policíacos responden a los criminales con el mismo tipo de armas, que incluso un mismo fabricante podría distribuir a ambos ejércitos.

En lugar de competir a las pedradas, se debieran usar sistemas láser de verificación de identidad en las casetas de cobro de las autopistas y demás vías de transporte, dispositivos de rastreo en vehículos con sospechosos, armas no letales para aprehender vivo al delincuente y extraerle información; y sobre todo debiera usarse el espionaje y la investigación al interior de nuestra sociedad.

También existe anacronía en la forma como se muestra a los delincuentes. En tiempos de redes sociales gratuitas y medios de comunicación al servicio del Estado, la sociedad conoce a los delincuentes sólo hasta que sus fotografías son la portada sangrienta de un diario o la imagen televisiva. Así, el rostro de los delincuentes es trofeo  de las autoridades, cuando debiera ser la imagen pública de una persona non grata ante la sociedad.

El delincuente está en la propia sociedad, con expresiones culturales y modus vivendi. Como sociedad somos indiferentes e ingenuos ante las expresiones culturales de la delincuencia. Indiferentes sobre todo ante las expresiones de la narco-cultura y la sicario-cultura que se manifiestan desde en la vestimenta hasta en los timbres de celular y los grupos musicales que exponen historias donde se idolatra al delincuente y se festejan sus hazañas. A cambio de un beneficio económico se facilita la difusión de los eventos culturales que simpatizan con la cultura de la violencia. Pareciera que no hay autoridades que vigilen y restrinjan ciertas expresiones culturales donde es evidente la narco-cultura y la violencia. Somos incoherentes cuando por un lado facilitamos la promoción de la cultura de la violencia y por el otro respaldamos la guerra contra la delincuencia. Por ejemplo, afuera del tradicional hotel colimense llamado María Isabel ha sido colocado un cartel que promociona la presentación de un tipo que se hace llamar El Komander. La “K” en su nombre es debido a la similitud que esta tiene con la forma del arma llamada AK-47. En la foto del cartel El Komander sujeta en cada mano una pistola y con ellas posa como si amenazara a su target u observador, que en este caso son los jóvenes que asisten a los bachilleratos de la Universidad de Colima. Aunque también padecen la imagen los transeúntes que diario circulan por esa zona y hasta los turistas que debieran ser bienvenidos con otras imágenes al llegar a la ciudad de Colima.

En próximos días, lo que escucharán de El Komander los asistentes al Mega Palenque de Villa de Álvarez, será:

“Tengo un escuadrón de muerte, pistoleros que no fallan

Soy un hombre sanguinario, sin temor a las batallas,

Tengo una historia de guerra, Que mi carrera respalda “

Si eso no es narco-cultura que alguien me explique. Y si el cartel no promociona la violencia, entonces por qué contiene el nombre de Komander y un tipo sujeta un par de pistolas, pero además su discurso es propio de los sicarios. ¿A quién se le puede reclamar por diseñar, imprimir, autorizar, colgar y difundir esa imagen desde un espacio privado, pero que está estratégicamente colocado para ser visto desde un espacio público? Esto hace pensar que la empresa y sus clientes, así como las autoridades municipales simpatizan con las expresiones de El Komander y Los Buitres de Sinaloa, y a cambio de unas monedas anteponen la difusión de la narco-cultura. ¿A quién se puede denunciar por facilitar la “aculturación” de la violencia y el sicarismo en nuestra sociedad?

Qué dirían las madres de familia, las mujeres modernas y las incansables defensoras del género, si se enteran que las autoridades permiten la promoción y realización de eventos en donde miles de jóvenes entonan una letra que dice:

“Un comando bien armado voy a mandar a tu casa

que te saquen del greñero

te den 2, 3 cachetadas para que agarres el rollo”

Evidentemente es una letra misógina, donde el autor, es tan poco civilizado que en lugar de dialogar con su pareja, le enviará un comando bien armado para que la saquen del greñero. ¿Dónde quedaron esos tiempos cuando a una mujer no se le podía tocar ni con el pétalo de una rosa?

La anacronía de la “guerra” contra la delincuencia radica en que se ha omitido que en toda contienda, las expresiones culturales como himnos, canciones, poemas, novelas, logos, signos y símbolos del enemigo, los portan y usan sus simpatizantes. Pero en esta guerra contra el crimen organizado, hasta los niños escuchan en sus celulares narco-corridos y los jóvenes convierten sus automóviles en estaciones radiofónicas cuando en la calle abren las puertas de sus autos y dejan escapar el sonido que emiten las bocinas.

Históricamente la violencia se ha desarrollado en nuestra sociedad, al margen de la ingenuidad social y la impunidad institucional. El delincuente es ya un ente cultural, admirado por los niños y los jóvenes. El sicario se ha convertido en un ideal para alcanzar la vida material estructurada por los modelos culturales proyectados en los medios de comunicación. Por estas razones la estrategia de la guerra contra la delincuencia tiene elementos anacrónicos, se basa en la supremacía de las pedradas, cuando debiera ser más cultural, tecnológica y económica. Así, mientras no cambie el enfoque, seguiremos tropezando con las mismas piedras.

* Licenciado en Letras y Periodismo, maestro en Historia y doctorante en Antropología en el CIESAS DF.

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