El ciclón del 27 de octubre de 1959, en Cihuatlán

Por Mtro. Raymundo Padilla Lozoya y Lic. Laura Lizbeth Corona Peña

En el Occidente de la República mexicana se encuentra el paradisíaco municipio de Cihuatlán, el cual se localiza dentro de la llamada Región Costa Sur. Colinda al Norte con los municipios de Cuatitlán y la Huerta, al Sureste con el estado de Colima y al Suroeste con el Océano Pacífico. Su superficie territorial es de 713.7 Km. y la del Valle, en el cual se realizan las actividades económicas más importantes, es de 3,664 hectáreas. En ellas año con año sobreviven a las plagas y huracanes unas 220,000 palmeras, con una producción anual de 15 millones de cocos aproximadamente.

Del estado de Jalisco, Cihuatlán es una de las cinco entidades privilegiadas con espectaculares playas, las cuales bañan sus costas y dan gran importancia a lugares como Barra de Navidad, Melaque y Cuastecomates, por mencionar algunos. Después de la agricultura, las actividades económicas más redituables son las turísticas y de servicios, la ganadería y la pesca. Los hombres y las mujeres se nutren con el mar y la tierra, parafraseando el lema de su escudo oficial. La forma en que están ubicadas sus principales poblaciones y las distancias entre si, hacen de Cihuatlán una ciudad intercomunicada por una red de modernas carreteras.

Años atrás la riqueza del Valle de Cihuatlán se sustentó en la producción algodonera, con la cual se echaron a andar negocios. En la última década, la gente originaria de este municipio ha recibido a inmigrantes de los estados de Chiapas, Guerrero y Michoacán, debido a las distintas oportunidades de trabajo que ofrece el municipio. Sus principales actividades agrícolas son el cultivo y corte de cocos, plátanos, mangos y últimamente la siembra de chiles. Estos productos son regados por las aguas del caudaloso Río Marabasco, el cual cada vez que se presentan lluvias intensas se sale de madre y ocasiona estragos en los sembradíos y potreros.

Así, entre tanta belleza para los pobladores del municipio también se encuentran sus principales retos, los fenómenos naturales. Como los ciclones tropicales de 1944 y 1959, o los temblores de 1985 y 1995. También existen plagas, entre ellas la mosca mosca “>mexicana de la fruta que afecta al mango y guayabo. La mosca pinta que daña los pastizales y ocasiona grandes pérdidas anuales en los agostaderos. O el picudo y el gusano barrenador de chile que representan en conjunto aproximadamente el 80% de los costos por sanidad de este cultivo.

Esta es la vida de contradiciones naturales que presenta Cihuatlán. De ella pretendemos mostrar, a través de dos testimonios distintos, el sentir de quien sufrió hace 44 años un momento de esos en que no quisiera uno vivir ahí. La metodología empleada en este artículo tomó elementos de la entrevista oral (1)  y a continuación se presentan fragmentos de las entrevistas realizadas, con los propósitos de recordar la fecha trágica y para saber qué ha perdurado en la memoria de los testigos.

En 1959, el huracán del 27 de octubre derribó casi en su totalidad las Cayaqueras del Valle de San Patricio-Jaluco en Barra de Navidad. El fenómeno se sintió con mayor fuerza en Manzanillo y Minatitlán (2), en donde incluso ocasionó cientos de pérdidas humanas, al menos así lo testifican los sobrevivientes y los diarios capitalinos de mayor tiraje en la época (3). Sin embargo, al consultar la prensa capitalina nos percatamos que poco se ha escrito sobre este huracán y sus efectos en Cihuatlán (4), lo cual es otra razón más para abordar el tema. Este ciclón fue quizá el más devastador del valle de Cihuatlán en el siglo pasado y como prueba de su furia a continuación aparecen algunos testimonios que lo describen desde distintos puntos de vista. Cabe mencionar que los fragmentos de las entrevistas fueron transcritos con la mayor fidelidad posible, con la intención de mantener las características descriptivas de los testigos y su experiencia vivencial. Sólo agregamos entre corchetes algunas breves intervenciones que consideramos pertinentes.

“-Nosotras vivíamos… ira, por la calle esa. No me acuerdo si es Degollado. Y empezó en la madrugada. ¿Como a qué sería? ya como a las dos de la mañana y de ahí, pos un aire fuerte que nos abría puertas, pero no nos salimos ya hasta la mañana. Ya que nos sacaron, el río nos llegaba al pecho. Yo nomás sacaba así las manos….Nos sacaron a una esquina que era onde vivía la Chata, mamá de Olimpia Santana y ahí nos llevaron y de ahí entró el río otra otra “>vez y ya no pudimos estar en la tienda. Se acabó allí, entonces nos fuimos a otra casa onde están orita los inditos, [en el centro de Cihuatlán] allí en una casa más alta. De allí siempre nos sacaron porque ya entró el río ¿eda?, otra vez y así ya pasaban pasaban “>lanchas por ahí y eso. Entonces nos sacaron a la casa de Eva Martínez acá pa´rriba y acá ora sí ya no. Allí estuvimos 22 días y de ahí iba yo al río, íbamos a ver y pasaban así….. con una soga, sacaban los cuerpos de allí, sacaban bestias, iban…..vivos a veces, si… todos eda y en los palos así se traían los roperos, ahí traían gallinas, hey, animales, todo eso venía. Y este… ya de ahí nos veníamos y acá ¿ónde te diré? A ónde era la escuela, era ahí, allí inyectaban, allí había doctores. Y como no dejaban pasar a nadie, a nadie, a nadie, subía yo por acá alrededor…brincaba bardas yo para llevar la comida. Ya de ahí yo me enfermé como de nervios y ahí me estuvieron atendiendo-.” (Entrevista realizada a Conchita Govea el día 22 de septiembre de 2003, en su domicilio particular en Cihuatlán)

Conchita Govea tenía en 1959 la edad de 20 años y dice que la fuerza del ciclón duró desde las dos de la madrugada hasta las siete de la mañana. Pero el agua del río mantuvo una gran afluencia hasta el atardecer, que fue lo que afectó al pueblo de Cihuatlán. Conchita al decir que estuvo 22 días ahí, se refiere a que ese tiempo duró fuera de su casa, sin poder regresar. Su humilde casa se encontraba cerca de la orilla del Río Marabasco y hasta que bajó el nivel del agua y el lodo se secó, pudo regresar al lugar donde vivía en compañía de su mamá, una mujer de avanzada edad.

¿Cuánto tiempo duró el nivel del agua?

-No pos seguimos yendo a verlo [al Río Marabasco] porque no bajaba el nivel, entonces allá abajo en los potreros…allá quedó mucha cosa, que roperos, que muebles, que gente. Había mucho olor feo de tanta gente que había allí y los sacaban y pos algunos hacían pozos en sus potreros y los echaban [a los cadáveres que arrastró el Río Marabasco desde Minatitlán], pero hasta que se pudo entrar bien, pero para eso duraron días, nosotros allí [en la casa de Eva Martínez] duramos 22 días-.

¿Hubo muchos muertos Conchita?

– ¡Huuuy si!, hubo hubo “>muchos pero no de aquí [de Minatitlán], hubo músicos que se vinieron ahí… que estaban estaban “>tocando y que estaban en fiestas allá en Minatitlán. Y cuenta un señor que se encontraban cosas así, buenas de valor. Se encontraron una mano y esa mano tenía un brazalete y dijo el señor -no pos yo nomás me traje el brazalete- ¿quién sería? quién sabe, ese señor, -yo la mano la dejé-.

El señor Chabelo Silva Benítez  también nos platicó brevemente al respecto del ciclón del 59 y a continuación rescatamos su vivencia. (Entrevista a Don Chabelo Silva Benítez, realizada el 23 de septiembre de 2003, en su domicilio en El Poblado, municipio de Manzanillo).

¿Cuantos años tenía usted cuando se presentó el huracán?

-Mi hermano el más chico tenía 10 meses y yo ya estaba crecidito [alrededor de doce o trece años] y los dos salimos-.

¿En dónde estaba cuando empezó el ciclón?

-Yo vivía con una tía que le decía mamá y fue mi apa pa´traernos a la casa a donde estaban ellos y nos subimos a un tapanco-.

¿Cómo reaccionó su mamá ante esa situación?

-Mi mamá se puso muy muy “>nerviosa, asustada, y yo me envolví en un poncho y el tapanco ya estaba ladeado. Entonces salimos y yo salí por otro lado, el aire era muy fuerte-.

-Yo llevaba un hermano hermano “>abrazado y me quitó la cobija [el aire] y nomas a él no lo solté [a su hermano menor]. Y estábamos ahí [a un lado de su casa], y empezó y empezó y cuando amaneció y fuimos a ordeñar y eso, vimos que un carro estaba parado [a la entrada de Cihuatlán] con gente.

¿Hubo mucha gente muerta?

-De aquí [de Cihuatlán] no hubo gente muerta. De Minatitlán si, pos se trajo a todos los soldados que estaban encuartelados y se los trajo con toy y todo. Había árboles enterrados y había muertos-.

Si bien el ciclón afectó de manera muy diferente a ambos testigos, en los dos se nota su impresión por los cadáveres que arrastró el Río Marabasco desde Minatitlán. Lo interesante es que a pesar de la diferencia de edades en el momento del huracán, tanto Doña Conchita como Don Chabelo lo “>recuerdan muy bien lo acontecido. Y sin duda al leer estos breves relatos, se agregarán a ellos las experiencias que usted tenga lector. Pues Cihuatlán, al igual que el estado de Colima es una tierra de contrastes, entre lo bello que ofrece su naturaleza y lo dramática que puede ser una experiencia desastroza. Pero pareciera que la belleza natural vale el precio de exponer la vida misma cada año en que se presentan las inclemencias del medio ambiente y se les suman las condiciones de vulnerabilidad de los asentamientos humanos.

Es impactante el relato sobre el brazalete, porque nos muestra esa faceta de la condición humana. Y por el contrario nos conmueve la actitud del entonces niño cargando en sus brazos a su hermano. Los Cihuatlenses han sufrido muchas desgracias materiales y humanas, a través de la historia, como lo argumentan estos breves relatos. Sin embargo los sobrevivientes del ciclón del 59, como de otros ciclones ciclones “>posteriores, han demostraron ser una comunidad con gran arraigo. Por distintas razones continúan viviendo ahí, en una zona a punto de cumplir 50 años de riesgo por ciclones tropicales.

Urgencias:

raypadillalozoya@hotmail.com

raypadillalozoya@me.com

(1) Para mayores referencias sobre esta metodología y sus técnicas consúltese Graciela de Garay (coordinadora) La historia con micrófono (México: Instituto Mora, 1999)

(2) Importantes fuentes sobre este fenómeno son el libro del profesor Ismael Aguayo Figueroa Ciclón (Colima: Escuela de Artes y Oficios de Colima, 1960) y sus textos publicados en la prensa local en distintas fechas.

(3) Fueron consultados distintos ejemplares de Ecos de la Costa y del Diario de Colima, que aparecieron publicados en varias fechas coincidentes con los aniversarios del desastre.

(4) Víctor Santoyo Araiza ha descrito también el acontecimiento en su Historia de Cihuatlán, al parecer inédita.

Casas destruidas en CihuatlánCalle de CihuatlánCasas de CihuatlánPuente en Cihuatlán

Fotos:

1) Las casas que se encontraban en las orillas del Río Marabasco quedaron destruidas casi por completo. En la gráfica se observan algunos rescatistas voluntarios. (Foto propiedad de Francisco Gómez)

2) Calle Álvaro Obregón, prolongación Aquiles Serdán. La imagen muestra que ante el asombro de los testigos el nivel del agua superó las banquetas y en algunos metros tapó las llantas de los automóviles. (Foto propiedad de Francisco Gómez)

3) Casas de la Colonia Las Parejas, a ellas aún les llega el caudal del Río Marabasco en cada inundación. (Foto propiedad de Francisco Gómez)

4) La fuerza del Río Marabasco arrastró los cimientos del puente Cihuatlán, entonces en plena construcción, que conecta a Jalisco con Colima.

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