La porcina influenza mediática

Por primera vez en la historia de México se toman medidas preventivas y de respuesta tan rápidamente ante una amenaza nacional e internacional, detonada por el virus de la influenza porcina. Me parece que la respuesta institucional ha sido oportuna y posiblemente contrarrestará el contagio por el virus de la influenza en cualquiera de sus presentaciones. Hasta hoy contamos con resultados parciales de las estrategias institucionales y sería imprudente anticipar juicios.

En cambio, con relación a la comunicación del riesgo, creo conveniente reflexionar acerca de las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas, que están emergiendo, las cuales son la columna de los análisis FODA. No aplicaré rigurosamente el método del análisis, pero sus variables me servirán de guía para dar un orden a los comentarios.

Entiendo la comunicación como el proceso en el que se transmite información entre el emisor y el receptor, en cualquier formato y a través de algún canal. Y como Allan Lavell, especialista en prevención de desastres en América Latina, creo que el riesgo es la probabilidad de sufrir daños debido a equis amenaza y al grado de vulnerabilidad. (Consulte virtualmente: Gestión de riesgos ambientales urbanos, 1999).

La mayor fortaleza mexicana de la comunicación del riesgo por influenza es la cobertura nacional informativa. Prácticamente toda la sociedad del país cuenta con algún acceso a la radio, televisión, prensa e Internet. Por lo tanto en medio de esta emergencia, sería oportuno investigar el flujo de información, específicamente ¿cómo se informó la gente? considerando variables de frecuencia, omisión y credibilidad. Me atrevo a conjeturar que las principales debilidades del flujo informativo son la cuestionada credibilidad en los noticieros y la poca atención de la gente a los noticiarios. Aclaro que los noticieros son los comunicadores de información y los noticiarios son los espacios noticiosos que difunden los datos. Y precisamente en los datos es donde encuentro las amenazas informativas en esta emergencia propiciada por la influenza. Me refiero particularmente a la presentación de los datos en las noticias, las carencias de elementos básicos de la nota informativa y la superficialidad de la información.

En cuanto a la presentación de los datos en las noticias prolifera el estilo alarmista. Para prueba un botón: si usted vio el noticiario con Joaquín López Dóriga el viernes 24 de abril sabrá a qué me refiero, pero si no lo vio, lo invito a que eche un vistazo a los primeros cinco minutos de bombardeo informativo  en: http://www.tvolucion.com/noticieros/noticiero-con-joaquin-lopez-doriga

Su contenido es indudablemente periodístico, pero la forma de presentar la información es evidentemente alarmista. ¿Será éticamente aceptable? ¿Inducirá algún estado de estrés en el noctámbulo televidente? ¿Es madura la sociedad para juzgar el trabajo de este noticiero y evitar la psicosis colectiva? Y lo más importante ¿contribuyeron esos minutos de alarma informativa con la prevención?

Respecto a las carencias de elementos básicos de la nota informativa, sustentaré mis opiniones con un ejercicio realizado en el aula entre mis alumnos de cuarto semestre de la Licenciatura en Periodismo de la Universidad de Colima. Reproducimos el mencionado noticiario y le cuestionamos a cada uno de los bloques informativos las preguntas: qué, quién, cuándo, cómo, dónde y porqué, que idealmente debe contener cada noticia. Para nuestra sorpresa, muy pocos bloques estaban completos y en la mayoría nosotros debíamos deducir datos. Por ejemplo no teníamos certeza si los registros aportados aludían a la influenza en general, o específicamente a la influenza aviar o a la influenza porcina. En ese análisis tampoco nos quedó claro cuál tipo de influenza es mortal o si solamente es un detonador de otros padecimientos que conllevan a la muerte. Y aún nos pareció más incierto que el tapabocas previniera plenamente el contagio, como se mostró en el noticiario con imágenes de una escena evidentemente preparada con apoyo de personal del Ejército Nacional entregando tapabocas. Poco se informó de la higiene y las costumbres que favorecen la transmisión del virus.

Por información superficial me refiero a que en la mayoría de las noticias difundidas destacan los contagiados y los muertos, la posibilidad de una vacuna, la identificación de culpables y los debates estériles de políticos oportunistas ansiosos de reflector, quienes ignoran el significado de la frase “zapatero a tus zapatos”. En estos días cualquier político se siente al mismo tiempo médico o doctor – epidemiólogo – infectólogo – científico – investigador y luchador social, menos gente de pueblo como tanto pregona en otras circunstancias. La gente de pueblo poco sabe de epidemias, pero fácilmente identifica a los políticos contagiados.

El fondo informativo de esta epidemia debe incidir en la prevención de la transmisión del virus. Destacando las condiciones económicas, políticas y culturales que nos hacen vulnerables al contagio y fortalecen la amenaza, como la pobreza en que están sumergidos miles de mexicanos habitantes de espacios reducidos, donde las carencias inhiben los buenos hábitos, como el de lavarse las manos constantemente cuando no se cuenta con agua.

Esta amenaza es democrática y por ello vale la pena cuestionarnos qué la fortalece. ¿Por qué nos picamos tanto la nariz y nos tallamos la cara y alrededor de los ojos? ¿Será a causa de la contaminación ambiental? ¿Por qué mueren tantos contagiados por la influenza? ¿Será porque intentan evitar la burocracia en la atención médica institucional del llamado “matasanos” y optan por la automedicación inducida y solapada por funcionarios y medios de comunicación? ¿Por qué es riesgoso tocarnos? ¿Será porque no hemos sido vacunados y en México carecemos de laboratorios y centros de investigación contra la influenza? ¿Por qué tenemos incertidumbre e inseguridad en la información que captamos en los medios de comunicación? ¿Será porque se duda de la información gubernamental y es mediocre la oferta mediática?

 

A pesar de que en las notas difundidas en los medios proliferan los boletines de prensa institucionales y por lo tanto el reportero tiene menos trabajo, se hace poca investigación periodística. En esta epidemia los noticieros son interlocutores y moderadores, porque son ignorantes del tema y porque reconocen que es muy riesgoso improvisar. De entre la maraña de opciones informativas ha destacado el formato del panel con especialistas, para responder a las infinitas preguntas del público que cuestiona por la vía telefónica o a través del chat y el correo electrónico. Parece que en esta emergencia, el periodismo identificó el riesgo de mal informar y promueve el panel con especialistas. Este formato, en parte, nos ha librado de la influenza porcina de los medios. 

Urgencias:

raypadillalozoya@hotmail.com y rpadilla@ucol.mx

Este billete circula por los correos electrónicos
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Artículo publicado en los diarios el Comentario y elbuenvecino.com

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