Olvidar es peligroso

Procuremos olvidar lo que traído a la memoria nos entristece.

Séneca.

 

Durante el mes de julio el estado de Colima ha sido afectado por distintas fuerzas naturales, por ejemplo temblores en 1932, 1933, 1957 y 1974. También ciclones y huracanes en 1933, 1984, 1986, 1987 y 1993. Estos datos solamente son registros. Importantes para identificar las fechas de sucesos posiblemente desastrosos, construir una cronología y satisfacer las inquietudes de algún historiador empírico. Sin embargo los estudios históricos de desastres son más que enlistar registros: construyen parte de la memoria histórica.

Para la doctora Virginia García Acosta “la memoria histórica puede mostrarnos de qué manera los desastres constituyen el resultado de procesos en los que intervienen fenómenos tanto naturales como sociales”, observables a través de la lente de la historia y de otras ciencias que han hecho posible entender que los desastres no son acontecimientos aislados, fortuitos y muchas veces impredecibles. (Virginia García Acosta, et al. 2003. Desastres agrícolas en México, catálogo histórico, Tomo 1, épocas prehispánica y colonial 958-1822, 25).

Los desastres no son aislados porque regularmente tienen antecedentes en la misma zona de riesgo, aunque con el paso de tiempo se van desvaneciendo los rastros que las ciencias exactas en combinación con las ciencias sociales pueden encontrar. No son fortuitos porque regularmente ocurren en alguna zona de riesgo en la cual se ha establecido un asentamiento humano. Y no son totalmente impredecibles porque es muy posible que los estudios científicos puedan deducir o anunciar un probable desastre con base en la aplicación de metodologías, técnicas y herramientas interdisciplinarias que incluyen desde la observación hasta los sistemas de información geográfica, es decir, desde la antropología y la historia, hasta la geomorfología, la hidrología y demás ciencias en conjunto.

La doctora Virginia García Acosta señala que la incursión de los científicos sociales en los estudios de desastres ha permitido formular y contestar preguntas de investigación como: ¿por qué las diversas sociedades del pasado se preocuparon por registrar este tipo de fenómenos, cuáles fueron las características de estos registros y cómo se modificaron a lo largo del tiempo? ¿Cuáles fueron las acciones puestas en práctica en el momento de la emergencia? ¿Existieron medidas de prevención, o bien, qué formas adoptó la respuesta: organizada o estructurada, dirigida o espontánea? (Ibíd., 28-29). En pocas palabras, con el uso del método histórico conocemos el antes, durante y después de un desastre, porque está registrado de una u otra manera.

Brevemente trataré de dar algunas pistas. Si el evento que se estudia es reciente (siglo XXI) existen infinidad de fuentes, incluso alguien de nuestra familia, grupo de amigos o conocidos fue testigo de algún fenómeno natural o desastre y puede contar su experiencia en una entrevista. Además es muy probable adquirir múltiples fotografías, videos, acuerdos de cabildo, declaraciones de funcionarios, recortes de periódicos, poemas, datos oficiales y extraoficiales. Con todas esas fuentes se reconstruye un acontecimiento y se construye una interpretación del mismo. Pero aún podemos ir más atrás.

En una región susceptible a varios riesgos como el Occidente de México, los periódicos y libros describen acontecimientos del siglo XX con múltiples datos que deben ser analizados, sistematizados y contrastados con fuentes científicas para deducir con mayor precisión las características. También existen fuentes institucionales que cuentan con útiles registros como la Comisión Nacional del Agua, el Servicio Meteorológico Nacional o el Servicio Sismológico Nacional.

Si el evento que se estudia ocurrió en el siglo XIX, es posible consultar algunos periódicos, pero sobre todo cartas familiares, pinturas, relatos o crónicas, correspondencia de funcionarios públicos, informes agrícolas, actas de cabildo y con una buena búsqueda hasta fotografías. En su conjunto, estas fuentes le permiten al investigador entretejer múltiples causalidades y describir lo sucedido. Con forme se viaja al pasado disminuyen el número de fuentes de información, pero los datos están esperando que alguien los descubra y utilice.

Con este breve panorama, es evidente que el trabajo en casos de desastre debe iniciar desde más atrás de las acciones de respuesta, emergencia, atención, rehabilitación y reconstrucción. Por lo tanto debemos trabajar en conjunto la academia y las instituciones públicas para ampliar el marco de estudio de los desastres.


Urgencias:
raypadillalozoya@hotmail.com y rpadilla@ucol.mx

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