Llovió el mero Día de San Juan

La tormenta en Minatitlán del martes 24 de junio reitera una creencia popular y también evidencia carencias en la calidad de la difusión que se hace a una respuesta o emergencia. Leo en el periódico Ecos de la Costa el título: “Tormenta daña cien viviendas en Minatitlán” y al reflexionar la noticia imagino la melancolía de las familias que habitan en las cien viviendas afectadas, los daños en las bardas de sus casas, las abolladuras que sufrieron sus vehículos, los árboles caídos en las calles, los anuncios comerciales torcidos y las antenas de comunicación desconectadas. Confieso que me veo obligado a incluir algunas palabras al cuerpo de la noticia para llenar en parte, con más detalles, los evidentes huecos informativos. La noticia solamente menciona: “Resultaron dañadas principalmente viviendas, bardas, vehículos y árboles” (Ecos de la costa, 28 de junio de 2008) y más adelante su autora Patricia Olguín Flores agrega que: “también resultaron dañados algunos vehículos, anuncios de comercios y antenas de radiocomunicación”. (Ibíd.)

Al final de texto de la noticia, la simbología “(BP)” me sugiere por experiencia profesional que es un boletín de prensa, y por ese motivo no debería firmarse. Pero tampoco es evidente cuál institución está informando: ¿la Unidad Estatal de Protección Civil, el Ayuntamiento de Minatitlán o Gobierno del Estado? Es decir ¿el director general de Protección Civil, el presidente del Municipio de Minatitlán, o el secretario general de Gobierno del Estado? Porque si es boletín de prensa, una institución es la responsable de difundir el mensaje; si es uno de los tres funcionarios públicos, ¿cuál de ellos está omitiendo los nombres de los minatitlenses afectados y se ha asegurado de incluir el suyo y el de sus acompañantes en la divulgación de la comisión? Pero, si en realidad es boletín de prensa ¿por qué lo firmó Patricia Olguín Flores? Y al firmarlo ¿Le pagaron por esta noticia o boletín? ¿Fue su empresa o alguna de las tres instituciones? ¿Con dinero del erario público o particular de los funcionarios? ¿Existirán respuestas para estas preguntas?

Como la información firmada por Patricia Olguín hace -desde el primer párrafo- más énfasis en los nombres de los funcionarios públicos que en las condiciones de vulnerabilidad de los habitantes de zona afectada, omite gran cantidad de los detalles del daño y son nulas las características del fenómeno hidrometeorológico. Supongo que debería entrevistarme con cada uno de los tres funcionarios para saber más de este evento y sus consecuencias a corto, mediano y largo plazo. Así, por separado me contarían su versión y yo quedaría más o menos informado, siempre y cuando no surjan contradicciones en sus versiones.

Todos estos cuestionamientos tienen un objetivo: precisar que en los procesos de respuesta a una emergencia debe existir, además de honestidad y profesionalismo, claridad en el mensaje, de lo contrario se desinforma (voluntaria o involuntariamente) a la población. “El manejo de la información es importante porque de la forma en que se propaga una noticia relacionada a un alto riesgo dependen los sentimientos que se generan o estipulan en la población.” (USAID/OFDA-LAC, 2001)

La información generada a causa de una emergencia o en su defecto un desastre, debe ser más amplia que simplemente destacar los limitados objetivos que se alcanzaron entre la comisión y la demagogia. En la nota mencionada se lee que los funcionarios acudieron a: “realizar un recorrido”, “valorar los daños”, “contar los daños” [Nótese la repetición], “instrumentar un programa emergente”, “reiterar compromiso” y “dar seguimiento a las necesidades de la población, con la intención de prever cualquier afectación futura”. Debo precisar que responder a una emergencia es más que “tomarse la foto” que transmite un rostro solidario y mostrar a un lado las láminas dobladas.

Si de verdad se dará “seguimiento a las necesidades de la población, con la intención de prever cualquier afectación futura”, como lo expresó el secretario general de gobierno Héctor Michel Camarena, pues entonces se debe primero leer y analizar cada publicación que evidencie y argumente las condiciones de alto riesgo existentes en el pueblo de Minatitlán debido a las fuertes lluvias y la erosión que provocan flujos de escombro. También se debería evaluar con profesionalismo la vulnerabilidad del poblado de Minatitlán. Y los resultados y acuerdos políticos y sociales incluso resultarían en una posible reubicación del pueblo; o al menos, durante la temporada de tormentas y ciclones tropicales, se implementarían medidas de prevención que eviten un desastre similar al detonado el 27 de octubre de 1959.

No es mi propósito ser alarmista, pero creo que: “dotar de láminas de asbesto, cemento y tabicón, a quienes resultaron afectados” (Ibíd.) para resarcir “el daño ocasionado por la lluvia y el viento” (Ibíd.) soluciona parcialmente los problemas superficiales, pero muy poco los de base. Es decir: si son distribuidas suficientes láminas, cemento y tabicón a cada uno de los afectados, dejarán de mojarse el resto de la temporada de lluvias, siempre y cuando la entrega de materiales sea pronta y expedita. En la nota de Patricia Olguín no se explica qué se hará para solucionar los problemas vinculados con los vehículos dañados, la reposición de los árboles afectados, los anuncios de comercio y las antenas de comunicación. Pero sobre todo, no se especifican las medidas de prevención que evitarán que se repitan o incrementen estos daños a futuro. A menos que se dé por hecho que “mantener limpios los patios y techos de las viviendas y sujetar correctamente sus láminas, además de realizar la poda de los árboles” (Ibíd.) sean las mejores estrategias preventivas, lo cual sería risible.

Algunos de los problemas de fondo que identifico para hacer labor preventiva en Minatitlán son: el ínfimo número de responsables y voluntarios de Protección Civil en el pueblo y municipio, la nula capacitación que reciben con base en las características de alto riesgo de su zona de atención, los míseros recursos con que cuentan para operatividad, los sueldos de policía que reciben quincenalmente, la inexistencia de un mapa de riesgos específico para ese municipio, la ignorancia social e institucional en cuanto a estrategias de prevención de desastres y políticas de gestión de riesgos; y finalmente la complicidad para informar y desinformar a la población.

Noto que tanto para el Ecos de la Costa como para el Diario de Colima, los efectos de la tormenta en los minatitlenses solamente fueron noticia cuando acudieron funcionarios públicos a evaluar la situación, el día 27 de junio. La “nota” o ¿boletín? apareció publicada (o) hasta el día 28 de junio, cuatro días después del suceso. Es decir, si no fuera por nuestros funcionarios y sus reporteros, probablemente nunca nos hubiésemos enterado de lo acontecido el mero Día de San Juan, fecha en que según la creencia popular siempre llueve, pero desafortunadamente pocas veces se toman medidas preventivas.

También es sorprendente que en el Diario de Colima, la misma “nota” o ¿boletín? fue firmada por Hugo Ramírez Pulido, aunque sin la simbología de (BP), lo cual sugiere que es de su autoría (Diario de Colima, 28 de junio de 2008) A menos que estas noticias difundidas en dos diarios locales sean un caso excepcional y casi milagroso en el que dos seres asisten a un mismo evento, lo interpretan y redactan igualitito. O tal vez en realidad ninguno acompañó a los funcionarios y ambos firmaron como suyas las notas. ¿Cuál será la mejor aproximación a la verdad? Ojalá San Juan me diera alguna una ayudadita.

Referencias:

Olguín Flores, Patricia “Tormenta daña cien viviendas en Minatitlán” en Ecos de la Costa (28 de junio de 2008)

En:

http://www.ecosdelacosta.com.mx/index.php?seccion=15&id=42773&encabezado=Tormenta%20daña%20cien%20viviendas%20en%20Minatitlán

Ramírez Pulido, Hugo “Daña fuerte tormenta viviendas en Minatitlán” en Diario de Colima (28 de junio de 2008)

En:

http://www.diariodecolima.com/?Fecha=06/28/2008

Oficina de Asistencia para Desastres (USAID/OFDA-LAC) (2001) Conferencia Hemisférica para la Reducción de Riesgos: Costa Rica, 156-159.


Urgencias:
raypadillalozoya@hotmail.com y rpadilla@ucol.com

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