Faltan buenos historiadores

Me parece incoherente que si académicos, funcionarios, periodistas, investigadores y demás gente de probada “capacidad intelectual“, se declaran abiertamente partidarios de la formación educativa con plena conciencia de nuestro pasado histórico, la mayoría son indiferentes a la investigación histórica. Aunque sería ideal, no pretendo que todos los egresados de nuestras instituciones educativas desarrollen grandes o medianos proyectos vinculados con la historia nacional, pero al menos deberían realizar ejercicios sencillos que les permitan reflexionar cómo ha cambiado su profesión a nivel local. Qué actividades están a punto de desaparecer y qué debe perpetuarse en la memoria histórica.

Estas reflexiones surgen con base en el curso “Didáctica de la historia” impartido por la doctora Beatriz Alcubierre, el cual fue organizado por la Facultad de Pedagogía de nuestra Universidad de Colima. Entre múltiples temas relacionados con el valor de la memoria, el tiempo, la historiografía, los mitos, la identidad histórica, etcétera, también se trataron temas de urgencia nacional, como las transformaciones a los programas de historia en los distintos niveles escolares y también la irresponsabilidad institucional que ha derivado en vicios y menosprecio por la enseñanza y la investigación histórica.

Entre los asistentes al curso se dijo que a los estudiantes, en general, según dicen, la historia sencillamente les da “hueva“. No le ven utilidad en el presente. Y sus profesores, pocas veces historiadores, son improvisados, ignoran dinámicas motivacionales y están hartos de repetir como pericos, cada año, los mismos temas que les marca el programa. Además son obligados a perpetuar los mitos nacionales, que incluso ellos mismos ponen en duda.

Identificamos distintas razones que alejan de la historia a los estudiantes: profesores “chafas“, programas con contenidos incoherentes para el desarrollo mental del alumno, lo cual dificulta la asimilación de los temas, modelos didácticos obsoletos, falta de vínculos entre la historia y su importancia en el presente. La suma de estos vicios finalmente perjudica la enseñanza de la historia, provoca manipulaciones, desanima y aburre a los jóvenes y sobre todo impide el objetivo principal de la historia: la libertad.

A los vicios en el aula hay que sumarle que cada año son aniquilados centros educativos públicos, donde se forma académicamente a historiadores. En algunas instituciones se piensa que unos cuantos años de estudios históricos son suficientes para formar historiadores. Como si la formación histórica desde el kinder fuera ejemplar para todos los estudiantes que logran llegar a la maestría o el doctorado. También se cree, como igualmente sucede para el caso de los literatos y lingüistas, que ya hay suficientes historiadores y poco trabajo. Contrariamente, en estos tiempos de crisis económica, de pocos valores civiles y frágil identidad; en medio de modelos superficiales y materiales de desarrollo, es cuando más hacen falta los historiadores. Para que aporten elementos y argumentos que nos recuerdan de dónde venimos, de qué somos parte y por qué debemos trabajar con civismo y amor por nuestra familia y sociedad. ¡Vaya! para que nos describan por qué somos valiosos como mexicanos, como individuos y seres de este multicultural mundo en crisis. No hay bebidas que nos refresquen la memoria, para eso solamente los buenos historiadores; los que se producen en nuestras aulas y se cosechan investigando.

Urgencias:

raypadillalozoya@hotmail.com y rpadilla@ucol.mx

http://raypadillalozoya.diinoweb.com/blog/

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