¿Por qué Los desastres No son naturales?

Ya lo explicaron ampliamente Gilberto Romero y Andrew Maskrey desde el año 1993, cuando escribieron el documento “Cómo entender los desastres naturales” en la compilación Los desastres No son naturales, difundido desde hace una década en papel y además por Internet, por lo tanto es gratuito y no hay justificación para omitirlo en este inicio de la temporada de lluvias, ciclones y huracanes.[1]

A más de diez años de la publicación de Los desastres No son naturales, la poca difusión entre el público no especializado ha limitado la posibilidad de establecer acuerdos conceptuales entre todos los hombres y las mujeres involucrados en la toma de decisiones cuando hay una amenaza, cuando una comunidad está en riesgo, o de plano cuando ya se produjo el desastre.

Si los desastres no son naturales ¿entonces qué son? -Son una construcción social-. Es decir, son el lamentable resultado de un proceso histórico, político, social y económico que propició la construcción de la humilde casa de doña María y su esposo José, además de todos sus pobres vecinos, muy cerca del cauce de un río que hasta entonces parecía seco.

Naturales sólo son los fenómenos como los ciclones, los sismos, los lahares, los torbellinos, los ventarrones, las erupciones y muchos otros más. Y es necesario que un fenómeno natural afecte de alguna manera a un grupo social, para que se le considere “desastre”. De lo contrario, si no hay afectación social, la naturaleza cumple sus ciclos de vida y muerte.

También cabe mencionar que existen desastres provocados por el ser humano, es decir, los llamados fenómenos antropogénicos. Esos desastres son el resultado de una explosión de pólvora, una descarga eléctrica, un derrame químico, una guerra y otros propiciados por la intervención de los seres humanos.

¿Entonces por qué es común escuchar a periodistas, funcionarios de gobierno, protección civil, diputados y hasta el Presidente de la República decir: “desastres naturales”? Porque es más fácil culpar a la naturaleza de las muertes y los daños, que asumir, con toda honestidad, que el desastre se pudo evitar; pero hubo negligencia, corrupción, ignorancia o un propósito oculto, que permitió que doña María y don José y todos sus vecinos se asentaran en la zona de riesgo bajo, mediano, o alto, pero riesgo de daño o muerte al fin.

Los esfuerzos preventivos actuales son muy importantes y destacables; pero es innegable que faltan recursos, personal, mucha capacitación y fundamentalmente vínculo con la sociedad para prevenir riesgos y evitar los desastres. Sobre todo en las regiones donde históricamente hay antecedentes de la afectación de fenómenos naturales intensos y donde existen o se están construyendo asentamientos humanos en zonas de riesgo.

Entonces hay dos razones por las que se le llama desastres “naturales” a las catástrofes que afectan a la gente, por conveniencia y por ignorancia. Ignorantes somos todos hasta que alguien como Gilberto Romero y Andrew Maskrey nos enseñan que: “Los desastres No son naturales”. Y la conveniencia implica que nosotros, “la sociedad civil” nos conformemos con las condiciones de vulnerabilidad social creadas por nuestro capitalismo tercermundista, por la falta de educación, por las pobres medidas preventivas y por una aparente naturaleza “mala”, que nos provoca desgracias. Por esto los desastres no son naturales, son básicamente sociales, pero es natural y de humanos cometer errores y corregirlos.

rpadilla@ucol.mx y raypadillalozoya@hotmail.com

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